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Por German Obando Soto

Iniciamos este año 2020 con grandes expectativas en el ámbito de la exploración espacial: la vuelta de las misiones tripuladas norteamericanas tras el cese del uso de los transbordadores espaciales en 2011 al ser excesivamente caros y poco seguros. Además, la participación del género femenino en los preparativos para los futuros alunizajes programados para 2024, año en el que la primera mujer pisaría suelo lunar tras más de medio siglo de ausencia humana en nuestro satélite.

 

La incorporación de la empresa privada, sobre todo Space X, del magnate Elon Musk, produjo un cambio radical en lo que antes era monopolio de la NASA, y que ahora en forma conjunta e incluso por su cuenta, esperan dar un salto cualitativo sin precedentes: 

 

1- Vuelos de suministros y de personal a la ISS 

2- Vuelos tripulados a la Luna

3- Vuelos tripulados a Marte

 

Sin embargo la humanidad no se esperaba un cambio tan dramático ocasionado por una coyuntura terrorífica en sus rutinas diarias, expresada en una sola palabra, sin una idea muy concreta en su significado e implicaciones durante más de cien años: ¡Pandemia!

 

Vimos con el transcurrir de los primeros meses, un cambio sin parangón en nuestra rutina diaria, y a pesar de lo avanzado de la tecnología actual, la vulnerabilidad de nuestra especie fue puesta en evidencia a lo largo y ancho del planeta. Ni siquiera las potencias mundiales hicieron diferencia en la lucha contra un enemigo invisible y potencialmente mortal: el Covid -19.

 

Irónicamente nuestro entorno globalizado del siglo XXI le ha dado a este virus el poder de llegar hasta el último rincón del planeta en pocas semanas.

 

Sin embargo este “alto obligado” nos ha dado un momento único para hacer conciencia de lo mucho que debemos aprender de los seres que coexisten con nosotros en un precario equilibrio, el cual a veces se puede inclinar en nuestra contra, tal vez porque la naturaleza, harta de nuestra displicencia en el cuido del planeta que habitamos, decide darnos una lección.

 

Es probable que con tal dosis de “ubicatex”, las repercusiones en todos los ámbitos del quehacer humano produzcan un mayor compromiso y respeto por el mundo natural, olvidado y explotado por milenios.

 

Es de muchos conocido nuestro afán a través de los siglos de colonizar nuevos territorios, a veces de forma violenta, cegados por adquirir riqueza y poder. Otras veces, con sed de conocimiento y aventura, como lo fue el día que fijamos la mirada más allá de nuestra atmósfera hace más de medio siglo. Lo hicimos hacia los confines del espacio exterior en la  búsqueda de, algún día, hacer realidad la fundación de asentamientos no sólo con fines científicos sino también comerciales en la Luna, Marte y más allá. Y sí, tal vez con el anhelo de descubrir vida en esos lugares distantes.

 

Esta pandemia ha despertado una unidad universal en contra de un enemigo común. ¿Por qué no seguir aplicándolo y fomentar la cooperación de aquí en adelante en una comunidad de naciones comprometidas con el desarrollo integral de TODOS sus habitantes? Es el momento justo para dar un golpe de timón al rumbo que lleva nuestra civilización tan dividida por ideologías, clases y fanatismos…y así llevar una nueva actitud en estos viajes exploratorios sin esas pesadas cargas.

 

A pesar de todos los retrasos ocasionados por el Covid-19 al programa espacial, las metas volverán a replantearse. Tras cada crisis mundial a lo largo de la historia, los avances tecnológicos se hacen más evidentes. Esto aunado a una nueva visión de conciencia global, podremos recuperar nuestros sueños de convertirnos en una especie multi planetaria. Podría darnos la oportunidad de valorar aún más nuestro propio mundo, los recursos de que disponemos y las otras formas de vida con las que lo compartimos y asumir así la responsabilidad que nos corresponde y hemos ignorado.

 

En el terrible pero probable caso de una catástrofe a nivel planetario, nuestros descendientes o un porcentaje de ellos, tendrían así la posibilidad de sobrevivir y continuar con nuestra especie y nuestro legado, el cual espero que sea muy rico en conocimientos científicos pero también en  lecciones de vida para las futuras generaciones. Lo considero sobretodo en épocas de crisis, donde los mejores atributos humanos salen a flote como la solidaridad, el desprendimiento y la cooperación… ¡Y así podremos considerarnos dignos de ir en pos del Universo!


German es diseñador gráfico, investigador autodidacta en Astronomía y Astronáutica, además de astrofotógrafo planetario y lunar y colaborador del Planetario de San José, así como miembro de la Asociación Costarricense de Astronomía ACODEA.


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