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Por Zerodesperdiciocr
@zerodesperdiciocr

(Briyi y Steph) nos hicimos amigas en el trabajo de una forma que se dio naturalmente. Desde entonces, nos volvimos inseparables. Hace dos años y medio decidimos empezar a llevar una vida sin desechos. Gracias a las redes sociales habíamos visto casos de varias personas que compartían sus casos de cómo la poca basura que habían generado durante todo un año cabía en recipientes de vidrio. Escuchar esos testimonios nos parecía bastante irreal y difícil, pero aún así decidimos retarnos y empezar a llevar una vida “zerowaste”, o sin basura. A la vez, decidimos documentar la experiencia y compartir nuestras experiencias.

Empezamos haciendo los cambios sencillos: una botella reutilizable para el agua, una bolsa de tela para las compras. Rechazamos cubiertos de plástico, compramos pajillas de metal, servilletas de tela; buscamos opciones de compra a granel, para no usar empaques. Empezamos a ir a charlas y conferencias sobre el impacto del consumo de plástico, educándonos al respecto. Comprendimos entonces que no se trata solo de no generar desechos y compartir una foto linda en Instagram, esto se trata de disminuir y cambiar nuestros hábitos de consumo.

Lo que hemos logrado en este tiempo, es dejar de comprar por comprar. Ahí es donde empieza todo y no hizo falta que tuviera que venir una “influencer” gringa a decírnoslo. Identificamos que la vida moderna nos ha llevado a ese comportamiento: a comprar y desechar aún cuando no lo necesitemos, sin preguntarnos: ¿De dónde viene? ¿Quién lo produjo? ¿Cómo llegó al país? ¿La empresa es responsable? ¿Tiene salarios justos? ¿Cómo maneja esa empresa sus desechos? ¿Son los valores de esa empresa similares a los míos? ¿Paga impuestos? ¿Contribuye a la sociedad?

El zero waste y lo ecoamigable se ha vuelto una moda ligada al consumo y no debería de ser así. Nosotras hemos probado shampoos en barra, con refill, desodorantes, pasta de dientes, cepillos de dientes y otros productos. Hemos comprado varios para poder comparar y ayudarnos a tomar una mejor decisión, pero cuando encontramos el que nos sirvió realmente, nos quedamos con ese. No compramos más hasta que se nos acabe, dejamos de acumular, compramos menos, pero de mejor calidad.

¿Por donde empezar?

Rechazar: La mejor compra es la que no se hace y el mejor residuo es el que no se crea. El consumo es parte de nuestro vivir, pero podemos ir rechazando productos innecesarios y dejar de darle valor a cosas materiales.

Preferir reutilizables: Desde tiempos pre pandemia siempre andamos nuestro tarro de la comida, cubiertos, servilleta, botella, vaso, bolsas de tela y hasta recipientes pequeños para salsas. Si podemos hacer una inversión y comprar productos de calidad, duraderos, de una buena marca responsable, pues adelante. Si no, con lo que ya tenemos en la casa tenemos casi todo lo que necesitamos. Reutilizar es clave. 

Consumir local: (Esto es primordial.) Casi todo lo que necesitamos se produce en Costa Rica, de estos nos hemos dado cuenta en esta pandemia. No es necesario consumir productos importados ni adoptar estilos de alimentación de otras latitudes. Comprar local, conocer al agricultor, saber cuáles son sus prácticas, consumir productos de temporada, preferir el queso, frutas, pescado, artículos de uso personal, productos de limpieza, etc. Compramos aquí, el dinero se queda acá y se vuelve a invertir; así ganamos todos. No necesitamos comer kiwis de Nueva Zelanda, tilapia ni frijoles o arroz de China. Tenemos la dicha de tener una producción local muy diversa, ¡aprovechemos! 

Compostar: Más del 50% de los desechos generados domésticamente son desechos orgánicos; podemos darle valor y convertirlos en abono de alta calidad o compost, evitando que estos residuos lleguen al relleno sanitario donde se descomponen y generan gas metano. Nosotras hemos experimentado con dos métodos: el takakura que utiliza microorganismos de bosque y la tómbola. No es necesario invertir, hay municipalidades que patrocinan las composteras, aunque también podemos crear una casera.

Separar y revalorizar: Esta práctica es comúnmente llamada reciclar, pero resulta que reciclan las recicladoras, nosotrxs separamos y revalorizamos. Cada desecho que producimos puede tener un valor; es importante separar los desechos y enviarlos a las empresas que los revalorizan. Sí; es trabajo extra, acá podemos no consumirlo del todo, buscar opciones con relleno o sin empaque o sacar el tiempo y separarlos. Es nuestra responsabilidad.

Educarnos: Es mucha la información y a veces es muy confusa, pero tenemos la ventaja de vivir en un momento en que podemos encontrar información con solo un clic y, si no encontramos respuesta, alguien mas nos la puede dar. Es importante que sepamos sobre los diferentes tipos de plástticos y su impacto, la diferencia sobre compostaje domestico e industrial, el greenwashing, la moda sostenible… Puede parecer mucha responsabilidad, pero es una responsabilidad compartida; no podemos eximir a la industria ni a los gobiernos que les permiten continuar con practicas no sostenibles. Inclusive conviene involucrarnos políticamente para poder crear cambios reales.

¿Somos perfectas? NO; cada compra que realizamos tiene un impacto, pero tratamos de que sea una compra consciente y necesaria. Seguimos consumiendo algunos productos que vienen en plástico o que son importados: pan cuadrado, vino, cerveza, helados y hasta galletas en empaques no reciclables, pero es un proceso y muchas veces nos gana el cansancio, el trabajo y la falta de opciones cerca, pero al menos nos aseguramos de darles un manejo adecuado. Estamos en un mejor lugar que hace dos años y esperamos seguir compartiendo nuestro aprendizaje con todes.

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Briy es disenadora grafica, vecina de Escazú, madre de dos hijos humanos: Santi y Feli y de dos perros: Piitufina y Blanqui. Steph es nutricionista de profesion y pastelera de vocaciòn,trabaja en recursos humanos y viive en Curridabat. Son como dos gotas de agua, amigas inseparables, excompaneras de trabajo,activistas y viven una vida low waste y lo comparten desde su cuenta @zerodesperdiciocr


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