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Por Alejandra Piedra
@aledepiedraymora

Cuando pienso en salud siento mariposas en el estómago, mi corazón palpita fuertemente, suspiro, me falta el aire, me cimbran los oídos del ruido que producen múltiples pensamientos en mi cabeza.

Caigo agotada por un momento hasta que siento que floto en un mar de asombro y agradecimiento con los recuerdos de todo lo que he experimentado, lo que me ha dolido, lo aprendido y lo disfrutado en esta vida en nombre de la salud, o al menos, de una u otra versión de lo que he entendido como salud en diferentes momentos de mi vida.

Es por esto que el concepto de salud me parece fascinante y multidimensional. Basta asomarse en los distintos matices que hay de la idea de salud en el mundo occidental en comparación con el mundo oriental. Tsuei (Hawaii,1978) lo puso de manera sencilla: en Occidente se divide claramente la salud de la enfermedad; en el Oriente, la salud es considerada como un estado de balance, mientras que la enfermedad se ve como un estado de imbalance (o sea, ambas son caras de una misma moneda). En el oeste, la tendencia es cambiar el entorno y en el este la preferencia es adaptarse al entorno.

En la sociedad occidental que vivimos, la industria de la salud y el bienestar promueve el ideal de “personas felices y balanceadas”. Este ideal usualmente es asociado con ciertos prototipos femeninos y masculinos; viene con unos estándares de energía, productividad, apariencia e inclusive movilidad y fuerza que no corresponden a todas ni todos los seres humanos. No obstante, esta industria refuerza la relevancia de verse y sentirse bien, estar libre de enfermedades, problemas y de dolor. Es probable que las fuerzas que operan detrás de estas expectativas están relacionadas a intereses enraizados en el sistema capitalista y sus pilares jerárquicos y patriarcales que además frecuentemente también están involucrados con la fabricación de muchos de los productos que creemos que necesitamos para gozar de mejor salud, reducir el dolor, y encontrar ese sublime estado de “balance y contentamiento”.

Una de las aristas que me parece más interesante en medio de esto, es la idea de “balance”. Sharon Salzberg, autora de múltiples libros y co-fundadora de una de las primeras escuelas de meditación en Occidente, recientemente comentó en un conversatorio en la ciudad de San Francisco, California, que para ella el balance no se trata de agregar un poquito de esto y otro poquito de aquello, sino que es encontrar otra manera diferente de relacionarse con todo en la vida. A la idea de Salzberg, yo le agregaría que el balance no es igual a alcanzar un punto máximo en el que se puede vivir para siempre, ya que el concepto de encontrar otra manera diferente, inherentemente sugiere que siempre se está en ese proceso de buscar-encontrar-y volver a buscar. 

Entonces, la palabra clave es “diferente”. Desde la manera en que nuestras células funcionan, hasta el modo en el que evolucionamos como sociedad, tiene que ver con hacer algo diferente. Pienso en mis pacientes de fisioterapia. Por ejemplo, las personas que corren, son disciplinadas, esforzadas y están dispuestas a sobrepasar entrenamientos muy fuertes en función de progresar.


Frecuentemente la manera más asertiva de rehabilitar lesiones en los corredores involucra revisar la carga de sus entrenamientos e implementar  regresiones de distancia, velocidad y frecuencia junto con más descanso y entrenamiento cruzado, o sea, básicamente, correr menos. Y bien lo decía una de mis mentoras profesionales, “no hay nada más difícil que lograr que un paciente que corre, no corra”.

En contraste, las personas que vienen a consulta por dolor crónico, generalmente han desarrollado el patrón de  creencias y actitud conocido como “miedo-evasión” (“fear-avoidance behaviour” en inglés) que se caracteriza por una resistencia al movimiento y al ejercicio, ya que como sienten dolor al hacerlo, creen que el movimiento es la causa de su dolor. Sin embargo, los mecanismos del dolor crónico van más allá de los componentes biomecánicos y para estas personas el tratamiento con resultados más exitosos consiste en incorporar la actividad física con dosificación personalizada.

