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Por Shi Alarcón-Zamora

Se viene el matrimonio para parejas del mismo sexo. Todos los chats de grupos de amigxs de la comunidad LGBTIQ+ van y vienen con mensajes de un lado a otro. Sin duda, estamos felices, pero también existe una dosis de realidad que nos hace pensar ¿Y ahora qué? ¿Qué implica todo esto?

Decidí preguntar en varios chats la siguiente pregunta: ¿Cuáles son sus sustos, miedos y preocupaciones del matrimonio igualitario, ahora que existe la posibilidad de que las parejas del mismo sexo puedan casarse?

Intentaré construir un detrás de bambalinas de los resultados de esta lucha.

De entrada, recibo mensajes como “De fijo hay un MONTÓN de gente que le da taco casarse, pero quién sabe que quieran salir públicamente a hablarlo”.

Le doy una vuelta y sigo insistiendo que me hagan llegar sus preocupaciones para compartir con ustedes.

 El resultado: Setenta audios con miedos reales (y yo me atrevería a decir miedos normales, comunes y hasta heterosexuales).

Categoría 1: ¡Esto va en serio!

En esta sección, agrupo todos los audios de personas preocupadas por las obligaciones que se van a adquirir pasado el 26 de mayo, si bien es cierto, ya tienen un compromiso, ahora es legal, existe la posibilidad de que las decisiones de ahora y el futuro pueden incidir directamente en la vida que tengo, no solo a nivel personal sino también como pareja.

“Antes podíamos vacilar que si a una le gustaba mucho alguien, podía decirle a sus amigxs: con este me caso. Ya eso no se puede decir tan a la ligera.” Este mensaje dio pasos para que todxs nos pusiéramos serios y dijéramos sí, esto va en serio. No solo legalmente, sino que va a quedar marcado ahí, en un papel para siempre.

Categoría 2: ¡Se nos acabó el clóset!

Otra preocupación va dirigida a que “si me caso, ya mi estado civil -el real- va a ser público, porque aunque yo tengo años viviendo con mi pareja, puedo fingir que es mi amiga, pero ahora diré casada y la siguiente pregunta será ¿Con quién?”. Es que el matrimonio significa un cambio, pero el estigma cultural seguirá un tiempo, antes de que a nadie le importe realmente, por mientras, muchxs de nosotrxs seguiremos con temor de dar el sí, porque justamente los espacios en que nos desarrollamos no son seguros, “y bueno, yo no voy a poner mi trabajo en riesgo por una boda”.

Categoría 3: Mi familia no está lista.

Esta es de las más difíciles, a mi pensar. Personas que quieren dar el sí, pero que no se lo imaginan sin su familia acompañándolos. “Yo soy creyente, y ocupo la bendición de mi mamá, así que aunque me lo pidan ahorita, no sé si mi mamá esta lista y prefiero esperar”. No hay mucho que agregar. El amor una quiere compartirlo con quien ama y, bueno, la familia siempre será la familia sea buena o terrible. Falta mucho todavía.

Categoría 4: Cada unx en su casa y dios en la de todxs.

“No es lo mismo que yo esté 4 días o hasta 5 solo porque quiero a que ahora tenga que vivir con esa persona, ahora, si me aburro pues me voy a mi aparta y listo, pero si nos casamos tendré que verle la cara siempre”, preocupaciones que de fijo tienen todas las personas, esa sensación de que esto es para toda la vida y bueno, nadie ha hablado de divorcios igualitarios, “tampoco es que quiero ser el primer divorciado”, “pero que triste, ¿Cómo hace uno en esos casos?, digo, tanto que luchamos y ahora que no funcione”.

Categoría 5: ¿Cómo sabe unx que está listo?

Esta es la categoría más grande, empieza desde la inseguridad propia de “¿Debería esperar que me lo pidan (el matrimonio) o hacerlo yo?” y la posibilidad real de que no lo haga, hasta “¿Si todo está bien, para qué cambiarlo?”, la mayoría de mensajes fueron dirigidos a justificaciones de cómo discernir la señal verdadera sobre el amor, los vínculos, el ambiente y la forma. Eso, sin hablar de la presión de que ahora a las personas de la comunidad LGBTIQ+ ya nos puede dejar el tren. No es que antes ese mito del amor romántico no existiera, pero parece que ahora que el matrimonio es legal, todxs tenemos que casarnos. Cómo decía uno de los audios “Que cansado”

Categoría 6: ¿Cuál es la razón para casarme?

Por un lado, la gente que decía Estoy enamorado pero me da miedo. Porque el enamoramiento pasa pero llegó en este momento y tengo que aprovechar…” y otrxs que decían “lo hago para asegurar los bienes. Quién me conoce, sabe que no sería solo por estar enamorada, sino por seguridad patrimonial”.

Este mensaje dio para discutir si con el matrimonio venían los acuerdos prenupciales incluidos y cómo una los proponía sin lastimar al otro, la respuesta es, que al igual que con cualquier matrimonio: “no hay recetas”.

Categoría 7: Heterosexuales y diferencias irreconciliables

Amigxs de personas LGBTIQ+ preocupadas porque sus amigxs estaban en relaciones dónde una parte sí quería casarse, pero la otra parte no, o al revés. “¿Es acaso una diferencia irreconciliable?”.

Discutimos horas sobre si en ese sentido las ganas de boda, mataban las ganas del compromiso o ¿Cómo funcionaba?, hay gente que quiere pero no quiere decirlo por susto de ser rechazado, “Calladito más bonito”

Categoría 8: Lxs arrepentidxs.

“Teníamos 4 meses. Le dije: yo con usted me caso. Lo sentía en ese momento, nunca había dicho esas palabras, y fue lindo. Por los siguientes 3 meses planeamos nuestra boda. Ni siquiera habíamos vivido juntxs… Han pasado 2 años desde eso. Desde que empezó el conteo regresivo. No deja de recordarme los planes que teníamos. Yo lo quiero pero no sé si es el elegido y no sé cómo decirle que tal vez ya no quiera casarme”.

Creo que no hay más que agregar.

Muchas personas pueden pensar que con la legalización del matrimonio igualitario, todxs saldríamos directo a casarnos. Pero la realidad es que muchas personas están reflexionando ahora sobre lo que significa esto. No sólo a nivel personal, sino laboral, económico, etc.  En el futuro, de fijo habrá muchas bodas, y eso está muy muy bien.  Pero si ustedes no quieren hacerlo, también está bien.

Que exista el derecho a casarse no significa que tengamos que salir corriendo a buscar a alguien para lograrlo. Lo único real y sensato de esto es reconocer que la decisión de casarse o no ya no depende del Estado o de la religión, sino de nosotrxs mismxs y de nuestra capacidad de agencia, autonomía y autogestión.


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