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Por Catalina Avellaneda

@catalinaavellaneda

 

¿Qué aprende una persona durante sus primeros años de vida?. Esta pregunta no es poca cosa. Me recuerda a una parte en Infinity War, donde Star Lord, Iron Man y Drax se preguntan por Gamora:

 

S: ¿Dónde está Gamora?

I: ¿Quién es Gamora?

D: ¿Por qué es Gamora?

 

Las familias, la psicología, la pedagogía, la neurociencia, la filosofía, el arte, la antropología, cada uno de estos campos tendría algo qué decir al respecto. Pero voy a hablar de lo que he aprendido acerca de los seres humanos trabajando con niños de cero a tres años.

 

Antes del cero

Cuando una persona nace, nace siendo hijo de alguien, o dependiendo de algún tipo de sistema. Nace en un lugar y en una cultura particular. Es decir, mucho de quiénes somos ya ha pasado cuando nacemos, o visto de otra forma, al nacer, nacemos siendo parte de un conjunto de relaciones históricas, geográficas y culturales mucho más complejas de lo que nos imaginamos.

Desde que está en el útero, el bebé está expuesto al sonido y la cadencia de la voz de la mamá, su idioma, el entorno y el latido del corazón, hasta a los sabores de la comida. Desde ese momento, el bebé ya es parte de una experiencia compartida. 

Pensar que nacemos desprovistos de identidad sería una gran contradicción.

 

De cero a tres, el cuerpo manda

Una vez que el bebé nace, aprende de sí mismo a través de la manera como sus cuidadores lo tratan. Si esto se da en un ambiente amoroso, respetuoso y orientado a satisfacer sus necesidades de sueño, alimento y comodidad, ese bebé va a saber que es digno de ser amado y atendido, va a saber que puede contar con que alguien va a cuidarlo, y para el cerebro, ese tipo de consistencia es la base del aprendizaje y un desarrollo sano.

Por otro lado, el cuerpo de un niño es sencillamente perfecto. Siempre sabe qué hacer, lo que necesita y así lo comunica. Nuestra mano es nuestro primer juguete, si, la verdad no necesitamos tantas cosas, solo dos muy importantes: tiempo y respeto. Eso creo que aplica para toda la vida.

Imagínense que cuando el bebé descubre que puede llevarse el dedo a la boca para chuparlo, está resolviendo un gran problema, no solo de coordinación, resulta que está aprendiendo a darse la contención emocional que necesita, y esto, antes de aprender a hablar.

Si han tenido la oportunidad de ver a un niño aprender a gatear y después a caminar, entonces han sido testigos de la conquista de uno de los grandes hitos del desarrollo y la evolución del ser humano. Pero como nos damos cuenta muchos años después, el objetivo no es lo más importante, en el proceso el niño descubre principios del mundo físico, las cualidades la materia, las posibilidades de su propio cuerpo para resolver problemas y cómo interactúa con otros. 

Cuando el niño llega a decir sus primeras palabras, empezamos a tener pistas del mundo que ha ido integrando. “Mamá”, “papá”, el nombre de la mascota, el sonido que usa para denominar su comida preferida, todo esto esto nos permite asomarnos a ese paisaje que ha ido configurándose al interior de ese ser humano, tan complejo, que a veces nos cuesta verlo. 

En el primer año, antes de que tengamos una idea de nosotros mismos, nuestro cuerpo nos dice a través de los sentidos y el afecto de los demás, quiénes somos. Eso quiere decir que lo que nos define es la relación que tenemos con el mundo, y esa relación empieza por el cuerpo y la atención de nuestros cuidadores.

Más adelante, cerca de los dos años, entendemos que hay otros, y es normal que esa experiencia sea conflictiva, pero los niños suelen resolverlo de la mejor manera: haciendo amigos. Esta es la oportunidad que tenemos de hacer visible lo diversos que somos, cuánto nos necesitamos los unos a los otros, y eso incluye a cada ser vivo.

Después, cerca de los tres años, la autonomía, la posibilidad de tomar decisiones, el dominio del su propio cuerpo y la capacidad que tiene el niño para hacer sentido del mundo, nos expone a la capacidad que tiene el ser humano de crear. Y la naturaleza del juego, nos recuerda que somos las relaciones que tenemos con los demás y con nuestra cultura.

Bruce Perry, psiquiatra experto en desarrollo y trauma infantil, afirma que como el lenguaje, la empatía es una capacidad fundamental para la especie humana, la empatía define lo que significa ser humano. 

¿Qué aprendemos durante los tres primeros años de vida? No podría responder con exactitud, la experiencia de cada ser humano es diferente. Pero sí puedo decir cómo aprendemos, y esto es con amor, respeto, libertad y contacto con otros y sus culturas.


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