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Por Juliette Fonseca
Ilustraciones de Carlos Redondo

 

Recientemente me pasé a vivir sola por quinta vez. Por primera vez se me hizo difícil la tarea. Puede tener algo que ver que también recientemente entré a una nueva década de mi vida, pero la edad no tiene vela en esta historia.

Lo que me costaba de mi nuevo espacio era disfrutarlo. Fuera de dormir y comer, detestaba estar ahí porque en ese lugar no me topaba a nadie más que a mí misma y ¿dónde más (en la GAM, al menos) pasa eso? En todos lados estamos rodeadxs de personas o estímulos, pero en una casa silenciosa un domingo por la tarde, nada más que unx está pasando.

Al principio huía. Cada vez que tenía que estar en mi casa salía más rápido de lo que entraba y me iba al parque, al café, al otro café, al AM, al Fresh. Si bien era genial que finalmente estaba logrando los 10,000 pasos diarios que me vengo proponiendo desde el 2015, no tan genial era la plata que estaba gastando y las exageradas cantidades de cafeína que estaba consumiendo.

En una de tantas noches de insomnio inducido por mis excesos de café, dije basta. Abrí la computadora a las tres de la mañana (que luego leí es una excelente hora para lo que estaba por suceder) y Google, escribí, ¿por qué odio estar sola en mi casa? ¿es porque mi casa está embrujada? ¿por qué me tengo miedo? ¿es porque yo estoy embrujada? Hasta que finalmente llegué a la pregunta clave: Google, ¿qué rituales puedo poner en práctica para no tenerle miedo ni a mi casa embrujada ni a mi yo embrujada?

La pregunta fue clave, pero no porque encontré la respuesta en Google. Lo que encontré en Google poco me sirvió. Los artículos que salían me mandaban a comprarme un libro de 40 euros en Amazon que solamente estaba disponible en Europa, o me mandaban a invertir 200 dólares en aceites esenciales y hierbas que no existen ni venden en Costa Rica.

Los artículos que no caían dentro de esas dos categorías tampoco me servían porque recomendaban rituales exageradamente complejos, como “Rituales para la luna llena durante un eclipse de luna en Acuario con Saturno en conjunción con Mercurio”, y no era ese día; o, “Rituales de Tina”, y ¿ cuántos tenemos el privilegio de una tina en esta país?; o, “Rituales para la Bruja que ya se leyó los tres primeros libros de Introducción a Brujería para la Chica Moderna que podés comprar en Amazon por 40 euros pero solo en Europa”.

Eventualmente me dormí sin un solo ritual a mi disposición, pero a la mañana siguiente sin darme cuenta de que eso era lo que estaba haciendo, empecé a crear mis propios rituales que sí me han servido y que ahora voy a compartir con ustedes.

“4 rituales realistas que nutren” es eso mismo: rituales sencillos y de bajo presupuesto que se pueden llevar a cabo con ingredientes que existen en su despensa/cuarto de pila, o en su Pequeño Mundo/vivero más cercano, y, lo más importante de todo, rituales que al menos a mí me han ayudado a hacerme más amiga y amante de mí misma y de mi espacio, embrujadas o no.

  1. LUZ: En Pequeño Mundo, desde no sé hace cuánto pero para mí es cosa reciente, venden candelitas en contenedores de metal. No me refiero a las clásicas que duran veinte minutos, me refiero a las que duran ocho horas. Estas velas son invaluables. Primero porque son baratas, segundo porque son, di sí, duraderas, tercero porque adonde se te acaba una vela podés decir con orgullo, Bien. Acabo de invertir ocho horas en brete/siesta/netflix/soledad.

