Conversaciones ficticias

Por Diego van der Laat

Episodio 1: Fabián Monge

(retratos por Pablo Cambronero)

“All moments, past, present, and future, always have existed, always will exist…

It’s just an illusion here on Earth that one moment follows another one,

 like beads on a string, and that once that moment is gone, it is gone forever.”

― Kurt Vonnegut, Slaughterhouse-Five

 

 

(Al otro lado de la pantalla Fabián me sonríe. Tiene una sonrisa amable, como de otra época, de otro tiempo. Lo que más me llama la atención, digamos si tuviera que escribir un retrato —cosa que tengo que hacer— es su mirada. La mirada de Fabián pareciera ir y venir, como si el cerebro tuviera un pie puesto en “el ayer” y el otro en “el mañana” y es en su mirada adonde, por instantes, nos deja entrever que está aquí, que es ahora y que al Fabián que tengo enfrente, como a todos los demás, se le está fugando el presente.) 

 

FABIÁN: Yeah, mae, démosle. Un bicho raro, eso me gusta.

 

DIEGO: Mae esto lo estoy grabando y no sé qué va a pasar en el futuro cercano (digo en los próximos minutos) pero estoy casi seguro de que si luego transcribo lo que se va a grabar en esta conversación va a salir un bicho raro. Un bicho considerablemente raro. Es decir, no va a ser una entrevista, va a ser más como una serie de apuntes sobre nuestra conversación. Espero todo bien con eso.

 

(Más adelante en la conversación Fabián va a mencionar un cuento de un autor que yo todavía no conozco, que estoy a punto de conocer. Esto pasará más adelante, pero por eso lo escribo aquí, al inicio, por una razón que aún no es evidente para el lector, pero que espero pronto lo sea. El cuento del que me va a hablar es de Brian Aldiss, y en él, un hombre es el único sobreviviente de una expedición a Marte. El hombre está de regreso en su casa recuperándose, pero hay un desfase aparente, la comunicación entre él y las personas que lo rodean pareciera casi imposible. El tiempo de ese hombre del cuento ha cambiado y ahora vive tres minutos y trece segundos adelantado en el tiempo, es decir, vive tres minutos antes que el resto y esto hace que su existencia y la de los otros estén de alguna forma yuxtapuestas, como digamos “corridas”, confrontadas.

A Fabián le pasa lo mismo, por eso a veces responde antes de que yo le haga la pregunta.)

 

FABIÁN: Uf, el Fabián del pasado es pésimo con la gramática, pero al del presente le encanta el pluscuamperfecto.

 

(Alás, ven lo que les digo)

 

DIEGO: Lo hiciste de nuevo.

 

FABIÁN: ¿Qué cosa?

 

DIEGO: Respondiste antes de que te preguntara.

 

FABIÁN: ¿Y cuál era la pregunta?

 

DIEGO: ¿Cuándo el Fabián del pasado habla del futuro lo hace en presente?

 

FABIÁN: Todo esto de pensar en tres Fabianes, el del pasado, el del presente y el del futuro es, al final de cuentas, una herramienta de autoayuda. Es una forma de estar en paz con el Fabián del pasado y las cagadas que el mae hizo, pero también me ayuda a reconocer sus aciertos y agradecerle lo bueno.

Y también me funciona para darle al Fabián del presente esa función, o ese poder de justamente poder regalarle cosas al Fabián del futuro.

 

DIEGO: Talvez es una forma de quitarle presión al Fabián del presente, recuerdo creo, que era Seinfeld quien decía que el Seinfeld de la mañana detestaba al Seinfeld de la noche porque el de la noche insistía en quedarse despierto y era un desconsiderado con el Seinfeld de la mañana.

 

FABIÁN: ¡Ja,ja, exacto, antes yo hacía mucho eso como “jueputa Fabián del pasado me la hizo otra vez!” Pero no podía quedarme solo en eso, necesitaba ayuda, entonces empecé a considerar darle regalos al Fabián del futuro.

 

DIEGO: Y me imagino que esto puede ir desde cosas importantes y digamos trascendentales hasta cosas banales y ordinarias, que sé yo, digamos, que en la noche el Fabián del presente decide partir una sandía y dejarla en un tupper en la refri para el Fabián del futuro.

 

FABIÁN: ¡Exacto! y al chile que al día siguiente al abrir la refri y sacar la sandía partida veo hacia atrás y digo, “¡gracias Fabián del pasado!”.

 

 

(También pasa esto: al otro lado de la pantalla veo que Fabián está de rodillas en la terraza de Espacio Sabático, intenta limpiar del piso la pintura blanca que se regó de un tarro gris que está volcado en el suelo. Lola lo ve a la distancia y se acerca para ayudarle, y al hacerlo sin querer patea un tarro gris y lo vuelca y riega la pintura blanca en el suelo, la que Fabián estaba intentando limpiar antes de que se regara. Es algo así esto de los 3 minutos 13 segundos.)

