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Por Arturo Pardo

La incertidumbre que nos une como humanidad en un 2020 tumultuoso, no necesariamente pesa más que la que nos acompaña en nuestras cotidianidades. Conforme vamos dejando atrás el momento en que a nivel global teníamos tanto en común de forma simultánea, volvemos a identificar nuestras diferencias circunstanciales.

 

Así como por algunas semanas la cobertura noticiosa era monotemática, nuestra atención también se había enfocado inevitablemente en un único norte. Como si no hubiera nada más pasando en nuestras vidas que las burbujas, la encerrona y la inestabilidad económica, se nos había olvidado un poco todo lo demás que existía a nuestro alrededor.

 

Por otro lado, la solidaridad coyuntural sacó a relucir nuestras capacidades de contribución en remoto. La valoración de lo que tenemos en nuestras casas trajo (ojalá), el agradecimiento real de lo que siempre hemos tenido. Nuestros círculos sociales y familiares, reducidos o no, cobraron una relevancia inédita, así como el deseo y la necesidad del abrazo que todavía estamos limitadxs a dar.

 

Encontramos cómo el 2020 trae un llamado a la conciencia, cuando enfrentamos con algo de optimismo este año lleno de tumbos y giros, tan inesperados como consecutivos.

 

En un solo semestre hemos aprendido (un poco a golpes) la responsabilidad y capacidad que tenemos individualmente para cuidar a quienes nos rodean. Aprendimos a sacrificar nuestra libertad habitual, reducimos nuestras comodidades y aprendimos a conocer nuestra respuesta ante una circunstancia impensable.

En las últimas semanas también nos ha tocado aprender a identificar cuál es nuestro papel ante temas complejos donde encontramos (muchas veces con sorpresas) las diferencias de posiciones de personas a las que conocemos. Lo vimos a finales de mayo con la aprobación del matrimonio igualitario y lo vivimos en junio al tocar el tema del racismo (del cual hablaremos más a fondo en una edición posterior). 


Hoy, en esta edición, presentamos tres textos no referentes a estos temas en específico, pero sí con la presentación de autorxs cuya pluma nos recuerdan la diversidad de opciones que tenemos para enfrentar las circunstancias de nuestras vidas. Anastasia Mora nos regala un listado de recursos a los que podemos echar mano para contar historias. Con este recurso, no deja espacio para las excusas que suelen limitar nuestra inspiración. El playlist, cortesía de ella misma, también ofrece una herramienta de diversión que, para momentos aciagos de seguro traerá imaginación y alivio.

 

Iside Sarmiento nos abre una puerta que probablemente muchxs de nosotrxs no temíamos presente. ¿Qué diría el feng shui de esta nueva manera que tenemos para saludarnos con nuestros codos? En su texto hay un recordatorio del efecto que hay en la energía que emitimos y cómo podemos tenerla presente a la hora de saludarnos. 

Por último, esta semana inauguramos una sección extraña en un formato de entrevista que aún no estamos muy segurxs de lo que sea. Vale la pena aclarar que las conversaciones sí ocurren, pero se presenta acá con ocurrencias adicionales de por medio. Diego Van der Laat, cuyos textos ya hemos tenido antes, a partir de ahora contribuirá con conversaciones periódicas en este peculiar formato que oscila entre la realidad y la ficción.

El primer invitado en su lista es Fabián Monge, artista plástico, cuya obra ya ha ilustrado este Good Feed anteriormente. Los otros nombres que aparecen en su lista, sabemos, también aportarán contenido que no querrán dejar pasar.

El retrato de Fabián Monge fue tomado por Pablo Cambronero.


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