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Por Mariana Blanco
Fotos por Pablo Cambronero

Los seres humanos dependemos del agua. Así de fácil.  Alguna vez nos hicieron creer que este era un recurso inagotable pero, no muchos años después, lo cierto es que es un bien escaso en muchas partes del mundo.

Los cultivos, nuestro cuerpo y procesos productivos dependen del acceso al agua. En un contexto en el cual se demuestra progresivamente la fragilidad de nuestra salud y de nuestra supervivencia como especie, la lucha por el acceso al agua de calidad se vuelve cada vez más relevante. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en el mundo, 785 millones de personas no tienen acceso a servicios básicos de agua potable. Es decir, más del 10% de la población mundial.

Además, al menos dos mil millones de personas (26% de la población global) utilizan fuentes de agua contaminada con heces. Ante esta situación, científicos y otros profesionales han desarrollado nuevas ideas que podrían ser parte de la solución. Algunos ejemplos felices de innovación a continuación:

 

La única pajilla de plástico que deberíamos promover

Es el filtro de agua más pequeño del mundo. Compañías como Clean Sip y Life Straw, han desarrollado pajillas con filtros internos que son capaces de remover bacterias y viruses como los que causan la tifoidea, el cólera, disenteria y la diarrea. Este tipo de innovación tiene el potencial de mejorar las condiciones de vida de más de 144 millones de personas que hoy dependen de aguas superficiales no tratadas.

Las pajillas son de bajo costo (alrededor de $10) y se pueden donar por medio de las páginas de sus creadores, que se encargan de ponerlas en las manos de las poblaciones que más las necesitan. Una sola pajilla puede proveer de 2 a 3 litros diarios de agua limpia por persona.

En Costa Rica también existen opciones. Iron Kids of the World promueve una pajilla que  funciona por medio de la combinación de tres micro filtros, carbón activado y una aleación de metales.

 

El inodoro de Bill Gates

Ok, no es el que Bill tiene en la casa. Después de entender que en muchos países, los niños mueren por diarreas provocadas por la falta de sistemas adecuados para manejar desechos, la fundación Bill y Melinda Gates decidió invetir $4.8 millones para reinventar los inodoros.

¿Se han puesto a pensar en cómo usamos toda esa agua limpia en los baños para nada más ensuciarla y literalmente mandarla por un tubo? Bueno, en países como India la realidad es muy diferente y los sectores más pobres de la población viven con el típico inodoro “de hueco”. Con la inversión de los Gates, la compañía Tiger Toilet pudo desarrollar un inodoro que no depende de sistemas tradicionales de alcantarillado y que funciona con lombrices. Las lombrices se alimentan de las heces y producen una mezcla de agua, dióxido de carbono e incluso una pequeña cantidad de compost. Lo más importante: al convertir el material de desecho se disminuyen los problemas de salud de la población. En 2018 Gates anunció que estaba preparado para invertir $200 millones para la próxima generación de inodoros que van a revolucionar el mundo.

Ojalá no tengamos que esperar sentados para ver su idea hacerse realidad.

 

Convertir el aire en agua

No es magia, es ciencia. En Estados Unidos, la compañía VICI Labs ha estado explorando por algunos años la idea de desarrollar un aparato que recolecta el viento y lo introduce enun contenedor especial bajo tierra, donde se espera hasta que la humedad se condense y se convierta en agua que podría usarse para diferentes usos, incluido el consumo humano. En teoría, este dispositivo llamado Water Seer, podría recolectar hasta 11 galones de agua por día. En este momento el laboratorio se encuentra en busca de financiamiento para producir los dispositivos y, con suerte, ponerlos a disposición del y de las poblaciones que más lo necesitan.

 

Proyectos innovadores como estos, requieren no solo de apoyo económico y político, sino de un cambio en los esquemas de consumo y producción actual. El éxito de la innovación dependerá que las políticas, la tecnología y nuestro propio comportamiento se alineen hacia cambios que beneficien a la comunidad global.

 

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Mariana Blanco es abogada especialista en Derecho Ambiental y Derecho del Mar. Ha trabajado por más de ocho años en ONGs, incidencia política y trabajo con comunidades, conservación marina y legislación ambiental. Le encanta hacer yoga, acroyoga y dibujar.


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