 

DIEGO: ¿Mae, ese “dije” (le digo mientras señalo con el dedo la pantalla, esto evidentemente él no puede verlo porque está justamente al otro lado de la pantalla) lo hiciste vos? Es que hace unos días te vi en Instagram haciendo una piecita de joyería.

 

FABIÁN: Este lo hizo Lola. Yo hice uno hace unos días, es dificilísimo, yo no sé cómo Lola hace para estar ahí metida todo el tiempo, es difícil, por una semana no sentí los dedos.

 

DIEGO: Volviendo a los tres Fabianes (pasado presente y futuro) supongo entonces que a veces hay en tu cabeza una mesa de diálogo, una mesa de tragos sin tragos.

 

FABIÁN: A veces discutimos:

 

FABIÁN DEL PRESENTE (AL FABIAN DEL PASADO): ¿Mae por qué publicó esa vara si no estaba terminada?

 

FABIÁN DEL PASADO: ¿Qué vara?

 

FABIÁN DEL PRESENTE: Di esa (supongo refiriéndose a alguna pintura). No estaba lista.

 

FABIÁN DEL PASADO: Di, para mí, estaba lista.

 

FABIÁN DEL PRESENTE: No estaba lista, véala, evidentemente no estaba lista. La cagaste Fabián del pasado.

 

(El Fabián del futuro espera un poco paciente a que el del pasado y el presente decidan algo, espera que de alguna manera dejen de discutir y eventualmente lo pongan a trabajar en algo.)

 

DIEGO: Mae, me quedé pensando en la mesa de tragos sin tragos y pensé que si, digamos, un día te emborrachás y no te acordás bien qué fue lo que pasó, ¿como funciona entonces esa dinámica entre el Fabián de hoy con el de ayer, si el de hoy no recuerda lo que hizo el de ayer?

 

FABIÁN: Tengo que ser mi propio detective, tengo que descifrar que hice. A veces el Fabián del futuro se despierta y dice “¿Fabián del pasado qué hiciste?” Y pienso “¿por qué la gente no me odia? ¿Por qué no tengo más llamadas de lo patán que fui?” Y es porque aparentemente ese mae (Fabián del pasado) es un mae tuanis.

 

DIEGO: Eso te iba a decir, que aunque no te acordés de qué hiciste, si vos perdés el control de alguna forma sabés que el “piloto automático” es un mae tuanis, digo, alguien que hasta donde pudo se comportó, se despidió, no orino en la acera y luego al llegar a casa se lavó los dientes, se puso pijama, o algo así.

 

(Cuando el Fabián del presente habla sobre el Fabián del pasado lo hace con tal desprendimiento que de verdad por momentos creo que está hablando de alguien más. Ahora, es un desprendimiento que a todas luces pareciera ser sano, lleno de empatía y entendimiento y agradecimiento por el mae que lo llevó hasta aquí, hasta hoy.)

 

FABIÁN: También lo hago a propósito a veces, digo, si no quiero lidiar con X cosa, entonces digo, “no, no, esto se lo dejo a este mae” y vuelvo a ver al Fabián del futuro y el mae del futuro me ve y se ríe y me dice “jaja, me la hiciste”.

 

FABIÁN: Y al final es como esta inercia de Fabianes que lo que quieren es generar que todos los Fabianes estén, al final del día, felices.

 

(Todas estas son respuestas a preguntas que aún no le he hecho)

 

FABIÁN: Muchas de las investigaciones tienen que ver con la memoria, con recordar y eso activa una comunicación muy directa entre el Fabián del presente con el del pasado. Y trato de no culpar tanto al Fabián del pasado y al hacerlo entro en consciencia de que lo que hago hoy voy a intentar que no le genere culpa al del futuro. Y eso está bien, para qué más castigo.

 

FABIÁN: Sí, justo eso que me preguntás, es así, es como si los personajes estuvieran ya armados y entonces le calzan a cualquier persona. Y por eso la gente entiende y se identifica.

 

(Alguna vez anoté en algún lugar —luego perdí la nota— la idea “nada nueva” de una persona que logra construir una máquina para viajar al futuro, pero su máquina no es muy poderosa y esta persona logra adelantarse en el tiempo solamente una fracción de segundo. Estrictamente la máquina funciona y si la usara —cosa que no puede hacer— muchas veces seguidas, lograría adelantarse en el tiempo, pero su máquina necesita una fracción de segundo para cargarse, y es entonces que se adelanta, pero el presente lo empata, se adelanta, pero empata, esa era la idea.)

 

 

LOLA: (entra en el cuadro de la cámara) Hello!

 

DIEGO: ¡Hola! Ey me hacen falta, ahora que los vi juntos ahí del otro lado, eso, me hacen falta.

 

LOLA: Ahhh, mae más bien hemos estado diciendo que qué buen amigo nos hicimos.

