Por Randall Nájera Brenes

Nuestra frecuencia cardiaca tiene la tendencia de intentar sintonizarse con la velocidad de la música que escuchamos o cantamos.

 

Hace unos meses estaba tocando con el DJ SweetBo (@sweetbo) Él me comentaba, con mucha alegría, que le tocaría abrir el festival BPM y hasta el rato conecté que el nombre del festival coincidía con con las siglas en inglés para beats per minute o, en español, pulsos por minuto (ppm). A raíz de ese recordatorio, deseo compartir una pequeña nota acerca de esta maravillosa propiedad que la música comparte con la naturaleza: el pulso.

¿Quién no se ha dejado encantar por la música? Nos conduce a una especie de dimensión paralela al escucharla, tocarla o cantarla. Dejándonos llevar, olvidamos momentáneamente las preocupaciones o al sentirnos abatidos, nos da un empujón de ánimo. 

Es un “milagro cotidiano” que nuestra mente la utilice como un medio o vehículo de conexión con el pasado, con sitios imaginarios y con todo tipo de sentimientos. Omnipresente en las más variadas actividades de nuestra sociedad, la utilizamos para ambientar tanto las escenas más sagradas como también las más cotidianas de nuestra vida y la de quienes nos rodean.

Un recorrido sonoro

Los neurólogos piensan que los recuerdos, las emociones y la música comparten una misma zona muy protegida del cerebro. Por esta razón, pacientes que padecen ciertos deterioros cognitivos como el Alzheimer, al escuchar música de su pasado logran cantar y conectarse con sus familiares, terapeutas y una parte de sí mismos. ¿Cuál es el origen de esta memoria musical?

En el vientre empezamos a responder a los sonidos a partir del cuarto o quinto mes de gestación, siendo el líquido amniótico un excelente medio para la transmisión de los sonidos. Aunque no todos respondemos de la misma forma, el consenso y la lógica nos dicta que si la música que canta o escucha nuestra madre la tranquiliza o estimula positivamente, entonces empezaremos a disfrutarla nosotros también.

Al nacer, inician o continúan los arrullos y canciones de cuna, estas suaves melodías y ritmos suelen hipnotizarnos con su magia llevándonos al reposo o, inclusive, algunas veces al sueño. También nos acompaña en los juegos y diferentes actividades diarias. Escuchándola prácticamente en todo lugar, un buen día se nos adhiere y de manera natural logramos cantar junto con la fuente de esa música y desde nuestra memoria, sí, ya lo hacemos desde nuestro interior. ¡Ahora la música también está en nosotros!

Música y bienestar: El poder del pulso musical

Se dice que, antes de empezar a cantar, los directores de los coros que interpretan cantos gregorianos primeramente se tranquilizan y luego palpan su pulso arterial, ya que este pulso les dice a qué velocidad deberán iniciar el canto. Este pulso deberá ser de, entre 60 y 80 pulsaciones por minuto (ppm), pues esta es la frecuencia cardiaca de una persona en calma o reposo.

Nuestra frecuencia cardiaca tiene la tendencia de intentar sintonizarse con la velocidad de la música que escuchamos o cantamos. La de pulso lento suele conducirnos hacia la calma y la música de pulso más rápido hace que nuestro corazón lata un poco más deprisa, de esta manera nos mimetizamos a sentimientos más afines a esas pulsaciones. Por cierto, la música de pulso rápido es por mucho la más escuchada según Spotify.

A finales de los años 70, el coro de los monjes de la abadía burgalesa de Santo Domingo de Silos, graban el que vendría a ser el primero de muchos discos con cantos gregorianos. Cabe decir que estos discos, cantados en latín, fueron un éxito mundial de ventas. Al parecer los cantos no sólo apaciguaron los corazones de los monjes sino también los de miles de personas. 

La música lenta va aproximadamente de los 45 ppm a los 80 ppm, la música bailable, alegre o estimulante empieza a partir los 80 ppm. A manera de ejemplo, les presento una lista con los ppm aproximados de las pistas presentes en de la lista de reproducción que acompaña a estas palabras.

1- Puer natus est nobis, 50 a 62 ppm

2- Sihe Beag agus Sidhe Mor, 120 ppm que también se siente como 40 ppm.

3- Clair de lune, 45 a 115 ppm

4- Adagio Cantabile, 55 a 65 ppm

5- Vandanaa Trayee, 63 ppm

6- Abril, 82 ppm

7- Eine kleine Nachtmusik: Allegro,144 ppm

8- El Tercer Dragón, 136 ppm 

9- Monasterio de Sal, 107 ppm

10- Capullito de Aleli, 135 ppm 

11- Brandenburg Concerto: Allegro, 240 ppm que también se siente a 80 ppm.

12- Breaking the Silence, 172 o 57 ppm

Con el fin de dar un poco de balance y a sabiendas de que no es tan popular, quise agregar unas pistas lentas. Les deseo paz y alegría.

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Randall Nájera es músico de profesión desde hace 37 años y 30 de ser profesor. Es intérprete de instrumentos de cuerda, cofundador de la agrupación Peregrino Gris y participante de numerosos ensambles musicales de múltiples géneros.


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