Por Alejandro Trejos
@altrejos

 

 

Hace siete meses llegué a Costa Rica después de estar de viaje por varias semanas. No hubiera podido llegar después… Exactamente al día siguiente cerraron las fronteras del país a causa del COVID-19. Y yo, que ya estaba acá, tuve que cumplir dos largas semanas aislado en una casa en Santa Ana con Karlita y Glori, mis eternas amigas y compañeras de Qué Buen Lugar.

Para los que no saben, QueBuenLugar.com es una página web con información de lugares para ir a pasear. Dicho eso, imaginen que tengo más de 5 años de salir a pasear todos los fines de semana a un lugar diferente… En total he visitado más de 300 destinos, creando contenido con la información completa para que todas las personas puedan replicar la misma experiencia de manera gratuita.

Volvamos a la cuarentena. Durante el tiempo en que estuvimos ahí encerradxs hicimos de todo… desde cocinar y hacer ejercicio frente la compu, hasta arreglar muebles y el jardín. También intentamos, desde el patio, ver las estrellas. Tuve oportunidades y estrategias para encontrar distraerme, pero al final, por más que lo intenté haciendo de todo, llegó el momento en el que me di cuenta de que ya no podía más con el encerrón.

El día número 12, hacía una tarde como de diciembre (soleada perfecta). Eran las condiciones perfectas precisamente como para no estar entre paredes; además, la tensión en la casa estaba on fire. Entonces fue ahí, en ese preciso momento en que que me pasé la cuarentena por el culo y me fugué… 

Todo sucedió rapidísimo: volví a ver mi bici (que estaba en el patio gracias a Diosito) y, sin pensarlo mucho, entre gritos dramáticos la tomé, me monté y me fui. Llevaba una sonrisa como la de la carajilla que le sopló la vela al queque de su hermanita en el video que se viralizó recientemente.

Con esa misma sonrisota recorrí todas las cuadras del centro de Santa Ana, luego agarré por “calle vieja” con el sol pegando directamente en mi cara y sentía un chiflón que me puso los pelos de punta… yo solo me dediqué a disfrutar cada detalle.

Gracias a la restricción vehicular total, todas las calles estaban desoladas, solamente algunas familias caminando por las calles y el concierto de pájaros buscando donde pasar la noche. Puede que suene bien loco decir que de todos los paseos que he hecho a lo largo y ancho de Costa Rica, este es el que más he disfrutado. 

Cuando dicen “nadie aprecia lo que tiene hasta que lo pierde” es al chile, y esta cuarentena nos ha hecho pensar aún más en nuestra libertad y en lo afortunados que somos de vivir en un país tan lindo, donde hay una infinidad de montañas, cataratas, volcanes (estos no son infinitos pero sí bastantes) y playas a pocas horas de distancia.

Ya sea que saquemos al perro a dar una vuelta a la cuadra, o que vayamos a un lugar rajado… hay que vivir y apreciar cada instante.

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Alejandro Trejos, más conocido como “Trejos”, es arquitecto constructor. Le gusta escaparse a la montaña y sabe datos bien raros sobre cosas que a nadie le interesa. Le encanta jugar RummiKub e inventa jugar escondido en fiestas familiares de rocos.


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