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Por Debi Nova

@debinova

El sonido es la materia prima de mi profesión de cantautora.
Con él pinto el silencio; es la madera que tallo hasta convertirla en melodía y, cuando me acompaña la suerte, en una canción.

Tantas veces me he dispuesto a escribir piezas sin profundizar en la maravilla que representa el sonido. Me he pasado largas horas en un estudio escogiendo “el sonido perfecto”: el color de la guitarra, el sample del teclado, la profundidad del bajo, cada sonido de una cuerda, de una tecla, para que cada uno tenga la intención y la expresión adecuada… Pero, ¿qué determina si un sonido funciona más que otro?

No hay sonidos “malos” ni sonidos “buenos”, pero sí sonidos que nos provocan incomodidad, tristeza, felicidad o satisfacción. El sonido es eso: una sensación, pero, sobre todo, en su esencia, el sonido es vibración pura. Si nos detenemos a pensar que en el universo todo contiene una vibración molecular, quiere decir que todo, absolutamente todo, está emitiendo un sonido. Algo que el ser humano no es capaz de percibir de manera auditiva, pero los planetas, los colores, las piedras, nuestros cuerpos, están constantemente emitiendo su propia expresión vibratoria. Si lo entendiéramos así, el Universo entero, de cierta manera, nos está cantando permanentemente.

No hay otra forma de conectarnos que sea tan profunda y directa como el sonido. Por ello, a veces, nos resulta increíble que los bebés sean capaces de escuchar desde que están en el vientre de la madre, que haya canciones de más de mil años que se sigan transmitiendo de generación en generación; o que cien mil personas pueden cantar al unísono una canción de U2 en el Rose Bowl. A mí en particular, me gustaría pensar que existe una música universal y que, si todos lográramos crear una práctica de “escuchar”, podríamos vibrar en mayor armonía.

Hoy más que nunca creo que si tomáramos un momento del día para cerrar los ojos, escuchar profundamente y recibir toda esa información vibratoria que nos llega del universo, estaríamos habilitando una de las prácticas más sanadoras que tenemos a nuestro alcance.

 Precisamente ahora, que más y más llenamos nuestros ratos libres con información visual. A veces siento que estoy adicta a mi pantalla, viviendo a través de ella, con un consumo insaciable de información, disparando dopamina con cada like y crashiando con cada no-like. Entre mayor es nuestro consumo visual, menor es el espacio que dejamos para escuchar. Y si en efecto, hay un sonido que se emite más allá de lo que somos capaces de oír, el consumo excesivo visual, impide acceder a esa magia que puede conectarnos con la vibración del universo entero.

Los invito a que hagamos un esfuerzo para desarrollar nuestra escucha. Absorbiendo mejor nuestro mundo interior y nuestro entorno quizá llegaríamos a entendernos con mayor empatía y amor. Además, siento que cuando logro escuchar mi cuerpo y mi corazón con atención, es más fácil determinar qué me hace bien. Qué alimentos, relaciones, actividades y prácticas me nutren, y cuáles no.

En la gran sinfonía que es la vida, cada uno de nosotros contribuye de alguna manera.
Somos como una gran orquesta en la que cada instrumento cuenta; lo más importante es escucharnos para poder vibrar en armonía.
El sonido así será siempre perfecto.


Debi Nova es cantautora costarricense con varios proyectos nominados al Grammy.  A lo largo de su carrera ha colaborado con artistas como Boney JamesMark RonsonQ-TipSergio Mendesthe Black Eyed PeasSean PaulRicky MartinFranco De VitaVicente García y Pedro Capó.


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