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Por Natalia Villalobos
@midietanoesdieta

Cada vez es más la información sobre nutrición disponible a la distancia de un solo “clic”. Cada semana, y no estoy exagerando, aparecen nuevas tendencias y nuevos planes que prometen resultados rápidos y milagrosos.

Los medios de comunicación, las redes, la industria de la moda y a veces los mismos profesionales de salud, nos aseguran que tienen la “receta” mágica para bajar “x” cantidad de kilos en “x” tiempo, y nos hacen creer que lo necesitamos.

Esta dinámica ha ocasionado que la mayoría de nosotros haya probado algún tipo de “dieta” en algún momento de nuestras vida. Lo que no nos dicen, es que las restricciones, tanto calóricas como de algún nutriente esencial, tiene consecuencias graves para la salud, como, por ejemplo:

  • Disminuyen los niveles de leptina (la hormona de la saciedad)
  • Aumentan los niveles de grelina (la hormona del hambre)
  • Aumenta los niveles de cortisol (hormona del estrés)
  • Disminuye nuestra tasa metabólica basal; es decir, nuestra capacidad de quemar calorías
  • Genera una mala relación con la comida

Los efectos de una restricción excesiva de calorías pueden durar años y sus secuelas pueden ser de por vida.

La comida es una experiencia que debemos relacionar con alegría y placer, nunca debe sentirse como “malo” o “pecado”. La comida nos nutre, sí, pero la comida también es CULTURA, es TRADICIONES, es CELEBRACIÓN y por eso debe ser disfrutada.

Muchas veces esta cultura de “dieta” donde debemos contar calorías, porciones o “macros”, nos restringe de disfrutar el placer de comer. Y no solo eso, sino que si nos enfrentamos a esas comidas que no “deberíamos comer” es probable que poco a poco empezamos a aislarnos “para evitar tentaciones” o bien, caigamos en episodios de atracones, donde perdemos completamente la conexión con nuestro cuerpo y sus señales de hambre y saciedad.

Si realmente queremos un estilo de vida más saludable, debemos buscar estrategias que disfrutemos a largo plazo, cambios que sean congruentes con nuestro estilo de vida, en lugar de implementar cambios que simbolicen un verdadero martirio, con fecha de inicio y de caducidad.

Veamos un ejemplo: en lugar de pensar en “eliminar los carbos” o “los carbos son malos” puedo empezar por tratar de tomar más agua entre comidas o, inclusive, cambiar mis refrescos o jugos por agua. Otra meta podría ser tratar de incluir más vegetales, con el objetivo de mejorar mi digestión y regular el azúcar en sangre.

Tratemos de entender lo que quiere y lo que necesita nuestro cuerpo; busquemos nutricionistas que nos guíen y nos brinden educación nutricional, en lugar de seguir una serie de reglas en un papel que no se adapta a nuestro estilo de vida.

No tenemos que cambiar todo de la noche a la mañana, empecemos despacio, un paso a la vez, y vayamos acumulando acciones que nos hagan sentir mejor. Y no lo olvidemos: TODOS somos distintos. Siendo así, busquemos estrategias de alimentación consciente e intuitiva en lugar de un manual preestablecido.

Disclaimer:

Es importante distinguir entre la dieta utilizada como una herramienta para mejorar las condiciones de salud y la dieta para alcanzar un “peso ideal” (creado socialmente) que no está vinculado a una necesidad biológica de perder peso o mejorar la salud. Un plan de alimentación personalizado puede funcionar como una herramienta temporal para aquellos que necesitan mejorar ciertas condiciones de salud, y siempre debe hacerse junto con un nutricionista.

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Nutricionista graduada de la Universidad de Costa Rica, dedicada a la nutrición clínica, específicamente a la prevención y tratamiento de enfermedades crónicas no transmisibles a través de un enfoque de alimentación basado en plantas. Amante de la cocina y de la alimentación sin restricciones. Natalia es la encargada de revisar todos los menús de Good Food y de asesorar a los clientes durante el programa completo de 21 días.


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