María José Callejas

Arroz con mango

Por María José Callejas
@marijocalle

Acompañame a cocinar un delicioso arroz con mango.  ¿Considerás que pertenecés al universo de los seres empáticos? ¿Adolescente tomaste cada test de la revista TÚ, cruzando los dedos del corazón para que te saliera que ¡SÍ, sos bruj@!

¿Vos también leíste el horóscopo y te identificaste cada vez, o lo esperabas por tele deseando que llegara ese momento de “tu signo” seguido de mucho mucho amor? ¿Te sentiste muy muy triste con la tristeza ajena sin saber por qué? ¿Lloraste más de la cuenta el día de tu cumpleaños y querías solamente encerrarte por la sensación de soledad tan inmenso? ¿Compartimos eso? Poné el arroz en una olla con agua.

Siempre lo sospeché. Luego de ver The Craft (Jóvenes brujas para el mundo latino) en 1996 estuve esperando encontrar esa caja en un closet viejo de mi abuela que – ¡OH! -abriría por equivocación para descubrir el secreto mejor guardado el que revelaría la realidad de mi linaje hechicero… o algo así. No sucedió. Revolvelo bien en la olla para no se pegue en el fondo.

Más entradita en años, me compré un libro de magia roja. Me lo leí completo algunas partes hasta dos y tres veces; luego de haber creído entender el fondo del asunto, acondicioné un espacio “secreto” de mi casa para hacer los rituales correspondientes que me elevarían al plano de lo paranormal. No pasó nada.

Mientras tanto esa misma niña/adolescente escuchaba los Hanson y Pink Floyd, veía Montaña Rusa luego de Artemanía ¡lápiz y papel alerta! y bailaba cuanta música sandunguera sonara. Porque eso también es una, pero es la parte más presentable para la sociedad, entonces es la que una deja ver más fácilmente. Eso sí, ya para ese momento otras compañeras tenían tetas, cintura y vidas románticas… yo aquí sigo esperando la repartición equitativa de la justicia divina, sobre todo en la parte de las tetas. En este punto le agregas los olores y el manguito maduro bien picadito.

¿Algo de esto que te estoy contando te suena familiar?

Hagamos pausa en la receta del arroz con mango para darle un abrazo a tu niña o niño que fuiste… que todavía vive ahí adentro tuyo y que cree que no lo va a lograr. Abrazalo y decile que todo está bien, que está ok sentirse así, que está a salvo. Y ahora otro abrazo a la persona adolescente herida. A esa cuesta un poco más quererla pero se lo merece porque te ayudó a llegar aquí hoy a leer este texto que está en un blog de una empresa que trabaja por el buen vivir de otras personas…. Lo que significa: 1. Que estás bien, 2. Que querés estar bien.

Sigamos sazonando esto. Llega el momento y tengo el privilegio de estudiar lo que quiero.  Cuando ingresé a la Escuela de Teatro pensé: –¡Ahí sí que voy a encajar! ¡Se acabó eso de solo enseñar mi parte socialmente presentable!.

Claro… la U, crisol de culturas y realidades, me devolvió como una cachetada en la cara mis privilegios y mi parte socialmente presentable. ¿Osea WHAT? (obvio en espanglish como una niña pipi). A todo esto seguía la espera de que en media avenida Central un personaje místico me revelara la verdad sobre mi linaje.

Durante los primeros años de la U, lidié con ser un humano convencional e indigno de la escuela de teatro. –Muy rara pal cole privado, muy pipi para la escuela de teatro–. Ni tan tan ni muy muy que te queda muy salado y este arrocito más bien es dulcete. ¿Tuviste también tu propia tragedia existencial?

Para añadirle pizca de drama, terminé la U y ahora sí, agárrese con el mundo profesional de una persona que decide vivir del teatro. Esto ya está en el fuego soltando el juguito del mango.

Vivir del teatro fue un decir, porque más bien he generado ingresos explotando mis propias habilidades y de otras maravillas adjuntas que la carrera de Artes Dramáticas trae consigo. Y poco a poco la vida y mis decisiones fluyeron y confluyeron, crecieron y conocieron. Poquito a poco ese grito permanente –¡Estás mal, no encajás, no sos suficiente! –. Se fue apaciguando y permitió que otras voces hablaran… y hablaron. Apagá el fuego para que se termine de cocinar con el calor.

¿Cómo así de un solo golpe? Jamás de un solo golpe, por eso lo dejamos ahí en el calorcito. Se fue apaciguando con ayuda, mucho amor, guía espiritual, golpes emocionales y deseos de dejar de estar del lado de la víctima. Todo junto.

En el camino habló por ejemplo la voz de una mujer dolida por su maternidad fallida, habló la voz de un padre que juzga a los demás por sus elecciones, habló la abuela fuerte y decidida con sus mandatos, habló la muerte también, pero lo más importante para terminar esta receta es que finalmente habló María José, la persona adulta. ¿Cuándo fue la última vez que permitiste que sea tu adulto quién te hable y te guíe? ¿Lo escuchas cuando te habla? A mí, por ejemplo, me habla mucho en la ducha, cuando cocino arroz con mango o cuando hago el jardín.

Todavía no revolvás, dejá que el jugo del manguito tome el arroz. Mientras esperás, cerremos la historia. Un día de tantos, en la ducha escuchando a mi adulta BOOM ¡Lo dijo! La noticia más esperada, mi sospecha que mantuvo su velita encendida, mi propia voz, la adulta –Siempre has sido lo que tenés que ser, ya sos y sos suficiente– ¡Soy bruja! Fue lo primero que logré verbalizar y lloré de la emoción.

Desde ese día, me acepté mis súper poderes y aunque no muevo cosas con mi mente y los rituales que hago son muy distintos a los de la magia roja, tengo más paz, hablo menos en voz alta, escucho a otras personas, me escucho a mí y agradezco. ¿Hace cuánto que vos los aceptaste?

Para este punto el arroz con mango está listo para comer, espero que lo disfrutés tanto como yo.

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Soy un ser humano, decidí estudiar teatro y también project management ambas me han permitido trabajar apasionadamente. Amo dar clases de zumba y ayudar a otras personas. Mamá perruna, hija de Maite y Lenio y pareja de Tavo. Creo en el amor como la cura del universo.


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