Por Miguel Gómez
@jolygud

Hay mucho amor en el horror.

Una de las cosas que me gustaba hacer los fines de semana cuando tenía 11 años era ir a pasar las tardes a la casa de mis tíos. Con ellos iba caminando a un video club en Barrio México y alquilábamos las dos o tres películas que íbamos a ver esa tarde.

Era el equivalente a hacer “Netflix and chill” (familiar) hoy en día. En vez de hacer scroll para ver los posters de las pelis como lo hacemos hoy en las plataformas digitales, tocaba ir y ver caja por caja de VHS o Betamax, examinar esos artes y hacer la apuesta del día.

La particularidad es que mis tíos eran amantes del cine de horror. Fantasmas, demonios y asesinos eran los protagonistas de esas tardes de cine. Ahí fue donde conocí a Stephen King, con El resplandor, Misery, incluso Sometimes They Come Back, una peli de bajo presupuesto hecha para TV.

Con ellos vi El exorcista –recuerdo que a esa edad El exorcista era una película casi prohibida–. Me contaban historias de gente que tuvo que irse del cine en ambulancia del miedo, que su protagonista había sufrido crisis nerviosas después de hacer el filme, que uno de los actores había muerto por una maldición… todo tipo de leyendas urbanas rodeaban a esta película y yo cada vez sentía más curiosidad, más ganas de verla.

En uno de esos domingos ansiados, llegué al video club, me puse a examinar algunos de los estrenos, pero yo sabía por lo que iba. Fue como que Pazusu me llamó y me susurró al oído: ES HOY. Y entonces la tomé entre mis manos y lo dejé salir:

–Yo quiero ver El exorcista.

Le dije a mi tío, provocando que él levantara una ceja como estudiando cuan en serio lo decía. El dependiente del video club también se unió y preguntó: “¿El exorcista?”

Prosiguió un pequeño duelo de miradas que hubiera parecido dirigido por Sergio Leone. Sin volverlo a ver mi tío dijo: “Sí, El exorcista”.

Recuerdo que sentí un temor muy grande cuando vi que la cosa se hacía realidad, estaba a unos minutos de ver la película que encarnó al diablo.

Ya en casa cerramos las cortinas y apagamos las luces, sacamos el litro de helados napolitano y arrancó esta obra maestra de William Friedkin

Y la vi, la aguanté, me cagué del susto, me cuestioné cosas, pero la disfruté plenamente…

Cuando terminó, no podía creer que una película pudiera hacerme sentir las cosas que sentí. Y se consolidó esta historia de amor por los monstruos, los fantasmas, los demonios y las cosas inexplicables. Pero, sobre todo, la increíble noción de que una película tan bien hecha y tan bien ejecutada pudiera levantar tantas pasiones y leyendas alrededor de ella. A esas edades ya uno va desarrollando pasiones y empezando a moldear la personalidad y el horror ha sido parte de mi vida siempre.

Amo lo que una buena peli de miedo puede despertar en uno. Amo los monstruos y los demonios bien construidos, amo una historia de fantasmas que me sorprenda. Amo la redención de un buen antagonista, un demonio expulsado y una casa exorcizada.

Casualmente este 31 de octubre se cumplen 10 años desde que estrené mi primera peli de horror, El Sanatorio, una peli que me dio muchos momentos felices. Hice este playlist pensando en estos momentos en que he vivido un amor intenso por el horror, si lo escuchan de forma secuencial casi que pueden vivir el viaje o la curva dramática de algún personaje. El horror es un género incomprendido, pero hay mucho amor en el horror.

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Soy Miguel Gómez, estudiante de cine desde que tengo memoria. Me gustan las historias bien contadas, una vez documenté el primer viaje de Maikol Yordan por Europa, otra vez fuí con la sele a Italia 90 y me gasté mis ahorros para hacer mi primer película. Amante del horror y la comedia.


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