Por Rodrigo Monge
@rodrimonge19

Fue cuando trabajaba en una cafetería cerca de la facultad de Derecho de la UCR que me di cuenta de que la música era parte vital de mi vida.

El que llegaba primero casi siempre ponía “alguito de música”, eso quería decir que le tocaba elegir el ambiente de la cafetería para esa mañana. Desde ese momento, no se porqué, pero empecé a llegar temprano al trabajo y nació la necesidad de tener música que nos acompañara a lo largo del día.

Destiné una parte de mis salarios a la compra de música digital, pues ni modo, si quería ir haciendo una buchaca de música, me iba a tocar pagar por esas versiones de algunas canciones o a ciertos artistas que no encontraba en Internet.

Pronto fui viendo la reacción de la gente a la música que yo decidía poner, y entonces entendí que la gente sí responde a lo que se está escuchando en el ambiente, en el espacio en que está. Con eso en mente, la música contribuía a que pudiéramos tener un buen día si se elegía la música correcta.

Un poco más adelante ya no solo compraba la música en digital, sino que también tenía parlantes, un receiver, tornamesa, cables y vinilos. Sentía que tenia la música en su estado más puro. Era así como el artista quería que escuchara su música.

Me encontré una imagen que comparaba la calidad de la música en digital vs la análoga. Es decir, toda la música que me habían compartido en formato MP3 sonaba como a estar a 10,000 pies de profundidad. Y, siendo así ¿como será que suena en la superficie?

A partir de darme cuenta de eso dejé de comprar música en digital y, en cambio, empecé a coleccionar vinilos. Lo más fácil de comprar siempre eran los vinilos viejos, los que nuestros papás habían decidido vender o regalar porque ocupaban demasiado espacio en sus casas. Y con esa posibilidad en mente, empecé a escuchar música de los años 1950 – 1965, que ahora es la protagonista de este playlist, precisamente porque está integrado por canciones pertenecientes a dicho periodo.

Todavía hoy, se me hace imposible no sentir ganas de tomarme una copa de vino o un destilado mientras escucho a Ray Charles, Little Richard, Kay Starr o Elvis. Con ellos en nuestros oídos, les hago la invitación de escuchar este playlist que funciona como un viaje a toda esa época dorada con sonidos que, aunque se sabe que son de antaño, no dejan de evocar grandes momentos. Si, al escucharlos, sienten que les provoca algo especial, podrán confirmar lo que les decía antes en este texto: la gente sí responde a lo que se está escuchando en el ambiente.

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Rodrigo suele andar de excelente humor pero especialmente cuando está escuchando música, cuando asiste a un concierto o cuando le sirvieron muy bien su comida, porque no su paladar no es fácil de complacer.


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