Por Elizabeth Khora
@bethrobled

He vivido y he visto el racismo de varias maneras. Soy colombiana, paisa y barranquillera, sin embargo desde pequeña he escuchado todo tipo de comentarios racistas en mi propio país, crecí viendo eso como algo “normal”. Al principio no sabía bien lo que era…

Vengo de un barrio en Colombia donde todos se conocen y todos saben de uno. Estando ahí, la primera vez que escuché un comentario racista fue hacia mi madre. La llamaban “gitana loca” o “bruja”. Cada vez que ocurría ella solo bajaba la mirada, como que no fuera con ella… Me cuesta entender cómo puedo recordar algo así, estando yo tan pequeña. Creo que es hasta ahora que entiendo a qué se referían.

Conforme fui creciendo, fui recibiendo todo tipo de comentarios. Tenía pocos amigos, ya que a la mayoría les prohibían socializar conmigo, mientras que en la escuela me preguntaban si mis padres eran ladrones. Una vez, llegando de la escuela, la madre de una compañera discutía con mis padres porque decía que yo le había robado algo a su hija. Mis padres voltearon a verme con su mirada de “tú hiciste eso”. Registraron todo lo que traía, pero eso nunca me molestó porque yo sabía que no lo había hecho. Lo que me molesto fue escuchar “gitanos de mierda”. Nuevamente mis padres no dijeron ni una sola De tantos apodos que llegué a tener, el que más escuche fue “sucia”. Lo único que pensaba era… “pero si yo me bañé, no estoy sucia”.

Ahora lo que entiendo de cada una de esas palabras es que no hay manera de que unos niños supieran realmente lo que estaban diciendo; sé que lo decían por escuchar comentarios de sus padres.

Entré a la secundaria decidida a no socializar con nadie, para no tener el mismo problema, pero en un lugar pequeño todo se sabe y todos sabían que yo era la “gitana rara”. Llegué a avergonzarme de las costumbres y vestimenta de mi familia, cosa que me arrepiento mucho de haberlo hecho. En el colegio fue igual, pero ya no solo eran apodos ofensivos sino que ahora eran comentarios como “cuando te casa con tu tío” “no deberías de estar limpiando los zapatos de tu marido” “báilame gitana” “vení y te quito la virginidad”. Una vez, estando yo con un libro en la mano, una mujer mayor se acercó a mí con un tono de burla diciéndome sarcásticamente: “¡Vaya, sabes leer!”.

Terminé la escuela secundaria y mi meta era conseguir un trabajo pero no me daban empleo por la misma razón… con el tiempo tuve la oportunidad de emigrar a Costa Rica para estudiar. Estoy agradecida por cómo su gente me arropó pero aquí también he experimentado los comentarios racistas, aunque no por ser gitana sino por colombiana:

“Su acento es como el de las prostitutas de los narcos”.

“Su acento es un poco fastidioso”.

“¿Tiene droga, sabe donde puedo conseguir?”

“En Colombia usted era prepago”.

Además, algunas personas saben mi nombre pero prefieren llamarme “La colo” o “La paisa”.

Sin embargo, hay algo que llegó a dolerme mucho más que todos esos comentarios. Mi madre y mi abuela vinieron a visitarme, y en cuanto fui a recogerlas al aeropuerto, no pude reconocerlas. No estaban vestidas como acostumbran a hacerlo… Cuando les pregunté porqué estaban vestidas de esa manera, mi abuela dijo: “Para no llamar la atención”. 

No dije nada en todo el camino, pero en cuanto llegamos a casa vi que en sus maletas tenían más ropa como esa. Volví a preguntar, y su respuesta fue: “No pasa nada, solo es para que no tengas problemas o recibas malos comentarios de la gente que te conoce”.

Me entró una tristeza enorme. Amo a mi familia, estoy orgullosa de lo que soy y me di cuenta que no es justo que tengamos que escondernos para evitar los malos comentarios

Con respecto a mi cultura, me he dado cuenta que la mayoría de las personas no saben nada al respecto y lo que saben posiblemente lo han sacado de una película o un programa de gitanos.

No somos analfabetos, ni ladrones, no somos brujas o vagos sin educación. Tampoco es cierto que los gitanos están solo en España; hay gitanos en todas partes… mi familia emigró para Colombia en 1919, por lo que soy colombiana y también estoy orgullosa de eso.

Esto es una realidad que muchos ignoran y me encanta que ahora la gente hablé más del tema y abran sus ojos. Esto está en todas partes y nadie esta exento a vivirlo… Realmente he aprendido a que este tipo de comentario no me afecten porque al final no son más que opiniones sin sentido que vienen de la ignorancia. Sé que muchas personas se limitan y se esconden para no vivir el racismo. Entender esto es una oportunidad para entender que hay muchos comentarios que no son fáciles de llevar. Eduquémonos y eduquemos a nuestros hijos.

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Elizabeth es odontóloga, actualmente estudiante de psicología, amante a leer, escribir, enseñar con amor y con el ejemplo. Cree profundamente que el futuro de un mundo mejor está en nuestras manos y que tenemos una responsabilidad de enseñarles a los niños a amar, respetar y ver la vida diferente.


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