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Por Adriana Santacruz

Las mujeres hemos sido víctimas de las hormonas desde décadas atrás. Del mal genio causado por hormonas, de lágrimas inoportunas causadas por hormonas, calores desmedidos, peinados rebeldes, piel de adolescente en la adultez, apetito descontrolado. También de silencios prolongados, ojos blanqueados y suspiros no escuchados, por mencionar sólo algunos que se me vienen de repente a la cabeza. Nadie nos entiende, por culpa de las hormonas.

Lo que no sabemos, es que, al igual que tantas otras cosas, las hormonas no hay que sufrirlas. ¡Hay que entenderlas, ayudarlas y disfrutarlas! Sí. Disfrutarlas. Entender que nuestro ADN esta diseñado para tener ciclos sin dolor, sin inflamación, sin cambios inexplicados de ánimo o atracones de comida. Son días al mes que incluso pueden ser para disfrutar el resguardo y la calma. (Una habilidad que sí que hemos desarrollado en medio de la pandemia.)

Y la pregunta es ¿cómo? Miles de años atrás la medicina china brindó algunas pistas, sobretodo conectando el consumo de ciertas semillas a la fertilidad. En el 2012 el hashtag #seedcycling se popularizó enormemente adelantando a toda velocidad los años, gracias a las tendencias de volver a lo natural y a la viralidad de las redes sociales. Esta práctica resultó en mujeres felices, amigas de sus hormonas.

En principio, el método consiste en dividir en dos partes el ciclo menstrual. Los primeros 14 días, se complementan con el consumo diario de semillas de linaza y de calabaza para estimular y reforzar la producción de estrógeno. La segunda parte, del día 15 al 28, comienza la regulación de la progesterona, por lo que es necesario consumir diariamente semillas de ajonjolí y girasol.

Un método sencillo y práctico, sin efectos secundarios peligrosos, y con un potencial enorme de mejoras.

Suena bien. Pero no es magia. Hay mujeres que lo intentan, y a la vuelta de unos meses deciden, seguramente en un arranque hormonal, que no sirve para nada. Sin embargo, hay muchas otras que entienden que la magia no esta ahí. 

Paso 1.
Sin duda, conocerse, definir y personalizar esos 14 días al ritmo individual, sean 10, 13, o 16. E

Paso 2.
Revisar el sueño

Paso 3.
Los niveles de stress. 

Hay que pasar también por la revisión de la actividad física, bien sea caminar, yoga o entrenar para una maratón. No se debe olvidar la alimentación, asincerarse con la cantidad de azúcar que hay en el plato y la alacena, o con la recurrencia a lo altamente procesado, o con la fobia a la cocina. También, así sea difícil, hay que esculcar los miedos, las frustraciones y  la ansiedad.

Sin importar el orden de los pasos, es preciso reconocer también la energía que recibimos de nuestro trabajo, y de nuestras familias. Tener la certeza que, dónde y con quiénes pasamos la mayor parte de nuestro tiempo sean generadores de vibraciones altas. Y finalmente,  revisado todo esto, se puede esperar la magia de las semillas.

Me gusta pensar que las hormonas son como un rompecabezas que se va armando lentamente después de darle la vuelta a las fichas y tratar de ubicarlas una y otra vez. Cuando hay consciencia de revisarlo todo, de entender la sincronía de nuestros sentidos, es cuando sucede la magia y las semillas llegan al rescate. Con paciencia, con disciplina, con introspección. Con la liberación de todas la connotaciones negativas, y con la promesa a todas las mujeres, de finalmente, ser entendidas.


Adriana Santacruz es Health Coach con una vida pasada en el mundo de las finanzas de Bogotá. Podés seguir a Adri en sus redes sociales y apuntarte a alguno de sus cursos y charlas en línea.


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