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Por Dr. Esteban Andrejuk

El simple hecho del poder llamarnos a nosotrxs mismxs seres humanos nos coloca automáticamente en esta categoría, porque requiere comprender lo que significa SER humano y, para eso tenemos que poder pensar.

Nuestro cerebro es muy grande cuando lo comparamos con el de otras especies y es tan complejo que apenas estamos empezando a entender cómo funciona.

El poder entender cómo funcionamos es algo que nos diferencia de nuestros parientes más cercanos, los chimpancés. Pero lo asombroso es que toda esta diferencia en nuestra inteligencia se resume a una diferencia genética de un poco más del 1% con este tipo de simio.

A veces me pregunto si en ese UNO por ciento se encuentra nuestra conciencia humana.

Es impresionante como este minúsculo porcentaje de evolución genética en el desarrollo de nuestro cerebro nos permite concretar numerosas actividades racionales y elaborar pensamientos abstractos y creativos, permitiéndonos volar con la imaginación y conectar con la espiritualidad. 

Este 1 %, que nos llevó millones de años de evolución de nuestros parientes los primates, demuestra que nuestro desarrollo original ocurrió en el continente africano. Y, al parecer, algo muy extraño pasó cuando salimos de ese continente, ya que nuestra especie colonizó literalmente todo el planeta y se expandió rápidamente extinguiendo muchas especies.

Estudios antropológicos intentan explicar nuestro comportamiento exterminador como un mecanismo de supervivencia y adaptación, y aunque esa hipótesis pudo haber sido válida para justificar al ser humano del pasado, ya no justifica nuestro comportamiento actual. Porque justamente, hoy en día nuestro comportamiento destructivo nos está llevando a un punto tan crítico, que lo que está en juego es nuestra propia supervivencia. 

Al parecer, nuestro cerebro gigante es un gran apreciador de sabores, colores y texturas, y su inclinación por las grasas, los dulces y las proteínas, nos colocó en la cima de la cadena alimentaria. Nos atribuimos el derecho de comer a cualquier otra especie que se nos ocurra, y ahora nos estamos dando cuenta que eso tiene un precio muy caro.

Si observamos cómo está el mundo podemos concluir que nuestro comportamiento actual como especie es bastante irresponsable y amenazador, ya que somos los causantes de la extinción masiva de muchas especies a un ritmo sin precedentes. Y esta manera de comportarnos en el planeta está poniendo en juego nuestra propia existencia.

Muy resumidamente, los del clan “homo” nos encargamos de no tener competencia y además nos autodenominamos “sapiens”, porque pensamos. Pero la pregunta es: 

¿En qué será que estamos pensando al tener un comportamiento tan destructivo y competitivo?

Hasta el día de hoy venimos creando una crisis humanitaria y ambiental cada vez más evidente. Nuestra forma de comer y de consumir están destruyendo literalmente nuestra salud y también a todos los ecosistemas del planeta, sin excepción.

Tenemos un comportamiento tan autodestructivo que la mayoría de los seres humanos nos enfermamos y morimos por causas que están relacionadas directamente con nuestro estilo de vida como son las ENT (Enfermedades No Transmisibles).

¿En qué será que estamos PENSANDO los homo “sapiens”?

 

Al parecer, pensar no siempre implica tener buenas intenciones y si bien este comportamiento destructivo aparentemente poco inteligente es evidente, también es igual de evidente que dentro de nosotrxs existe un lado luminoso que llamamos amor y compasión. 

 

Aunque a veces no parezca, esta evolución de homo sapiens a homo “un poco más coherente” está ocurriendo ahora mismo dentro de cada unx de nosotrxs. O por lo menos si pensamos eso, tenemos más chance de evolucionar y sanar estos lados oscuros que tenemos como especie.

 

Porque el simple hecho de querer ser mejores personas nos motiva a estar más atentxs a nuestros pensamientos, emociones y acciones. Y esta posibilidad de elegir vivir una vida cada vez más consciente y coherente es la que nos transforma en la evolución del homo sapiens, convirtiéndonos en seres humanos espirituales, en el sentido más literal de la palabra.

 

Porque la espiritualidad humana es definida como la conciencia de que hay “una parte” que existe en nosotros que no se manifiesta materialmente y que está ligada a algo superior a todos los seres vivos.

La espiritualidad es un estado de conexión real con algo más grande que nuestro ego, llámese Amor, Conciencia, Universo, Dios, Gran Espíritu, Naturaleza, Unidad, Esencia (etc), de la cual somos parte. Aunque la esencia de nuestra esencia es un misterio difícil de poner en palabras, en la práctica, es reconocer esa Fuerza Divina que existe dentro y fuera de nosotrxs. 

Siento que nuestra espiritualidad nos mueve a tener una vida más coherente con nuestros valores, actuando más que predicando. Por eso, un ser humano que ha evolucionado espiritualmente es una persona sabia y sofisticadamente simple. Una persona que hace más de lo que habla. Alguien que está contento con lo que es y no con lo que compró. Alguién que aprendió que rico no es el que más tiene sino el que menos necesita, y que pobre no es el que menos tiene sino el que más necesita.

En la práctica los seres humanos espirituales son fáciles de reconocer sobre todo por la forma en que se tratan a sí mismxs y por cómo tratan a lxs demás, incluidos otros seres humanos, animales, plantas y la tierra.

Otras características de un ser humano espiritual es su simplicidad y su forma de manejar los conflictos sin hacer drama. Su servicio es genuino, siempre en colaboración y nunca en competición. Aceptar a las personas sin importar las diferencias aparentes, y de la misma manera aceptar las cosas “positivas” o “negativas” como procesos de aprendizaje. Pero la característica más evidente es irradiar una energía de amor, de belleza natural y de paz.

En resumen una persona espiritual es una persona balanceada, que trae equilibrio al planeta con sus acciones y su presencia. Pero tal vez la característica más importante que nos hace más humanxs, es el haber entendido que el éxito en la vida es sinónimo de amar y ser amado, de gozar de buena salud, de sentirse autorrealizadx y, sobre todo, de conocer la felicidad. 

Es fácil de entender cuando el éxito se mide por la gratitud que podemos experimentar en nuestro día a día. No importan los problemas, si está lloviendo o está soleado, si perdimos o ganamos, si estamos enfermos o saludables. La gratitud de sentir una conexión directa con la magia de la Vida nos permite soportar cualquier situación. Porque cuando somos conscientes, tenemos la capacidad de experimentar el amor, transmutando la energía vieja y destructiva, en energía renovada y constructiva. 

Creo que el verdadero potencial que tenemos como seres humanos, es el de usar nuestra conciencia, y sobre todo nuestra voluntad, para iluminar las sombras que nos acompañan históricamente y así encontrar el mayor tesoro, ser un ser humano feliz y saludable.

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