Simultáneamente, yo como terapeuta, he tenido que trabajar por mantener mi “salud académica y profesional” recurriendo a recursos diferentes en estos casos. Cuando se trata de acompañar a las personas a reflexionar sobre sus tendencias, las causas emocionales pueden estar asociadas. Se queda corto guiarlas a implementar cambios poco a poco, el entrenamiento médico meramente enfocado en la anatomía, fisiología y la kinesiología. Se requiere de estudios y experiencia adicional en terapia cognitiva, coaching de estilo de vida y métodos motivacionales, entre otras opciones. Así que en todos los casos, es clave que las personas que estamos involucradas, logremos contactar nuestra disposición para dejar ir la manera principal que conocemos de hacer las cosas y probar métodos que nos sacan de nuestra zona de confort. 

Sustituir un ideal fijo y arbitrario por la práctica de buscar algo diferente da espacio para aceptar y valorar distintos tipos de actividad física, múltiples estilos de comer, variadas estrategias de manejar el tiempo, múltiples métodos para regular el dolor y el estrés, nuevas prácticas financieras, e incluso otras expresiones de nuestra sexualidad.

Buscar y celebrar lo diferente da permiso de sentirse suficientemente bien con la nariz con la que se nació, las tetas que se tienen o no, sin necesidad de cambiar la apariencia con medios quirúrgicos, por ejemplo. Y, a la vez, valorar lo diferente permite la curiosidad y flexibilidad de operarse la nariz y ponerse/quitarse tetas si eso es lo que en un momento dado se siente como preferencia. Así hay espacio para encontrar maneras de acoger y honrar los cambios de la edad, las fluctuaciones hormonales, los sube y baja emocionales, las nubes mentales, como parte del estado natural y burbujeante de salud, en vez de querer eliminarlos, taparlos o ignorarlos. 

Pienso que todo esto es realista. ¿Qué podría ser más natural que un proceso de progreso basado en prueba y error cíclico? A la vez es bastante sofisticado, porque invita a prescindir de la mirada dualista que nos mantiene como títeres merodeando entre el bien y el mal. Desde este lugar hay cabida para tratar nuestros temas de salud con compasión, paciencia y creatividad. Todo esto crea una relación con nuestro bienestar más desde el empoderamiento y menos desde el acorralamiento de los métodos de salud rígidos que nos infunden miedo y dependencia. Lo mismo sucede con las tendencias en salud y bienestar que nos mancillan la autoestima con sus cuerpos y sonrisas perfectas y hasta nos abruman con los múltiples hábitos que se supone que tenemos que incorporar a nuestra rutina diaria.

En vez de tener una imagen más o menos definida de lo que es algo saludable creo que podemos ir expandiendo el espectro de posibilidades, formas, colores, tamaños, intereses, valores, creencias, prioridades, habilidades, posibilidades y preferencias que dignamente pueden convivir bajo la idea de salud y bienestar.

Esta idea de hacer las cosas diferente suena simple, mas a la hora de la hora puede ser un gran reto. Muchas veces no sé ni qué es lo que puedo hacer diferente. Lo que sí sé es que la vida siempre encuentra una manera de movernos y moverse hacia el balance. A veces lo hace de maneras muy gentiles y a veces lo hace de maneras muy contundentes como, por ejemplo, una pandemia. Cuando es así, yo creo que  la manera de manifestar  salud se encuentra en nuestra capacidad de pausar mucho sin parar del todo, y construir paso a paso resiliencia de cuerpo, mente y espíritu cual funambulista en la cuerda floja, que se concentra en ver cómo una sutil diferencia en su  próximo movimiento le mantiene en balance, para seguir adelante.

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Fisioterapeuta partidaria de la Revolución del Dolor-Entrenadora Personal-Instructora de Yoga-Mediadora de Terapia Asistida con Animales-Fundadora de @SANASANASALUD


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