Por Adriana Santacruz
@fitsuperfoodie

Esta es la historia de una mamá, administradora, cocinera que se encontró un día de frente con la sincronía en el año en que la pandemia nos hizo pasar más tiempo que nunca en nuestras casas.

Fui empleada muchos años, y hace cinco, trabajo por mi cuenta. El emprendimiento es difícil y trae muchísimos aprendizajes. Creo que todos los emprendedores en secreto la pasamos a veces mal, o muy mal, y lloramos, nos sentimos frustrados y actualizamos así sea mentalmente nuestra hoja de vida en la cabeza. 

Luego viene un día mejor, y agradecemos en privado y en público la fortuna (y casi trofeo) que exhibimos de manejar nuestro propio tiempo, de sentirnos libres, espontáneos y autónomos, así nuestros ingresos estén cargados de incertidumbre. Creo que todos en secreto también, secreto innombrable, tenemos una carta, ritual, promesa interior donde juramos jamás volver a ser empleados.

Yo claramente no soy la excepción a nada de lo que describo. Este año en particular sí que fue un reto para el emprendimiento. Y sí que ha sido una relación estrecha con las pantallas. Muy intensa.

Acá empieza a formarse la sincronía como ese casi imperceptible viento que luego se torna un huracán. Comienzo a trabajar en cursos digitales, clases de alimentación sana (que es mi fuerte), que estaban planeados presenciales, pero que con el miedo del COVID, y la exigencia de los clientes, tocó adaptar a la pantalla del popular zoom.

Y en simultáneo a la incertidumbre de la cuarentena, del encierro, viene el éxito de un taller, y otro, y otro que cada vez se hacen más grandes y más exigentes.

Cierro los ojos y agradezco que el emprendimiento, ese que a veces fue tan cruel, me esta permitiendo trabajar en mi casa, mientras tantos otros ven desbaratar sus sueños.

Cierro los ojos y sueño con que, con que este tiempo en casa, nos despierte las conciencia y cada vez más personas quieran pasar un rato o dos aprendiendo algo que los acerque al bienestar que sueñan.

Abro los ojos y veo una llamada en mi celular. Alguien que quiere que dicte una conferencia en una nueva plataforma. Alguien que –como yo– también se pone la camiseta de emprendedor todos los días y le apuesta a lo desconocido.

Acepto. Van y vienen llamadas cuadrando detalles de una cosa y otra, y tal vez por el ruidoso timbre del celular, no alcanzo a oír en el trasfondo algo que hace clic y desata la sincronía a una velocidad imparable.

La propuesta de la conferencia se convierte en una propuesta de trabajo. Y yo solo pienso cómo nunca quiero volver a ser empleada. Pienso en el tiempo con mi hija. Pienso en todo el camino que he construido como independiente. Hago cuentas. Miro el año exitoso que he tenido. Me despierto en la noche dando vueltas pensando qué hacer. Pido al universo que me ilumine en mis decisiones, y lo manifiesto en algo que en la cultura popular de mi país se conoce como “la carta al niño Dios”, que no es otra cosa que esa lista de regalos preciados que esperamos cuando niños a cambio de habernos portado bien.

Y parece que me porté bien, porque mi “carta” es aceptada, y veo cómo mi nombre va nuevamente acompañado de un cargo, y de un nombre de una empresa. PODER Y BALANCE.

Leo y releo, y pienso que no puede ser cierto. Poder y Balance. Esta plataforma que busca solo compartir contenido digital que lleve bienestar a las personas. Que las empodere. Que las encamine a crear conciencia. Esta plataforma que me permite seguir con lo que hago y llevarlo más lejos. Esta plataforma que me deja que yo tenga el poder, y busque el balance.

Ahora tengo un doble rol. Soy empleada y emprendedora. Trabajo para mí y para otros. Sigo teniendo días muy buenos y días retadores. Pero, sobre todo, confío en que la sincronía me siga acompañando.

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Adriana Santacruz es Health Coach con una vida pasada en el mundo de las finanzas de Bogotá. Podés seguir a Adri en sus redes sociales y apuntarte a alguno de sus cursos y charlas en línea.


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