Por Antonella Leiva.

Entrevista por Arturo Pardo.
Foto por Mariam Woching

Cada año en Dallas Texas en se realiza el Campeonato de porrismo NCA All Star, el más importante de Estados Unidos. Esta vez se celebró del 29 de febrero al domingo 1.° de marzo pero en esta edición hubo algo muy especial: por primera vez Costa Rica ganó un trofeo en el evento y lo hizo al participar en la categoría Cheer Abilities.

El equipo Río-PVA está conformado por 11 integrantes con discapacidad cognitiva y entre ellos está Ariel, mi hijo, quien es el menor del equipo. Las entrenadoras Mónica y Natalia Villalobos estuvieron a cargo y, después de ver todo el proceso que hicieron hasta llegar a este campeonato, salir campeones no tiene precio.

Haber acompañado al equipo fue una experiencia lindísima. La atención que les dieron vino llena de emociones y, para nosotros, fue una verdadera sorpresa ganar, sumado a que, entre los premios de excelencia quedamos como uno de los superiores.

Los miembros del equipo se devolvieron a Costa Rica con una jacket de campeones nacionales que yo creo que todavía ellos no saben lo que vale, especialmente tomando en cuenta que esto, su triunfo histórico ocurrió en un país donde el porrismo es tan importante como el fútbol americano.

Para mí la vivencia de este año me permitió revivir un montón de cosas, fue un deja vu de varios días, pues tuve la oportunidad de venir a Dallas a competir hace casi 25 años.

Cuando vine la primera vez era de las pocas integrantes de mi equipo que tenía más de 25 años y tuve que manejar llevando al equipo a la competencia cada día. Esta vez fue parecido, porque me apunté a ir manejando una de las microbuses que movían a los miembros de un lado a otro.

Hace 25 años nos preparamos también casi por un año entero para ir al certamen. Estos chicos tuvieron que pasar por algo casi igual: estuvieron entrenando primero los domingos, luego le agregaron los sábados y ahora poco antes del certamen, eran tres días por semana.

Les tocó hacer mucho trabajo de coordinación, de cuidar detalles y repetir una y otra vez, repetir mil veces. A ellos, además, les tocó sumar el hecho de que tienen algunas dificultades de ubicación, para dominar el espacio y controlar sus movimientos.

Hace 25 años nos pasó igual que a ellos. Para viajar, nos tocó buscar muchas formas para llevar al equipo. Tocó hacer colectas y presentaciones para financiar el viaje y asegurar que el equipo se viera igual de bien que los otros participantes: con su uniforme de gala, el uniforme de entrenamiento, sus lazos (en el pelo) perfecto y los maletines bien como de un equipo.

Estos chicos son campeones en Costa Rica porque no tienen con quién más competir en su categoría, pero esta era la primera vez que se enfrentaban a equipos tan grandes. Les tocó presentarse sin la ayuda de nadie más, con la responsabilidad de resolver lo que sea que pase en los 2:30’’ que dura su rutina. Se presentaban frente a jueces preparados para estas categorías, retándose ante una audiencia tan grande como nunca antes.  

Y nos toca ir sin expectativas, porque no sabemos qué llevan los otros equipos pero, al final, da un gusto y una emoción verlos.

Desde mi posición como mamá puedo asegurar que, en esta categoría, se respira mucho compañerismo entre todos los padres que vienen a acompañar. Cada uno está reconociendo el esfuerzo que hace una persona con discapacidad en una actividad de esta magnitud.

No hay palabras al haber visto lo que el equipo generó, otros participantes se tomaban fotos con ellos. Ver a Ariel en ese escenario fue demasiada emoción para mí, porque sé que él junto al resto de compañeros del equipo salen del país a representarlo sin que mucha gente en Costa Rica se entere, salen para hacerlo de la mejor manera. Estuvimos orgullosos de andar con la bandera, que nos preguntaran de dónde éramos y que vieran el nivel de un equipo extranjero preparado para dar la pelea y llamar la atención. Ahí es cuando uno se da cuenta de que, aunque como país seamos pequeños, a la vez podemos ser inmensamente grandes.

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