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Por Gastón Fournier/Ari Moore
@gastonfourniers y @thearimoore 

Todxs tenemos una definición diferente de independencia.

Para algunas personas se logra cuando salimos de la casa de nuestros papás, cuando salimos de esa relación en la cual no queríamos estar, o cuando terminamos la carrera por la que llevamos tantos años en la universidad. Para mí tiene un significado diferente y es algo que he aprendido con el tiempo: la independencia es la libertad de ser yo mismo.

Toda la vida me consideré una persona independiente, hasta que llegué a darme cuenta de que nunca lo fui. Mi forma de ser y de presentarme a lxs demás siempre estuvo ligada a cómo me veían las otras personas y cómo ellxs querían que yo fuera. Siempre había un sentimiento que me exigía tratar de ser el mejor estudiante, el mejor amigo, el mejor deportista o el mejor en cualquier situación de mi vida. Pero nunca me di la oportunidad de ser quien realmente quería ser. 

Aprendí que no tenía esa libertad de ser a los 15 años, cuando ocultaba la música que escuchaba porque era “música de mujeres”. Me ocurrió de nuevo a mis 18 cuando un Uber me bajó del carro a las 2:00 a.m. porque “él no llevaba playos”. Una vez más pasó a mis 20 años, cuando perdí muchas relaciones cercanas por compartir una foto con mi novio y ellxs  “no compartían mi forma de vivir”. 

Sin embargo, con el tiempo logré entender que las personas somos una unión de elementos y no simplemente un molde producto de las expectativas que asigna la sociedad. Desde que nacemos nos ponen reglas sobre cuáles colores nos tienen que gustar, cómo tenemos que vestirnos y qué música tenemos que escuchar. Pero justamente por varias de esta vivencias que mencioné antes, logré llegar a un acuerdo conmigo y tener paz con lo que soy y lo que me gusta. Descubrí que me podían gustar las cosas “femeninas” y eso no me hace valer menos como persona. 

Encontré el transformismo y el maquillaje como una manera de celebrar mi verdadero ser y celebrar a todas las mujeres que me han inspirado a lo largo de mi vida:  mi mamá, mi hermana, mi abuela, muchas de mis amigas y a otras mujeres que no he logrado conocer personalmente pero he llegado a admirar.

En ellas encontré fuerza para ser yo mismo. Se volvieron espacios seguros para celebrar mi independencia. Porque desde que era pequeño veía cómo mi mamá se ponía su labial favorito y cómo eso le daba seguridad y la hacía sentirse lista para su día. Porque siempre vi en ella un modelo a seguir y eso me generaba la confianza para tratar de ser la mejor persona que podía ser.

Aunque con esa independencia también vinieron insultos, prejuicios y preguntas como: ¡Raro! ¡Travesti! ¡Qué lástima; tan hombre que se veía! ¿Quiere cambiar de sexo? ¿Quiere ser mujer? No, pero ¿qué tendría de malo si sí? ¿Por qué siempre vemos lo femenino como algo malo? Y lo más triste es que he recibido este tipo de preguntas de personas que forman parte de mi comunidad y como hombres seguimos desvalidando todas las formas que se asemejan a las mujeres y todo lo que representan. 

Nos molestan este tipo de acciones porque nunca nos enseñaron que todas las personas podemos ser diferentes, que esas reglas que mencioné antes no nos definen como buenxs o malxs y que tenemos que odiar todo lo femenino de nosotros mismxs.

Con el tiempo he aprendido que esa palabra “raro” no tiene nada de malo. Ser raro me ha dado esa libertad de ser y de disfrutar lo que hago. Me ha enseñado que siempre van a haber personas que no estén de acuerdo con lo que hago pero, al final, cada unx de nosotros tiene su propia vida y decide hacer lo que quiera con ella.

Esta independencia me ha traído muchas cosas buenas, pero también he tenido que lidiar con personajes nuevos en mi vida como la ansiedad, la soledad y el rechazo. Todxs tenemos nuestras luchas propias y nada cuesta tratar de ser más amable con las demás personas. Vivimos en una sociedad violenta que acostumbra a dañar a todxs aquellxs que son diferentes a la norma. Dejemos que las personas sean como quieren ser y más si eso no nos daña a nosotrxs y a lxs demás. Puedo decirlo en primera persona, porque esa independencia, más allá de todos los sentimientos negativos, me ha ayudado a vivir una vida más auténtica, ligera y libre.

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Soy Gastón Fournier activista LGTBIQ+ y Relacionista Público, especializado en temas de diversidad e inclusión, branding, cultura y desarrollo de eventos. Amo sobre todas las cosas RuPaul Drag Race y mis queens favoritas son Valentina, Bob The Drag Queen y Alyssa Edwards. 


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