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Por Arturo Pardo

Actualmente se calcula que la cifra de personas desempleadas a raíz de la crisis económica por el coronavirus irá de 129.000 a 5000.000.  Sin embargo, un dato que no suele cuantificarse cuando se habla de los cambios en empleabilidad en este contexto es el de los empleos que dieron un giro, el de las ideas que, con ingenio, surgieron a raíz del momento de incertidumbre. 

La emergencia, sin embargo, ha evidenciado que no es capaz de apagar las mentes creativas: Las primeras y, hasta ahora únicas mascarillas biodegradables que se han fabricado en el mundo se están produciendo en Costa Rica. 

La idea que surgió de la noche a la mañana ante el contexto de la cuarentena, en cuestión de días le está dando réditos a un emprendimiento en Heredia.

Esta no es la primera vez que Ligia Álvares Paniagua tuvo una idea excepcional. Manos Creativas, su proyecto que iba muy bien a inicios de este año, se dedica a hacer empaques con cera de abeja, resina y aceites comestibles. Esto con la idea de que sean sustitutos de plástico.

Su primer invento bajo esta marca fue las “Enceraditicas”, unos empaques para preservar la frescura de los alimentos y prescindir de tarritos plásticos para refrigeradora. Luego vinieron también las “bolsandwich”, para transportar sánguches o snacks en bolsas de tela de algodón.

Esas inventivas no fueron cualquier cosa. La atención que generaron fue significativa. El año pasado Ligia fue invitada con sus productos a ExpoPymes, donde presentó sus ideas por primera vez. Luego, para el Startup Weekend del año anterior, entre 350 opciones propuestas la de Ligia y 49 más fueron elegidas. De todas esas ideas disruptivas, los bioempaques fueron condecorados como la mejor idea participante.

“Fue muy chiva todo el aprendizaje. Es un producto que lleva tiempo y no he contado con la posibilidad económica para meterle más. La idea se desarrolló, tuvo buena acogida y, a partir de eso, en la UNED recibimos una mentoría para la parte financiera, productiva. Con la gente de laboratorio y especialistas de Ingeniería Agroindustrial desarrollamos una fórmula 100% nacional, que no requiriera importaciones”, cuenta Ligia.

La motivación estaba al tope justo antes de que el coronavirus hiciera mella en Costa Rica. Súbitamente sus ventas cayeron a cero.

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No fue la primera vez que Ligia se enfrentó a un panorama inesperado. Cuando empezó a crear productos biodegradables y ecológicos fue en un periodo extenso de incapacidad. “Antes de eso yo tenía la vida resulta, como Gerente de una empresa de transportes de carga internacional”, cuenta.

Mientras vivía aquella complicada situación, notó la cantidad de plástico que se desperdiciaba en su casa, un tema del que no estaba al tanto cuando pasaba fuera de su hogar. Así se reinventó una vez…

¿Y en esta ocasión, qué oportunidad había de innovar? El contexto no ofrecía un panorama alentador para cualquier emprendimiento.

Ligia, sin amilanarse, peloteó ideas y notó la indispensabilidad de las mascarillas. Rápidamente se dio cuenta de que la solución estaba en su taller, entre los materiales que ya conocía.

Recurrió a la cera de abeja, que es fungicida, bactericida, impermeable y no permite paso de aerosoles. Como ya tenía contacto con la UNED encontró una alianza para hacer prototipos, con exámenes en el laboratorio interno y en otro privado. Así llegaron a crear las primeras mascarillas biodegradables del mundo. 

Como la cera de abeja está hecha para proteger de la lluvia y los patógenos, estos filtros, además de ser impermeables, mitigan el crecimiento de microorganismos.

La idea seguirá siendo valiosa más allá del tiempo prospectado para la pandemia, pues pretenden sustituir las mascarillas de polipropileno.

Cada filtro aguanta un máximo de 10 lavadas y luego se degrada en seis meses y puede ser desechado al echarlo en tierra con un poco de agua; sin la necesidad de una compostera industrial. Además, podría ser sustituta de la chispa para encender fogatas, pues es efectiva para combustión. En la mascarilla, eso sí, viene protegida por la mascarilla de tela lavable.

La fórmula de reinvención volvió a hacer efecto una vez más en la proactiva vida de Ligia.

El éxito del producto ha significado la contratación de un equipo de jefas de hogar que, en un lapso de casi dos semanas, han producido 1.500 unidades. Los productos se entregan únicamente por medio del servicio de Correos de Costa Rica.

Mientras las mascarillas dan de qué hablar y dejan bocas abiertas por su creatividad y utilidad, en estos días Ligia volvió a ser reconocida por las Enceraditicas: Recién ganó un premio económico de fondos no reembolsables de Crecimiento Verde de Procomer y está por certificarse como Esencial Costa Rica. Además, ganó en el Startup Weekend del MEIC.

“Yo he sido una persona emprendedora en cualquier ámbito. Tengo esa inquietud de no quedarme en un solo lugar, hay que reinventarse. Todas las capacitaciones me han ayudado a entender qué es lo que se puede hacer”, cuenta Ligia. 

A los emprendimientos les recomienda formalizarse para lograr mayor visibilización, poder recibir ayudas y hacer trámites en línea. Además, asegura que si hay alianzas entre Pymes se facilitan los encadenamientos productivos y eso, especialmente en momentos de reinvención, no trae más que beneficios.


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