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Con la vista podemos diferenciar hasta cerca de diez millones de variaciones de colores, pero si la pregunta es cuántos colores existen, la respuesta es infinitos.

Los colores los llevamos en la piel, los reconocemos en cada alimento, son determinantes en una obra de arte y hasta en cada recuerdo que guardamos en la retina de la memoria. En la edición de esta semana nos detenemos a ver y reflexionar sobre el color.

Algo que, como muchas otras cosas, damos por sentado pero que podría ser perfectamente posible que todxs y cada unx de nosotrxs veamos de forma infinitamente distinta.

Esta semana empezamos con la idea de explorar qué pasaba al hablar sobre color. Arturo se sentó en un sillón morado y yo en una silla blanca, peloteamos varias ideas sobre futuras ediciones (entre ellas esta que están leyendo ahorita) y al poco tiempo varias personas ya se habían apuntado para ser parte de la edición de color. Cada unx con un ángulo distinto. Cada unx con un tono diferente. Y todxs, brillantes por igual.

Hace años cuando trabajaba en Garnier, un gran sabio de apellido Chacón, me habló sobre cómo desde la cuarta dimensión (creo), nos veríamos como amebas desde arriba. No me acuerdo si se refería a las personas o a todo lo que ocurría en esta dimensión. El punto es que, cuando lo dijo, recuerdo que me pareció super lógico. Me lo imaginé como unas manchas de aceites de colores moviéndose lentamente y rozando entre ellas sin romper sus delicadas membranas tornasol.

Cada individuo con su propio movimiento. Cada unx con su propio brillo y color.

Si eso fuera cierto, y si cada unx de nosotrxs y cada especie o cosa que habita o existe en este planeta se viera desde arriba como un color distinto, quizás nos vemos como una pintura de Federico Herrero y, como planeta, no somos más que una obra de arte que está siendo admirada por otros seres en otras dimensiones.

Este Good Feed #35 (sí, llevamos 35 semanas trabajando sin parar para poder sacar una edición cada semana) existe precisamente porque hemos tenido la suerte de encontrarnos con tantos colores distintos. El Good Feed existe gracias a que cada una de las personas que ha participado le ha agregado una pincelada al proyecto.

Ya sea que hablemos desde la perspectiva de un daltónico, del color de la piel, de la medicina arcoiris de los alimentos o del posible color del sonido, lo que nos queda es que, parafraseando lo que dice Leo Fallas esta semana, sería incorrecto pensar que el color se pueda corregir, porque es precisamente lo que hace la vida tan interesante e incorregiblemente emocionante.

Esta semana Ilustramos la edición con imágenes de la nueva exposición “Barreras Blandas” de Federico Herrero en el Museo Nacional. Una visita obligatoria para cualquiera que quiera desconectarse de las pantallas un rato quiera transportarse a una dimensión en la que todos se ve colorido desde arriba. Una en la que  hay trampolines multidimensionales, libélulas gigantes y tiburones en piscinas.

La entrada es gratuita y estará abierta al público con aforo reducido hasta diciembre de 2020.

 

 

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