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Por Arturo Pardo

Entre todas las preguntas que unx puede hacerse, “¿por qué no?” es de mis favoritas. No sabía que me gustaba tanto hasta hace poco. Cuando me di cuenta de que, cada vez que me la planteaba, torcía la cabeza hacia un lado y hacía una trompa con la boca, señales inequívocas de verdadera duda o confusión.

Durante varias semanas una serie de circunstancias complicadas de sobrellevar e inclusive de entender me obligaron reiteradamente a repetirme “¿Por qué?. Por la naturaleza de la situación por la que estaba pasando, cada vez que me hacía la pregunta no lograba encontrar alguna respuesta que me satisfaciera, sino, en cambio, más preguntas sin solución.

“¿Por qué no?” implica un análisis. Pueda que lleve al descarte instantáneo o, por el contrario a la valoración de opciones (si es que hay más de una). Sin embargo, a fin de cuentas me obliga a ponerme a pensar.
En pocas semanas de haber adoptado este cuestionamiento dentro de mi modus operandi existencial, la he usado en contextos muy diversos. He notado que su utilización no tiene límites. 

Auto cuestionarse es saludable, especialmente cuando no necesariamente tiene relación con alimentar una inseguridad, sino con permitir retarse. Su aplicación puede variar. Desde donde yo me la he preguntado ha funcionado como equivalente de este tipo de dudas:

¿Qué me impide hacer esto que he estado postergando indefinidamente?
¿Quién dice que esta elección no es para mí?
¿Qué pasa si aplico este cambio en mi vida?
¿Quién dice que hacer esto es ilógico?

El otro día me preguntaron ¿Por qué Good Food tiene un boletín semanal en el que se publican cosas tan diferentes como historias futuristas, anti racismo, música, etcétera, etcétera? 

La respuesta que di fue explicativa, pero internamente me pregunté: ¿Por qué no? Y luego, al reflexionar sobre la ampliación de la respuesta identifiqué, con mucha alegría una respuesta que me satisfizo. 

El proyecto del Good Feed ha ido evolucionando en una amplia paleta temática, de colores, con una cada vez más nutrida lista de colaboradorxs y con las puertas abiertas para seguir expandiéndose en fuentes, plumas, abordajes y canciones.

Hemos recibido textos de personas desconocidas que se acercaron a ofrecernos sus opiniones, hemos ido aprovechando contactos para traer a estas “páginas” a personas cuya labor y visión admiramos y apoyamos. Hemos aprovechado la oportunidad para conocer más de lo que nos genera curiosidad y aún desconocemos con amplitud. Y cuando hemos dudado dos veces si una edición tiene sentido, casi siempre la pregunta “¿por qué no?” termina siendo casi una respuesta por sí misma.

“¿Por qué no?” aunque tenga un negativo, puede llevar a un positivo en su planteamiento. La pregunta es valiosa, pero más aún las respuestas. Queda la invitación a introducirla en el léxico mental que podría ayudarnos a movernos por la vida con un poco más de auto análisis y justificación. ¿Por qué no hacerlo?


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