Por Natalia Milner
@gatimilner / @nati24k

Dicen que hay un hilo rojo que conecta a las personas. Yo creo que existen hilos de colores que nos conectan con los animales.

Tengo 15 años, voy camino a la pulpería del barrio y veo una perrita negra, muy pequeña, alargada y peluda. Algo dentro de mí se enciende y me dice: ¡Agárrela! No lo logro y se me escapa. 

Los días siguientes la veo de nuevo caminando por las calles de San Miguel, salgo con salchichas para intentar cazarla, pero no tengo éxito. Le pregunto a mi mamá si puedo meterla a la casa a lo que me da un no rotundo. Pasan los días y dejo de verla. Le pregunto a los taxistas piratas de la esquina si la han visto y me responden: “Ahhhh sí, la atropelló un carro un día de estos”. En ese momento me lleno de chicha y tristeza, la cual descargo sobre mi madre. Es culpa de ella que no hubiera sobrevivido. 

Una semana pasa, vengo llegando de San José en bus, es de noche, veo a mi mamá junto con mi padrastro corriendo por media calle, les pregunto qué hacen y mi mamá me grita “¡Vimos a la perrita!”. Le digo que no mienta, que la mató un carro y sigo mi camino hacia la casa. Ella me dice “¡Siii la vimos! Es negra, muy pequeña, alargada y peluda!” 


Con esas palabras tiene el 100% de mi atención, la vamos a buscar y en efecto estaba viva. La había atropellado un carro, pero sobrevivió debajo de unos cartones en una venta de pollos.

Cuando me acerco a agarrarla, no me gruñe, no huye. Ya se había dado por vencida, estaba muy herida y cansada. Al día siguiente la baño, la llevo al veterinario y le pongo Mila. Milagrito. Ella fue mi primer rescate. Milagrito se bailó a la muerte y vivió muchos años más a mi lado. 

Al día de hoy ya perdí la cuenta de cuántos animales he ayudado a vivir más años, junto a personas que los convierten en uno más de su familia.

Ser “la loca de los perros” me ha dado el chance de tener montones de perros en mi casa, he podido ver muchas segundas y terceras oportunidades, familias felices, perros en camitas calientes, así como adoptantes que desaparecen de la faz de la tierra, casos que me hacen dudar y tener vergüenza de la especie humana y hay días que siento que ya no puedo más. 

Pero luego veo un perrito corriendo por la calle, asustado, y dejo mis emociones de lado para ayudar a este amigo que no tiene la más mínima idea de qué está pasando. Me estaciono al lado de la calle, luces de emergencia (porque, obvio, es una emergencia) me bajo y empiezo a correr, y en ese momento nada más importa, todo queda en silencio y somos solo él, al frente, y yo atrás. Voy corriendo en pistas, llenas de carros y trailers, me gritan “¡Vieja locaaaaa!”. 

Yo solo necesito tener ese perrillo sucio en mis brazos y saber que no va a pasar otra noche en la incertidumbre de la calle. Mordiscos, arañazos, sangre, raspones, caídas, nada de esto tiene el peso suficiente para detenerme de hacer lo que amo. 

Existen tantos animalitos en la calle, en refugios, tantos perros y gatos que la gente deja al lado de la carretera como si fuera una refri vieja, como si fueran un par de zapatos pasados de moda, que de verdad tenemos que detenernos y pensar.

Cuando sientan que están listos para tener un nuevo integrante en su familia, visiten un refugio y déjense adoptar, les juro que cuando lo vean a los ojos se les va a encender esa chispa interna que sentí yo cuando vi a Mila. Van a sentir cómo ese hilo los va a amarrar por un tiempo increíble. Van a sentir cómo ese hilo los va a conectar.

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Nati Milner es ilustradora y artista gráfica de profesión, rescatista de animales a tiempo completo y más recientemente teacher de ilustración


 

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