Por Arturo Pardo

Su primera película, El despertar de las hormigas cumple un año de giras y reconocimientos.

El 13 de febrero del 2019 la película El despertar de las hormigas se estrenó en Berlín. Prácticamente un año después, el audiovisual ha hecho un recorrido de cerca de 50 festivales internacionales y ha cosechado reacciones profundas por su forma y fondo.
Antonella Sudasassi dirigió una película que trata sobre Isabel (Daniela Valenciano), una madre joven con dos hijas que vive en el campo. Su vida avanza con la rutina de una mujer típica para su perfil, hasta el momento en que se replantea su rol dentro de su familia, se cuestiona su vida y toma la elección de decidir por ella misma.

Con motivo de su presencia a finales de enero entre las cinco finalistas a los premios Goya (España) a Mejor película Iberoamericana, la directora tica habló sobre este año en que su película giró por el mundo generando una conversación reiterada sobre micro machismos y el rol de la mujer.

¿Qué significó la nominación a los Premios Goya, tomando en cuenta que ninguna otra película centroamericana había sido considerada antes?

Los Goya vienen a ser una cereza en el pastel en el recorrido de la peli por su importancia. Sin embargo, la Berlinale (Berlin International Film Festival) fue el mejor estreno que pudimos haber tenido; es de los mejores festivales del mundo, clase A y eso le abrió muchas puertas a otros lugares.
Cada premio que recibió le iba sumando trayectoria a la película, generó más resonancia y, al final, gracias al esfuerzo que se hizo de promoción en España, termina siendo nominada a los premios Goya. Para nosotros fue una locura, fue una experiencia súper bonita haber estado allá. La peli todavía sigue recorriendo muchos festivales, tanto grandes como pequeños.

¿Te ha generado sorpresa alguna reacción de alguien por la lectura que pueda haber hecho de la película?

Sí. Cuando hicimos la película, queríamos contar la historia de una mujer que duda, que cuestiona las cosas. A veces repetimos todo sin cuestionarlo y eso funciona para todos en cualquier contexto. También tiene que ver con las expectativas de lo que la gente espera de uno. ¿Hasta cuándo son nuestras propias expectativas y hasta cuándo las de los demás? Eso genera además un diálogo.
Para mí fue muy rico encontrarme con todas las lecturas que hacen las personas. Habíamos presentado la película frente a diferentes públicos, inclusive frente a diferentes culturas, y en Costa Rica pasó que muchas de las mujeres que vieron la película, reclamaban no creer que el personaje, al final, se comporta como lo hace. Me decían cosas como: “Si yo le hago eso a mi marido, amanezco muerta”.
¿Qué tan normalizada está la violencia, que esperamos más violencia?
Les parecía que ese final no resultaba tan creíble. La gente está esperando más violencia y no se creen a un personaje que es capaz de reflexionar. Eso me llamó la atención, cómo aquí –en Costa Rica– había una expectativa de más violencia de parte del hombre.

¿El hecho de tocar estos temas de micro machismos cerró puertas en alguna parte?

Realmente no, ha sido lo contrario, la peli llega en un momento en que se está hablando de estas cosas y más bien aporta al diálogo. Han surgido movimientos como #MeToo y #NiUnaMenos. Son muchas personas que empiezan a reclamar constantemente la violencia y dicen “basta”. La película suma desde otro lado, porque no retrata violencias explícitas, sino que muestra las que no se hablan y que, por lo general, vemos demasiado naturalizadas y hasta pensamos que no es violencia.
Pero si ves a una mujer casada cuyo esposo le exige que quiere tener un hijo y la obliga a tener relaciones sexuales. ¿Acaso no es violencia? La película abre puertas ahí y encuentra espacio en muchos lugares y festivales porque suma al diálogo y eso es valioso.

¿Te gustaría seguir tocando el tema de género para futuros proyectos?

Es inevitable, primero porque estoy haciendo la tercera parte del Despertar de las hormigas, un documental que trata sobre la sexualidad en mujeres adultas, casi como imaginar a nuestras abuelas hablando de sexo. Busco desestigmatizar y tratar de romper tabúes en torno a la sexualidad en la vida adulta.
Todavía hay muchas cosas de género que afectan, impactan y que están muy presentes. Me sorprendo al encontrarme con testimonios de mujeres para las cuales los roles de género estaban más marcados, como lo que sale en la película.
Como mujer, sabiendo que existen muchas cosas por cambiar en esta sociedad trato de hablar sobre lo que veo y me incomoda, todo lo que siento que está mal y que me genera muchas dudas, que no sé cómo resolver, entonces lo resuelvo por medio de las historias.

Los actores Leynar Gómez y Daniela Valenciano junto a la directora Antonella Sudassassi.

¿Cómo describirías el papel de las mujeres en el área de las producciones cinematográficas en Costa Rica?

Me hace muy feliz ser parte de un grupo de mujeres directoras que hemos tenido la posibilidad de liderar procesos, con películas que han dado mucho de qué hablar. Están desde Ishtar Yashin, Paz Fábrega, Sofía Quiroz, Alexandra Latishev o Patricia Velásquez, entre otras.
Son un montón de mujeres que están haciendo cine y eso es una gran particularidad que ocurre en Costa Rica, pues no sucede en todos los países y menos en los países de cines emergentes.

¿Y por qué acá será que se da una excepción?

Creo que tiene que ver con los años de inversión en la educación. Esta es una cinematografía tan incipiente, sin las estructuras de un sistema más consolidado, que tiende a generar una brecha entre quiénes acceden y quiénes no. El hecho de que sea una cinematografía emergente ha ayudado a que esto cale. Tiene que ver con que las mujeres tienen acceso a estudios universitarios y a la posibilidad de dedicarse a lo que quieren. Eso lo estamos viendo en nuestra generación. Si te ponés a sumar cuál es la edad promedio de las directoras mujeres, ronda por ahí.

¿Qué te han dicho al hablar de esta excepción cuando has ido con la película a otros países?

Siempre surge el tema. En muchos de los festivales también lo notan, que hay muchas películas de directoras mujeres aplicando a festivales. Lo más enriquecedor es ver la cantidad de mujeres que aspiran en otros países a dirigir y se ven motivadas con estas historias. Se me acercan a contarme que quieren contar sus historias y me piden consejo para hacerlo, preguntan cómo fue… Para mí ha sido súper inspirador y espero que sirva de ejemplo para otras mujeres.

El Despertar de las hormigas fue representante de Costa Rica para los premios Oscar de este año, donde no hay una sola mujer entre las categorías de películas nominadas. ¿Hay sorpresa en que esto siga siendo una tendencia que se perpetúa?

Eso tiene que ver con quiénes votan en los Oscar, a pesar de que han hecho esfuerzos por ampliar sus bases, pero creo que es el 70% de los académicos que siguen siendo hombres blancos de clase media o media alta. Si quienes deciden tienen una visión de mundo muy particular, seguirán eligiendo esas películas. Además, tiene que ver con a quién se le confían presupuestos altos. Si una compañía tiene un buen proyecto y tiene un presupuesto alto, por lo general se le confía el trabajo a un director. Esto obviamente hace que las películas con más presupuesto, con más posibilidades de promocionarse para los Oscar, sigan siendo películas dirigidas por hombres.

*El despertar de las hormigas estará disponible en marzo en la plataforma de cine alternativo MUBI, Además se puede conseguir en formato DVD, por medio de Betta Films.

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