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Por Sergio Leiva

En 2014, Mark freedman, publicó un artículo en la Harvard Business review titulado The dangerous myth of reinvention, en el que planteaba los peligros de creernos lo que él llamaba el mito de la reinvención.

Es decir, la historia arquetípica de película que a todxs nos encanta escuchar sobre alguien que, cuando parece que su vida está armada (por lo general en la segunda mitad de su vida), decide (por distintas razones) hacer un cambio radical y reinventarse. Dejando su pasado atrás y aprovechando este nuevo aire para crear la vida que siempre había soñado.

 

Más o menos al mismo tiempo que ese artículo fue publicado, yo estaba dando mis primeros pasos con Good Food, un proyecto relacionado con comida, después de años de trabajar en marketing, producción y publicidad.

 

Un periodista (como explicaría mi mamá lo que estudié) haciendo comida.

Como dirían los chiquillos ahora: WTF.

 

Estaba, supongo, reinventándome (Cosa que no era nueva en mi vida). O al menos así es como pareciera que funciona más la historia cuando la contaba: Me reinventé. Cambié todo. Me atreví. Me lancé al vacío.
Hasta leer el artículo de Freedman siempre había sentido que esas palabras eran casi excusas para que no me juzgaran.
Esas palabras suenan mejor que decir simplemente renuncié. Estaba cansado. Ya no estaba aprendiendo. Y ni se diga de la vagancia de decir me aburrí, quería hacer otra cosa, o aún más tétrico: Me rendí.

 

¡Dios guarde! Rendirse no tenía cabida en el mundo pre Covid. A pesar de que cuando nos rendimos (a nosotrxs mismxs y nuestros propios procesos) es quizás cuando más aprendemos, integramos y avanzamos.

 

Los últimos meses (porque ya son meses lo que llevamos en esto), ha habido algunas palabras que han llegado al hit parade de las palabras, siendo reinvención una de las estrellas de la temporada.

 

[Entra Nelson Hoffman diciendo: Y la palabra de la semana es: Reinvención.]

 

Reinvención versus integración

 

En su artículo de hace seis años, Freedman desacredita el mito de la reinvención, y lo califica incluso de peligroso, al contrastarlo con el concepto de integración, mediante el cual, en lugar de dejar nuestro pasado y aprendizajes de lado para reiniciar de cero, lo que hacemos es enfrentar el cambio siendo conscientes de todo ese conocimiento que viene con los años y que precisamente es lo que nos capacita para hacer los cambios cuando los debemos o queremos hacer. 

En otras palabras, o al menos así lo entiendo, lo que plantea Freedman es que en lugar de obsesionarnos con la idea de que estamos reinventándonos e inventando el agua tibia, es mucho más productivo y satisfactorio cuando simplemente asumimos, respetamos e integramos todo ese conocimiento y experiencia de años para canalizarla en el desarrollo o construcción de la siguiente etapa de nuestra vida.

 

En dos platos: todo lo que hemos hecho en nuestra vida hasta este momento nos ha capacitado para hacer lo que tengamos que hacer ahora. No se trata de una reinvención. Se trata de una integración con nosotrxs mismxs: darnos cuenta que, cuando nos toca hacer cambios, es porque ya estamos listos para hacerlos.

 

Esta semana quisimos explorar esa palabra de moda y ver adónde nos llevaba. Trabajamos una edición en la que hay historias que protagonizan o son contadas por personas que de una u otra manera caen en esa caja de haberse reinventado de una u otra manera en su vida. O como prefiero entenderlo ahora, personas que han tenido la posibilidad de parar para reconectar con ellas mismas e integrar.

 

Mauricio Villalobos con un playlist de lujo sobre artistas que lograron hacer ese proceso en los años ochenta. Silvia Hidalgo, colega comunicadora, empresaria y educadora. Arturo Pardo, el comunicador, actor, comediante y músico (entre otro montón de integraciones) que nos cuenta sobre Ligia, una ex gerente de una empresa de transporte internacional que ahora desarrolla mascarillas con materiales naturales biodegradables. Y Adriana Santacruz, la ex-ejecutiva financiera convertida en coach (por no decir gurú) de nutrición y mamá que nos dice en sus propias palabras que la reinvención es una mentira.

 

Explorar esta palabra me deja con la confirmación de que no se puede reinventar lo que ya existe y quienes, en esencia,  somos.  Porque lo único constante en  la vida es el cambio, y que los años y experiencias, con sus altos y bajos, nos están preparando constantemente para parar, integrar y seguir avanzando.


 

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