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Por Keren Ramírez
@kramaco

¿Alguna vez te has quedado fuera de algo?

¿Alguna vez has querido entrar a un lugar donde no te dejaban entrar? ¿Cómo te hizo sentir eso?. Hace unos meses leí un libro de Regine M. Gilbert, una profesora de New York University que iniciaba con estas tres poderosas preguntas.

Creo que eso es algo que a todas las personas nos resuena en la cabeza, pero más importante que eso… en el corazón.

Cuando decidimos para quién vamos a diseñar, también decidimos para quién no lo estamos haciendo y todas las personas merecen nuestro mejor trabajo. 

El reto más grande que tengo como diseñadora es el de enfrentarme a mis sesgos en cada decisión de diseño que tomo en mi trabajo y en mi vida. Sin embargo, esto me ha llevado a entender que el mundo funciona como fue diseñado. En un momento donde se valora el diseño centrado en las personas en tantas industrias, hacerlo demanda momentos de incomodidad para lograrlo.

Jared Spool, estratega de Diseño de Experiencias, menciona que cualquier persona que influye en un diseño, está tomando decisiones de diseño, aunque no tenga la palabra en su rol. Independientemente de que sea un producto digital, una experiencia inmersiva, un servicio, un producto físico, alimentos, procesos, en fin… Quien influye en lo que eso se va a convertir, está haciendo diseño. Todas las personas estamos influyendo en cómo el mundo funciona.

Respondiendo a las preguntas de Regine: Sí. Sí me he quedado fuera de algo. He querido entrar donde no me es permitido. No se siente bien no poder hacerlo por más que quiera. La autora Elizabeth Jackson dice que la vida no es justa, pero eso no nos da una excusa para no ser justos en ella.

El mal diseño arruina vidas. Ocurre como cuando una persona no puede renovar su carné de estudiante porque necesita su cédula de residencia, pero esta no puede renovarla sin su carné de estudiante. ¡Pero cuánto puede ayudar un buen diseño a mejorar vidas!

Diseñar es un acto político lleno de decisiones donde incluimos o excluimos personas. Cuando hablo de político, me refiero a ese proceso de tomar decisiones que se aplican a todos los miembros de una comunidad: ya sea desde el Gobierno o una empresa. Por eso es tan importante incluir a todas las personas en el proceso.

Cuando hacemos un buen diseño, uno que sea inclusivo, estamos dándole seguridad a la persona no vidente de poder hacer sus transacciones bancarias de manera independiente desde la aplicación del banco, sin darle sus datos personales a alguien más. Le damos alegría a una persona con discapacidad motora que puede ingresar a una celebración al remover esas barreras que la sociedad le ha puesto en los espacios físicos. Las personas que realmente necesitan ayuda en un momento de crisis, la obtienen de manera eficiente y rápida para sobrellevarla.

Cuando diseñamos con un enfoque inclusivo y diverso, estamos permitiendo a más personas tener experiencias increíbles. A través de un buen diseño, abrimos estas experiencias a personas más allá de un género, edad, habilidad de lenguaje, literalidad y habilidades físicas específicas. Generamos experiencias para todas las personas y cuando esto pasa, somos una mejor sociedad. 

Si el mundo funciona como fue diseñado, ¿por qué no hacemos de este un mejor diseño?

“No importa si la gente es buena o mala. Lo que importa es si están intentando ser mejores de lo que eran ayer. Me preguntan ¿de dónde viene mi esperanza? Esa es mi respuesta.” – The Good Place (temporada 04, episodio 06).

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Ingeniera en Diseño Industrial convencida de que se puede lograr un Diseño Centrado en la Humanidad a través de experiencias para todas las personas de una manera colaborativa, y decidida en enseñar diseño desde este enfoque.


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