 

(Nos hicimos amigos hace considerablemente poco, pero aquí el tiempo ya no es tiempo y da igual: nos conocimos hace siglos)

 

DIEGO: Sí, y estamos tan cerca. Bueno, de alguna forma.

 

LOLA: Sí, y vos cómo has estado, ¿has estado muy encerrado, verdad?

 

DIEGO: Sí, he estado considerablemente encerrado desde el jueves 12 de marzo, full paranoia. Pero ya últimamente he estado saliendo, por goteo.

 

LOLA: Sí, nosotros también, no tanto de salir pero sí hemos ido poco a poco recibiendo a gente cercana. Hay que hacerlo.

 

DIEGO: Sí, supongo que hay que ir poco a poco haciéndolo.

 

FABIÁN: Sí, hay que pensar en el Diego del futuro.

 

LOLA: Ya regreso.

 

DIEGO: Mae hemos hablado por una hora y veintitrés minutos, no sé bien qué tengo, pero algo tengo, fijo esta entrevista no va a ser el hit del verano, pero me gusta que sea esta especie de bicho que no sé bien por donde agarrar. Estoy casi seguro de que si luego transcribo lo que se acaba de grabar en esta conversación va a salir un bicho raro.

 

FABIÁN: Un bicho raro, eso me gusta.

 

DIEGO: Mae, ahora tengo que transcribir esto y creo que ya es tarde en la noche y creo que se lo voy a dejar al Diego de mañana porque di. Entonces al rato el Diego de mañana te busca para tocar base. Es tuanis esto de que existan tres Diegos, me podría acostumbrar creo, al rato si me gustaría cambiarles los nombres.

 

FABIÁN: Eso se puede claro, es como aquello de Fulano y Mengano. Fulano es una forma para referirse a alguien. Mengano es la forma para referirse a alguien que no es Fulano; Sutano es para referirse alguien que no es ninguno de los dos anteriores. Y Perencejo es uno que no es ninguno de los tres pero que además está en desacuerdo, en contraposición a los demás.

 

DIEGO: Me hiciste recordar a Reptilio, Mandrilok, Chalom y Buitro, pero eso no tiene nada que ver.

 

DIEGO: ¿Vos has leído a Kurt Vonnegut?

 

FABIÁN: Mae no.

 

DIEGO: Uf, siento que Slaughterhouse-Five es un libro que disfrutarías, trata de este mae que, dice algo así como “Billy Pilgrim has come unstuck in time”, como que se despegó de esa línea y ahora puede moverse de atrás hacia delante y viceversa. Está fijo en mi top 20 de la vida.

 

FABIÁN: Suena bien. Me hiciste recordar un cuento que se llama “A man of his time” de Brian Aldiss, es sobre un mae que va a Marte, no voy a spoileartelo (eso me dice justo antes de spoilearmelo) el hombre es el único sobreviviente de la expedición. El hombre está en su casa recuperándose, pero hay un desfase, la comunicación entre él y las personas que lo rodean pareciera casi imposible. El tiempo de ese hombre del cuento ha cambiado y vive 3 minutos y trece segundos adelantado en el tiempo, es decir, vive tres minutos antes que el resto. Entonces el mae responde antes de que le hagan las preguntas. Es bien loco.

 

(Recuerdo que en 1989 viajé con mi familia a Orlando Florida y recuerdo estar adentro de la bola de Epcot. Talvez una forma más decorosa de decirlo podría ser la esfera geodésica de Epcot Center, o bien “Spaceship Earth” que es el nombre que lleva ese viaje oscuro en el tiempo y que ayudó a cranear Ray Bradbury y que nos muestra la historia de las comunicaciones. Recuerdo que uno pasaba por las cavernas, el papel, el alfabeto, el telégrafo, Apollo 11 etc. etc. y al llegar al futuro, un niño en Australia —lo recuerdo por la seguidilla de estereotipos: los boomerangs y los peluches de canguros en su cuarto— hablaba con su amiga, una niña en Japón. Recuerdo que lo hacían a través de una pantalla y en tiempo real, recuerdo pensar: wow el futuro es ese, pantallas y videollamadas, y lo era.)

 

(Pienso comentarle esto a Fabián, hablarle de la bola de Epcot y decirle: mae ciencia ficción esto de ahora, todos en cuarentena comunicándonos a través de estas pantallas. Pienso en decirle lo extraño y triste y ajeno que siento todo, pienso decirle también que por alguna razón todo esto lo siento tan humano y tan amable, tan conmovedor. Pienso decirle esas cosas y agradecerle por esa hora y veintitrés minutos que acaba de regalarme, pero 3 minutos y 13 segundos atrás, los tres Fabianes ya se habían desconectado.)

 

***

Diego van der Laat es papá, escritor, artista y arquitecto.
Fabián Monge es artista visual y director de Espacio Sabático


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