Por Roig Brenes
@ roig_

Tengo por costumbre coleccionar canciones y todos los años voy echando en un cajón digital las que me marcaron durante ese período.

Es así como puedo devolverme perfectamente al 2012 con un playlist de la antología de ese año. Creo que es un recurso al que recurro para compensar mi pésima memoria y así poder conservar intactos recuerdos, lugares y estados de ánimo del momento.

Gracias a esta manía de buscar y coleccionar, topé hace tres años con Kate Tempest:  poeta, rapera, dramaturga y novelista con 30 años recién cumplidos.  Me conquistó con Europe is Lost, un enano digno de otro cuento (porque no será en esta ocasión que hable de esta pieza).  Nunca la tildé de pitonisa, pues es imposible imaginar que People’s Faces, publicada por ella hace siglos (a mediados del 2019), describiría de una forma tan fiel el inconsciente colectivo durante la pandemia… pero lo hace.

Esta canción, no sabía entonces, me acompañaría en medio del “Reacomodo”.

“aún cuando me quiebro y estoy débil

acudo solo a la estación, llorando,

porque puedo ver sus rostros…

cuánta paz recibo de los rostros de la gente.”

 

Y es que ese consuelo que ella encuentra en el rostro ajeno a mí, se me convertió ahora en nostalgia, en una angustia quieta al no poder obsequiar ni recibir la buena vibra pasajera de una sonrisa anónima.  Por todo el bien que han hecho, las mascarillas me robaron los rostros de los desconocidos, y los extraño. Así también, la canción me pone a pensar en todo lo demás que extraño.

Extraño los abrazos, extraño los besos de hola y adiós, extraño los molotes y brincar juntos todos a un ritmo. Extraño pasar un puro sin la paranoia de enfermar a alguien y extraño cagarme de risa a panza suelta en el grupo de mi gente.  Y está bien aceptarlo, contemplarlo, decirlo, y soltarlo.

Ese es el poder casi mágico de una canción que uno hace suya: le pone palabras a eso que siento al mismo tiempo que me reafirma que no estoy solo al sentirlo. Aún cuando seamos desconocidos de rostro tapado, esta canción entonces nos conecta.

Lo vi rugiendo

Lo sentí desesperado,

aferrándose a mis prendas

como un amigo en duelo,

me decía:

“no habrá nuevos comienzos

hasta que juntos veamos

que lo que solíamos hacer

debe morir”

Pero es difícil aceptar que

somos todos Uno y la misma carne…

 Me imagino que este deseo de conexión es una de las razones por las que la gente va a misa.  Yo la misa la recibo en canciones.

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Omnívoro en comida y música, aficionado a la fotografía. Socialista para unos y capitalista para otros, aspirante a feminista, agnóstico y hedonista confeso.


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