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Editorial por Sergio Leiva
Fotos de Jose Díaz

Lo hemos dicho por años en nuestras charlas introductorias en Good Food: Nuestra capacidad (como individuos y sociedad) de prosperar, crecer y simplemente vivir mejor, está directamente vinculada con nuestra salud.

Si algo nos ha dejado claro a muchxs todo esto, porque ni siquiera es necesario explicar a qué me refiero con “esto”, es lo importante, sagrada e invaluable que es la salud.

Sin salud no hay nada. Lo hemos escuchado muchas veces. Y siento que quienes estamos vivos en este momento, lo entendemos ahora mejor que nunca.

Sin salud, la felicidad es difícil vivirla plenamente y, con ello nuestro orgulloso título del ¨país más feliz del mundo” se viene al suelo en dos monazos.
Si ya llevaba seis años pensando en temas relacionados con salud, los últimos seis meses han sido una onda expansiva de información, preguntas, pensamientos, noticias (falsas y verdaderas), titulares, frases en redes, comentarios en Instagram y todo lo que uno se pueda imaginar girando en torno a este tema.

Cuando empecé Good Food en 2014, con solo mencionar la idea de crear una empresa que girara en torno a buscar la manera de alcanzar una sociedad más sana, topé con miradas incrédulas, lenguajes corporales de “qué pereza este mae con esta hippada”, o aún más a menudo, comentarios dichos con los ojos de “este ya se volvió loco”.

En lo que se ha sentido como 30 años comprimidos en seis, he visto a unos cuantos emprendimientos, productores de contenido, tramos en ferias y profesionales en bienestar pasar de ser simplemente eso, a un big bang de coaches de todo tipo, empresas, cocinas, influencers y expertos (falsos y verdaderos, como las noticias) que ahora conocemos como la industria del wellness.

Me llama poderosamente la atención el simple hecho de que estemos hablando de una industria que pareciera haber crecido como la espuma en muy poco tiempo. 

No puedo evitar que surjan preguntas: ¿Cómo es posible que una industria salga de la nada? Y si ha crecido tan rápido, ¿por qué es que la estamos necesitando tanto?

¿Qué estamos haciendo (o dejando de hacer) como sociedad, para que tengamos esta clara necesidad de sentirnos mejor? ¿Por qué es que no nos estamos sintiendo bien?

¿Es nuestra forma de comer? ¿De trabajar? ¿De consumir? ¿De no descansar? ¿De (no) comunicarnos? ¿De no hacer lo que realmente quisiéramos estar haciendo? ¿O de seguir haciendo lo que supuestamente deberíamos?
Potenciada, sin duda, por el azúcar de las pantallas y el casino conocido como las redes sociales, la famosa industria del wellness está viviendo lo que, a mis ojos, pareciera una fiebre del oro imaginaria o una nueva versión del concepto de éxito que en los años ochenta representó el mundo financiero sintetizado en la figura de Wall Street y sus hombres (porque lo eran la mayoría) de negocios.

Sin embargo, no hay que olvidar que no todo lo que brilla es oro, y que la salud no es algo con lo que se pueda ni deba jugar nunca. Porque, como dije al inicio, es invaluable y sagrada. Trabajar en servicios que afecten la salud de las personas no es un tema de moda ni de contenidos bonitos para redes sociales. Requiere de una vocación y absoluta convicción de que nuestro bienestar personal es piedra angular en la salud del resto de nuestra gran burbuja social: La gran burbuja que nos engloba a todxs sobre una piedra flotante en el espacio que gira en torno a una estrella. 

Todas las personas de esta sociedad global, TODAS, tenemos la responsabilidad personal de velar por nuestra propia salud y la de quienes nos rodean. Porque, al hacerlo, y como bien nos ha enseñado esta pandemia, así nos cuidamos lxs unxs a lxs otrxs. 

La salud de una sociedad es el resultado y el reflejo de decisiones colectivas que benefician a todas las personas y que permiten que esta exista, como bien dice Alejandra Piedra, en un estado de balance.
Estas decisiones, que deben basarse en el respeto por nosotrxs mismxs, afectan desde la alimentación, hasta el diseño y funcionamiento de nuestras ciudades, sistemas educativos, horarios laborales y, con ello, nuestra capacidad de auto-realización.

En esta edición simplemente quisimos acercarnos a la palabra salud y ver adónde nos llevaba.

Nos encontramos con ideas poderosas que nos hacen preguntarnos cosas como el efecto en nuestra salud colectiva tras haber vivido (y seguir viviendo) bajo los efectos de una cultura de dietas de moda por tanto tiempo. Cómo lidiar con voces internas que constantemente nos dicen que no somos suficiente y el acto de funambulismo que representa esa práctica de procurar nuestra salud como individuos y como sociedad.

Además, un playlist sumamente especial compartido por Tapado Vargas, a quien admiramos y agradecemos especialmente por habernos dado pelota con sonidos y frecuencias diseñadas para sanar a quien lo necesita en estos momentos.  


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