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Por Sergio Leiva

Hace siete años escribí esa frase en algún cuadernito de viaje, en una casita de madera y piso de tierra que parecía como una casita guanacasteca de paredes de tablón y cocina de fogón. Solo que en otra dimensión. En una isla. Y en las islas, o los lugares donde hay mucha agua, siempre me desoriento.

 

A esa casita llegué después de varias semanas de viajar casi en silencio por Indonesia. Tratando de entender rótulos en un idioma totalmente distinto mientras manejaba una moto, cosa que de por sí me da pánico, entre miles de de otras que pasaban como cobras deslizándose en un caos vial que parece fluir como si estuviera ordenado y bailando.
Había motos que cargaban familias enteras, otras,  jaulas con animales, materiales de cosntrucción y todos los demás clichés del sudeste asiático que le quieran agregar.

 

No sé si fueron las islas, o la isla en la que me metí en mi propio silencio, pero durante ese viaje observé cada cosa que ocurría con una calma intensa y con un nivel de atención que hacía mucho tiempo no sentía. Como un chiquito. Como cuando juntaba piedras en la playa: Como si todo me hablara, me despertara curiosidad y todo fuera nuevo. Porque lo era. (Como ahora, supongo).

 

Querido Yo:

me rendí a mí.

Yo gané.

 

¿Qué me estaba tratando de decir? ¿Y por qué tengo que ser tan místico? ¿No era más fácil escribir algo más claro, más al grano?

Hace unas semanas, cuando empezaba todo esto, porque ya ni es necesario nombrarlo, empecé a ver que la receta para cuidarnos se reducía a una palabra: aislamiento. Más allá de solo distanciarnos, entramos (o entré) en modo isla. Distanciándome por razones obvias, pero al mismo tiempo tratando de entender, a mi manera, todo lo que está pasando y cómo lo estaba enfrentando todo desde esa posición de observador que había logrado tener en aquel viaje de islas dentro de islas. Entre las primeras cosas que pensé, (después de paniquear, por supuesto) fue que cómo estarían viviendo todo esto los guardaparques de la Isla del Coco. 

No sé por qué me fui ahí tan rápido. Supongo que en mi cabeza estaba tratando de escaparme al lugar más desconectado del mundo en el cual pudiera pensar.

¡Qué dichosos! Pensé en algún momento – ahí de fijo no les llega este virus- , y luego, de inmediato, pensé en la angustia y la incertidumbre de estar en el paraíso y no saber cómo están las personas que uno quiere de vuelta en el continente.

Entonces, si el lugar más aislado del mundo tampoco es garantía para mi bienestar (que va mucho más allá de si se me pega un virus o no), qué es lo que logra ese período de aislamiento además de los beneficios obvios, recomendados y ordenados por nuestro señor ministro de salud.
¿Qué es lo que provocan las islas?¿Qué tipo de música producen?¿Qué tipo de cosas inspiran?¿Qué tipo de pensamientos produce el aislamiento y cómo podemos enfocar ese pensamiento en ideas colaborativas para construir el nuevo mundo en el que ya estamos viviendo? 

 

Si en este momento, con las puertas cerradas de nuestras casas, oficinas, negocios y fronteras, nos sentimos atrapados en nuestras propias islas, quizás la clave esté en darnos cuenta que la isla igual está conectada por el agua con todo lo demás, y que quizás, lo mejor sea enfocarnos en aprender a navegar de nuevo, para conocer otras islas y reconectar de maneras diferentes.

 

Esta edición del Good feed es la primera entrega de dos partes que giran en torno a la idea de la Isla: Desde la isla física, como en la entrevista de Arturo Pardo a uno de los guardaparques de la Isla del Coco, hasta las dificultades y aprendizajes que trae navegar una cocina como Good Food en este mar de realidad, en un ártículo corto y honesto por nuestro chef, Federico Lizano.

 

Además, compañamos esta edición con textos deliciosos de Adriana Santacruz, un playlist colaborativo entre Fernando Gazel y yo, y unas fotos únicas de Giancarlo Pucci, con quien es un honor contar para esta entrega.

 

Esperamos que el contenido de esta semana los disfruten desde su isla, donde quiera que estén y que de ese viaje interno, en el que uno conecta con unx mismx para reconocerse y rendirse a quienes realmente somos, salgan muchas ideas que nos ayuden a todxs a estar, ser y vivir mejor como sociedad.


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