Dicen que el tiempo con unx mismx es especialmente valioso para incentivar la creatividad (eso no sé quién lo dice pero yo lo sé y si lo sé es porque alguien ya lo dijo). Pero acercarse a la creatividad no siempre es fácil. Sentarse frente a la hoja o el lienzo o la guitarra o el lo que sea, no siempre equivale a un fluir de obras maestras u obras escuetas; más bien muchas veces equivale a otra visita al Fresh Market. Aquí es donde entran las velas: estoy sola, sábado por la noche, quiero escribir porque lo vengo planeando desde las 7 a.m. del lunes, enciendo la compu, me siento frente a ella, veo venir al pánico que me quiere jalar al Fresh, enciendo una de estas velas, la observo el tiempo que necesite, pienso que ella me va a acompañar mientras escribo, listo. La vela acompaña, se disuelve el pánico, escribo obras maestras.

  1. Este ritual puede aplicarse en cualquier espacio de la casa. Pueden, por ejemplo, poner una vela cerca de donde comen (que no siempre es una mesa, como en mi caso que es el sillón) y cuando el domingo por la noche se van a sentar a disfrutar ese festín que se prepararon para ustedes mismxs, encienden la vela para recordar que lo que están por hacer, sea cenar, escribir o ver videos en Youtube, puede ser tan especial y cálido como la luz de esa candela.
  2. VIDA: En Pequeño Mundo, desde hace no sé cuánto pero también reciente, venden suculentas. No las compren. Cómprense una planta donde quieran, pero no compren una suculenta. ¿Por qué? Porque las suculentas solo requieren como tres gotas de agua cada dos semanas, y unx con este afán de dar amor al espacio y a unx mismx va y la riega dos veces al día y en una semana ya se te murió. Consigan una planta que a cada rato tiene cosas nuevas que contar: Mirá, que hoy eché una hoja nueva por acá; mirá que este tallo ya me lo podés podar; mirá, que no me has regado en tres días y tengo sed; mirá que tengo ganas de echar flores, preparate. Y así se les va a pasar más de una mañana, conversando con una planta a la que eventualmente le van a poner nombre (Antonieta, en mi caso).
  3. AGUA: ¿Quién necesita una tina cuando tiene una palangana? No sé por qué en ninguno de los artículos en internet que recomienda bañarse en tina por 7 horas revelan que la mejor alternativa es la palangana. Los artículos siempre dicen algo como Bueno diay, ni modo, si no tenés tina bañate en la ducha. Nunca nada va a compararse con una tina, pero en todo caso ¿por qué estás leyendo este artículo escrito exclusivamente para lxs que tenemos la dicha de tener tina? La alternativa de la tina no es la ducha porque la alternativa es la palangana. Saquen la palangana, la llenan de agua a temperatura caliente, le echan sal, o canela, o cúrcuma, o lo que sea que tengan que sea natural porque lo natural es todo bien, metan los pies por el tiempo que deseen o necesiten.
    1. Un plus es investigar las propiedades que tiene lo que sea que le van a echar al agua, así mientras disfrutan del baño en palangana pueden pensar que se están desintoxicando o rejuveneciendo o energizando o tiñendo los pies de amarillo.
  4. SOLEDAD: Obvio que leer un libro es súper obvio ritual nutritivo, pero lo que tal vez no es tan obvio es el por qué. Está el por qué que sí es obvio: al leer un libro te metés en una historia y te vas en ese viaje y es hermoso. Pero lo que recientemente pensé, que a lo mejor para todxs ya era obvio y soy yo la que llegué tarde al hallazgo, es que esa autora o autor que usted está leyendo solamente pudo haber escrito esa hermosa historia dedicando mucho, mucho, mucho tiempo a estar con ella o él mismx. Nadie escribe un libro en media fiesta, nadie escribe un libro rodeado de lxs amigxs más cool de su Instagram. Para escribir hay que estar solx, y por eso cuando unx lee un libro puede acceder a ese espacio de soledad creativa que ocupó la autora o autor, y aquí el ritual es decir, Pucha si ellxs pueden generar momentos de expresión o bienestar o creación con ellxs mismxs, yo también puedo.

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