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Por Miriam Miranda Quirós 

Fotos de Pablo Cambronero


Las problemáticas que enfrentamos para proteger el agua, a nivel nacional e internacional son muchas. La contaminación de los ríos urbanos es una de ellas y, si bien tal vez es de las más visibles, paradójicamente también es una de los más ignoradas. Esta contaminación viene acompañada por el deterioro del paisaje de las ciudades e impacta directamente la salud y el bienestar de las personas que vivimos en ellas.

 Según datos de la ONU, más del 80% de las aguas residuales resultantes de actividades humanas que se producen en el mundo, se vierten en los ríos o en el mar sin ningún tratamiento, lo que provoca su contaminación. En Costa Rica, la situación no es muy distinta. De acuerdo con estándares internacionales, un río urbano saludable debe contener una concentración de no más de 1.000 coliformes fecales en 100ml de agua, sin embargo, en época seca, una muestra del río Ocloro, tributario del río María Aguilar, ubicado en el corazón de la Gran Área Metropolitana (GAM) dio como resultado una concentración de 1.600.000 en 100ml, lo que es igual a decir que, en algunos tramos, los ríos de nuestra ciudad están ¡1.600 veces más contaminados de lo que deberían! (Fuente: MINAE/GEF/PNUD, 2019).

 

Hasta aquí podría sentirse que solo pueden contarse noticias negativas si se habla del agua de los ríos urbanos, pero no se puede dejar de lado que, en Costa Rica, ya existen iniciativas que buscan cambiar esta realidad.

Un ejemplo de esto es un proyecto liderado por el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE), con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el Corredor Biológico Interurbano río María Aguilar (CBIMA). En conjunto con las municipalidades y con las comunidades, generamos información técnica necesaria para la recuperación de la microcuenca y realizamos intervenciones puntuales de rehabilitación ecológica.

¿Qué medidas hemos tomado?

  • Reforestaciones en las áreas de protección del río con especies nativas para recuperar los bosques ribereños perdidos o degradados.
  • Financiamiento y apoyo técnico para la construcción de viveros, con el fin de que las municipalidades cuenten con los árboles, arbustos y plantas melíferas que necesitan para continuar con las labores de rehabilitación ecológica de estos ecosistemas, indispensables para mantener la salud de los ríos.
  • Actividades de educación ambiental y sensibilización, para involucrar a cada vez más comunidades, en acciones para recuperar los ríos.

¡Hay esperanza! Existen ejemplos mundiales de recuperación de ríos urbanos, como el río Cheonggyecheon en Seúl, Corea del Sur, el Sena en París o el Támesis en Londres. Costa Rica ha logrado grandes hitos mundiales a nivel medioambiental, como revertir la deforestación y duplicar su cobertura forestal. Establecer las alianzas necesarias para mejorar la calidad del agua de las cuencas urbanas, es una de las grandes metas a alcanzar en el futuro.

La celebración del Día Mundial del Agua es un buen momento para reflexionar sobre lo que podemos aportar para lograrlo: seamos responsables de nuestros residuos sólidos practicando las 7 Rs: Reducir, Reutilizar, Reparar, Renovar, Recuperar, Reciclar y Rediseñar, asegurémonos que las aguas servidas  de nuestras viviendas y negocios reciban un tratamiento adecuado, participemos en campañas de limpieza de ríos y de reforestación y mantenimiento de arbolitos, volvamos la mirada al ríos, para ser parte del cambio cultural necesario para incorporar estos ecosistemas en la planificación y el disfrute de nuestras ciudades.

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Miriam Miranda Quirós. Educadora, geógrafa y doctora en desarrollo sostenible. Actualmente trabaja en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) como coordinadora del Proyecto “Conservando la biodiversidad a través de la gestión sostenible en los paisajes de producción en Costa Rica (Paisajes Productivos)”.

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