Por Íside Sarmiento

Las superestrellas de la metafísica y el bienestar ahora están accesibles por tiempo indefinido. Las mejores versiones de aquellas charlas, talleres, clases, conciertos, canalizaciones, activaciones, desactivaciones y extravagancias new age e interdimensionales ahora están disponibles y son gratis.

Cualquier persona con un dispositivo electrónico inteligente puede acceder a lo que guste con solo un click.

A mí me encanta esta onda y estoy feliz del fenómeno, aunque un poquito mareada para decirlo de alguna forma. Me ha dado un efecto como el que me pasa cuando me paro divagante frente a la estantería de los vinos en el supermercado. ¡Hay tantos!

Algunos más rojos que otros, de regiones distintas, dulces, astringentes y afrutados. Al final todos embriagan. La resaca del día siguiente podría ser un factor determinante por considerar, pero como eso no se sabe hasta después de habérselo tomado, hay que probar. Lo mismo me pasa con el mundo energético: pruebo aunque me cuido de no beberlo todo.

La gran variedad de recursos digitales gratuitos para encaminarse hacia una mejor versión propia, aumenta cada día. Todos tienen el propósito de hacerte sentir mejor, pero la cosa es cuál escoger. Y en una especie de “Ciber FoMo” me pregunto:¿Rojo o blanco? ¿En mi idioma? ¿Liviano o con más cuerpo?

Personalmente quiero hacer yoga y chi kung en línea todos los días, con mis maestros favoritos. También ver las recetas de cómo hacer un huevo duro-suave de 6 minutos y las tostadas francesas de esa chiquilla española tan simpática de cachetes rosados. Y cada vez que entro a alguna red social me debato entre hacer la tercera ronda de las meditaciones de Chopra de 21 días o entrarle al taller “Becoming Supernatural” de Joe Dispenza. Ah, y ordenar el closet al estilo japonés de Mari Kondo, claro. Todo esto después de haber organizado la oficina y el escritorio, cocinado, limpiado y trabajado.

También me gustaría hacer los ejercicios de tonificación de piernas que hacen algunas de mis amigas. Las piernas es de lo que tengo más bonito.

¿Y si no hacemos nada? ¿Estaríamos muy mal? De todas las cosas energéticas que quisiera hacer en mi recién aumentado tiempo libre en casa, casi siempre gana lo que tengo más a mano. La meditación de la escoba, ver, amar o molestar al gato, encender la lámpara de sal con la misma intensidad que la música y prender algún incienso de esos chamánicos supersónicos como copal o salvia que todo lo arreglan, a todo volumen también. El Maha Mantra suena por lo menos tres veces a la semana, en varias versiones, y el Feng Shui intencional es pan de cada día.

Básicamente mi nueva varita mágica es el trapito de la limpieza, reconectando con mis más preciadas memorias de acceso inmediato real, no digital, y recordando a través de pistas, adornos, libros cómo es que he llegado hasta acá, ahora, a este presente tan inesperado de ciencia no-ficción.

A mí, lo que mejor me ha funcionado desde hace tiempo y que me ha servido montones en este momento, es ir de a poco. Sin sentir culpa de no poder hacerlo todo, con auto compasión y haciendo lo mejor que puedo cuando se me requiere, cosa que también varía dependiendo de cómo me siento en ese momento. Conocerme un poco más en la realidad que me armé hasta hoy, gracias mucho a esos cursos del principio, que he ido probando como casi todos esos vinos, disfrutándolos de a poco, probando el que da menos resaca y más gracia.


Íside es periodista, empresaria y experta en aromaterapia y Feng Shui. Podés seguirla en su página www.isidesarmiento.com

 


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