Por Anastasia Mora
@candelillaclub

Estoy acostada en la camilla boca arriba.

Me dice que respire tranquilamente para tomarme el pulso. Solo me siente el pulso. No hay preguntas. Solo silencio. No me gustan los silencios. Veo hacia el techo y pienso en todas las preguntas que quiero hacerle. Pasa como un minuto.

Estudió medicina ayurveda. Más bien llevó unos cursos. Estuvo en mi colegio, iba un año arriba. Me explica el proceso y cómo funcionaría a lo largo de los tres días del tratamiento. El proceso de un Panchakarma casero. La alimentación va a ser deliciosa; la hacen él y su esposa, los masajes a cuatro manos, el sauna ambulante, el desecho de toxinas, desbloqueos mentales, la limpieza del intestino y los enemas de aceite. ¿La limpieza del intestino? ¿Los enemas de aceite? Sí, pero vas a ver que una vez que te hagás esta limpieza hasta podrías quedar embarazada. Tu hígado está recargado. Esto es un plus. Quedo como nueva y, además, puedo tener los bebés que tanto me están costando.

Me voy para mi casa. Lo pienso varios días. No puedo ni orinar frente a mis amigas. Siempre les digo que abran el tubo o hablen porque no puedo. Y en esta desintoxicación tendría que desintoxicarme frente a la esposa de él mientras me hace masaje en el estómago. 

Lo comento con mi psiquiatra.

Hay silencio.

*

Empiezo los preparativos con la alimentación que me indican. Voy a quedar tan limpia que seguro voy a tener gemelos. O trillizos. Llegan a mi casa los del Panchakarma casero. Desayuno lo que me preparan. Meditamos juntos en el mezzanine. Estoy tan asustada que siento que ya el proceso de desintoxicación arrancó solito.

Bajamos a mi baño y sobre un mueble en la pared hay cinco galones de agua con una manguera. Eso va a entrar y va a salir. Ella empieza el masaje. Me habla muy lindo. Me dice que deje ir todo lo que no quiero dejar ir. Quiero decirle que si ella se va, yo lo dejo ir. CINCO. Cinco galones de agua. Tengo escalofríos. Hay un momento en que hay que dejar ir. Y todo se va. Él entra. No me dijo que él iba a hacer entrada triunfal en algún momento. Trae una jeringa sin la aguja, como de una cuarta. Es como para una vaca. Tiene algo amarillo. Me dice que es aceite de oliva. ¿Ése es el enema?! El aceite ya es parte de mí. Esto de fijo va a ayudar a que todo fluya.

Después un sauna y un masaje. Quedo agotada.

Duermo en la tarde. 

*

Me tengo que preparar desde la noche. Algo así como una taza de aceite de oliva con jugo de naranja y acostarme inmediatamente. Esto va a sacarme todas las piedras que tengo. Dice él. Me despierto de madrugada y vomito hasta conejos. Tengo mucho frío, pero sudo mucho. La camiseta de la pijama está empapada y la tengo pegada. Siento que me desmayo. Reynaldo me oye y entra al baño. No puedo ni hablarle porque siguen saliendo conejos, por todos lados. Llama muy molesto al ayurvédico y le dice que le diga ya qué me está pasando. Se va a consultar un libro porque le dice que es un procedimiento que está estrenando conmigo. O algo así. Reynaldo dice que nos vamos para la clínica. Me dejo de sentir mal. Ya no hay conejos por ningún lado. Él me dijo que contara las piedras. Habían como 78.

 

Tal vez ya no hay bloqueos en mi cuerpo.

*

Amanezco llorando.

Lo llamo para decirle que no puedo tomar más agua con sal. Que me vomito. Que no doy. Me dice que tengo que completarlo, que ya es el último día. Llegan con flores moradas y rosadas con escarcha. Las flores de muerto, las que huelen a muerto. Se sienten culpables. Me sale una débil sonrisa, los dejo pasar.

Lo mismo. Desayuno rico, meditación y a los cinco galones de agua que entran y salen. Dejo ir todo. Mis miedos. Mis bloqueos. Lo que no podía soltar ya lo suelto fácilmente. Ya podría hacerlo frente a un estadio lleno.

Se van.

*

Me quedo sola. Empieza una tristeza muy profunda.  Me quedo sin nada por dentro.

Estoy vacía. Quedo indefensa, lista para varias infecciones.

Quince años después todavía sigo buscando bienestar. Bienestar físico. Bienestar mental. Bienestar emocional. Y mejor todavía si es bienestar integral. Todos los bienestares me los pueden vender en dos toques. En clases, en tratamientos, en comida, en botellas, en sesiones cortas, en retiros, presencial y en línea.


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Anastasia es recién entrada a los 50’s, fan de la música de los 80’s. Le gustan muchas cosas en la vida, si son compartidas, mejor. Toma vino en vaso. Cree en las buenas vibras de la gente y en el humor como un remedio para casi todo.


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