Por Mevary Alvarado
@mevary

Crecemos aprendiendo que la discapacidad es algo muy malo, que es imposible vivir con una discapacidad.

Crecí en una familia compuesta por inmigrantes de origen peruano y brasileño, quienes llegaron a este país sin saber nada sobre nuestra cultura o su riqueza en el lenguaje, así como sus costumbres. Pese a que hablamos español, el entenderse al principio, fue retador.

Ya acá en Costa Rica y tratando de “ligarse” a mi mamá, mi preciosa Tita le ofrecía un “Gallito Pinto” a papi. Él se comía el desayuno, pero se quedaba sentado a la mesa, esperando el gallo para llevárselo a la mamá.

Palabras como “pocillo” en lugar de “vaso” o “Juane” en lugar de “Tamal” y “choclo” en lugar de “elote” eran cosas muy comunes. Era extremadamente chistoso ver a mi Agüelo (como yo le decía) tratando de descifrar lo que mi papá comentaba al hablar. Mi abuelo tenía baja audición y cataratas entonces, cuando no le entendía ni escuchaba bien, solo lo ignoraba y tomaba un sorbo de café. Mi papá ya entendía el código.

Mi Agüelo, un orgulloso campesino de la zona de Turrubares, hijo de padre Español y madre Tica, de más de 1.92 de altura nunca (en su propias palabras) se imaginó hablando con un descendiente de los Incas de la zona de Nauta en Perú, tomando café recién chorreado los dos meciéndose apaciblemente en un par de mecedoras hechas por mi abuelo; de profesión herrero.

Esas escenas no se me van a olvidar jamás. 

¿Pero qué tiene que ver estas historias con la inclusión, diversidad, accesibilidad e igualdad?

Cuando hablamos sobre discapacidad, lo primero que se nos viene a la mente es la imagen de una persona usuaria de sillas de ruedas o una persona ciega utilizando un bastón y hablándole a su teléfono. Ya que son imágenes muy comunes y persistentes en los medios de comunicación.

Sin embargo, existen muchos tipos de discapacidad y no necesariamente se relacionan con una condición en particular, sino muchas veces pueden deberse al lenguaje, cultura, edad, la tecnología, las barreras físicas (edificios, rampas, pasos peatonales, aceras…), política pública o privada, desconocimiento, falta de educación y divulgación de estos temas, entre otros.

Dentro de las clasificaciones sobre la discapacidad tenemos cuatro grandes tipos: la permanente, la temporal, la situacional y la clasificada como “invisible”.

Cuando hablamos de la clasificación de tipo permanente es la que se refiere a discapacidades como cuadriplejia, ceguera, sordera, incapacidad para comunicarse, discapacidad cognitiva, enfermedades crónicas, entre otras.

Con respecto a la discapacidad temporal, imagínese que usted es un fanático del futbol y le encanta ir a “mejenguear” y estando en esas alguien le golpea la rodilla y, como resultado, no puede manejar, no puede caminar, no puede movilizarse de forma apropiada, no puede subir las gradas del bus o no puede montarse a un taxi sin sentir dolor, etc.

Por otro lado, tenemos discapacidades situacionales. Les voy a poner dos ejemplos:

  1. Tan sencillo como el uso de la mascarilla. La imposibilidad de escuchar o comunicarse de forma apropiada pero que es parte del cambio hacia la nueva normalidad.
  2. El acento y el idioma. Amo la cultura coreana y me encantaría visitar este país en un futuro cercano. ¿Se imaginan ustedes este acento costarricense tan rico que tenemos y hablando en Inglés con otra persona donde su acento también es bastante fuerte y diferente?

Por favor note, que no necesariamente se relaciona con una condición de discapacidad si no va directamente relacionada con una situación en particular.

Por último viene una de las categorías por las que todas las personas han pasado, no importa su edad y su condición socioeconómica o educativa. Para esta categoría hablamos sobre el cansancio extremo o “burnout”, estrés, carga cognitiva a nivel laboral o educativa, entre otras.

La discapacidad es un estado o condición por la que todas las personas, SIN EXCEPCIÓN pasamos, pero hablar de ella es como mencionar al “Chupa Cabras” (referencia noventera) o las “Aventuras de Harry Potter” y apuesto que la gente sabe más de esto que sobre la discapacidad en sí.

Aprender, Re-aprender y Des-aprender

Crecemos aprendiendo que la discapacidad es algo muy malo, que es imposible vivir con una discapacidad, que se quita como bañarse con agua fría y ya. Pensamos que “pobrecitas” las personas con discapacidad, o los “angelitos” que tienen esta “condición”, que es mejor no hablarles para no molestar o no involucrarse si la cosa no es con usted. O lo mejor de todo, dar dinero una vez al año a las televisoras e instituciones bancarias que lucran con estos casos.

Cuando tenía 16 años, una situación en particular marcó mi vida para siempre. De camino al “Voca” de Desampa, una mujer joven se puso de pie en la puerta del bus. Ella cargaba un bebé en sus brazos y, a como podía, trataba de comunicarse en señas con las personas del bus, y en este caso en particular, conmigo y con el chofer.

Ninguno pudo. No sabíamos cómo poder ayudar a esta mujer. El chofer frustrado le cerró la puerta en la cara dejándola inmóvil por unos segundos, luego pude ver como se alejaba lentamente. Me sentí impotente y con mucho dolor por lo que acaba de suceder. Sin embargo, no entendía nada.

A la edad de 16 años nunca me habían hablado sobre la discapacidad. Mi desconocimiento era tal que me sentí mal, no por estar mal informada, sino porque los adultos a mi alrededor tampoco estaban informados.

Todo da un giro

Después de 15 años de esta situación y más de 10 años de trabajar como profesional en informática y desarrollo de software encontré la oportunidad de crear aplicaciones digitales accesibles que cumplan con normativas internacionales y nacionales sobre inclusión y accesibilidad para que todas las personas, sin importar su condición física, mental, social, económica, educativa, de raza, de género, edad, etc., pueda acceder a la información sin problema alguno. Ya que esto es un Derecho Humano.

Todos estos años me han enseñado que nos falta mucho en términos de respeto, empatía, de salirnos de la zona de confort y pensar en que la accesibilidad, inclusión, diversidad e igualdad deben estar presentes en todas las etapas de nuestra vida.

Debemos empezar a dejar de excluir a las personas de forma consciente. Muchas personas piensan que es mejor hacerse de la vista gorda o tirarle la bola a otra persona. Sin embargo, el cambio empieza por mí, por mi familia, por mis amigos cercanos, por mis conocidos, compañeros de trabajo y todo el esfuerzo que se haga en pro de divulgar la información apropiada a esto.

Lxs invito muy amablemente a hacer un cambio en su forma de pensar. Que vaya más allá de lo que ha aprendido. Dude de todo, pero, al mismo tiempo, cuestione y no le tenga miedo al cambio y a formar parte de aquellos que quieren seguir cambiando el mundo.

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Merary Alvarado tiene más de 10 años trabajando como Ingeniera en Software para empresas de carácter multinacional proveyendo servicios en el análisis de proyectos enfocados en Producción Digital.

Sin embargo, es al área de la accesibilidad digital a la que le dedica tiempo completo.Lleva más de 6 años trabajando en el área desarrollando y ejecutando estrategias de negocio para compañías de renombre que participan en la lista de Fortune 100. Además, tiene más de 15 años apoyando y aprendiendo sobre la extensa diversidad de las comunidades con discapacidad que existen en el país así como a nivel latinoamericano.

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