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Por Catalina Avellaneda
Antropóloga

Esta lucha por la igualdad de los derechos parece tener relevancia cuando hablamos de los adultxs. En parte se debe a que, cuando pensamos en ciudadanxs, pensamos en adultos. Pero, ¿qué pasa si por un momento no se nos olvida que lxs niñxs también son ciudadanxs?, o que los esfuerzos que hacemos por garantizar el cumplimiento de los derechos y por legitimar el lugar de cada uno en el mundo, también involucra a lxs niñxs.

Sí, la conversación gira en torno al matrimonio igualitario, y aunque esto luce como el permiso que el Estado le concede a dos personas del mismo sexo para casarse, es mucho más que eso. Se trata de reconocer y darle un lugar a la diversidad, a lxs otrxs que preferimos mantener callados e invisibles, para que no nos recuerden lo diferentes que somos nosotrxs.

¿Y esto qué tiene que ver con la niñez? 

Trabajar por hacer visible la cultura de la infancia me ha permitido conectar con una forma de ver el mundo increíblemente rica y compleja. Ver el mundo a través de la relación con unx niñx es suficiente para replantearse todo, y entender que la realidad a la que tenemos acceso cuando somos niñxs nace de las posibilidades.

 

O: “mamá y mami”. 

A: “no, papá y mamá”

O: “y mamá y mami”

A: “ah, y tú”

 

Esta fue una conversación que escuché entre dos niños de dos años. Uno estaba triste porque su mamá se había ido, y el otro, para consolarlo, le trajo las fotos de la familia de cada uno.

Haber estado ahí fue importante y toda una lección para mí. No solo pude ver a un niño acompañando a su amigo en un momento difícil, sino que pude ver cómo su experiencia cambió la manera en la que otro niño percibe el mundo.

Si podemos avanzar hacia una sociedad en la que la vida de cada unx suma a la de lxs demás, y ser parte de una cultura que nace de la diversidad y las posibilidades, entonces no hay excusa para dejar de hacerlo, y esto es válido para cada ciudadano, incluso desde antes de nacer.


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