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La interminable lucha de la brecha salarial

Por Laura Valenciano
@laliscr

El mundo ha ido cambiando, las cuotas de poder han estado evolucionando, sin embargo acarreamos las consecuencias de siglos de discriminación.

El estudio más reciente de la OIT acerca de la brecha salarial entre hombres y mujeres menciona que en Costa Rica hay alrededor de un 7.8% de diferencia. Esto quiere decir que, por el mismo trabajo en el mismo puesto, los hombres están percibiendo casi un 8% más de remuneración.

La brecha salarial no solamente se manifiesta de esta forma, existe también durante la valorización de los trabajos que históricamente han sido asignados socialmente por género. Me refiero a los trabajos vinculados a la limpieza, el cuido y la preparación de alimentos. 

Adicionalmente a esto contamos con jornadas muy distintas. Considero que gran parte de la población está consciente de la división sexual del trabajo como una de las manifestaciones de la ideología patriarcal. Esta se refiere a la asignación de tareas específicas, a la división de tareas domésticas y tareas, entrecomillas, productivas, La invisibilización de las labores del hogar y labores de cuido y la expectativa de que se realicen de manera gratuita. Esto ha decantado en una segunda o tercera jornada de las mujeres, quienes, al finalizar su jornada laboral, adicionalmente deben realizar tareas en el lugar y de cuido y crianza de manera desproporcional ante una pareja hombre.

Según la encuesta del INEC las mujeres invierten, en promedio, 36 horas semanales en tareas del hogar mientras que los hombres invierten 13 horas en las mismas tareas. Esto significa casi una inversión de tres veces el esfuerzo en tareas no remuneradas. A la vez esta discrepancia significa menor tiempo disponible para las tareas con remuneración económica, o sea mayor dificultad de insertarse en el mercado laboral. Básicamente viene a significar una ventaja por parte de los hombres para el avance de su carrera profesional y progreso salarial.

La brecha salarial es un concepto misógino, no importa por donde se le vea. Nos dice que el mismo trabajo realizado es más valioso si lo realizó un hombre y corresponde reconocerlo. También nos dice de manera muy, muy clara que esa es la forma en la que tiene que ser, que quien debe preocuparse por hacer dinero es el hombre y que nosotros debemos estar contentas con tener un trabajo. Establece la primera entrada una discriminación estructural hacia las trabajadoras. Es casi como si fuera un traguito para devolvernos a la casa. 

A veces yo pienso si no será tan sólo una estrategia para mantenernos fuera del campo laboral: “aquí me discriminan entonces me voy a ir, lo peor es que nos discriminan de manera legal”. Cuando uno estudia derecho, desde que empieza la carrera constantemente hay la gente que comparte la pregunta de si una acción es legal o, más bien, si es ilegal.

Resulta que muchas cosas que están mal con nuestra sociedad y sobre cómo se ordena nuestra vida son legales, pero lo que la legalidad apunta es solamente la voluntad de quienes ostentaron el poder a la hora de legislar, y no qué está bien o mal. El mundo ha ido cambiando, las cuotas de poder han estado evolucionando, sin embargo, acarreamos las consecuencias de siglos de discriminación que se materializan hoy entre otras formas por medio de la brecha salarial. 

Necesitamos dejar ir los roles de género, entender que el género en sí es un constructo social que en algún momento se consideró indispensable para ordenarnos como sociedad. ¿Cómo íbamos a saber quién tenía que hacer qué sin los roles de género? ¿Cómo íbamos a asegurar que alguien hiciera lo que nadie quería hacer sin los roles de género? ¿Cómo íbamos a mantener el orden aún en situaciones de desventaja sin hacerle pensar a una parte de la población que eso era natural?

Hoy estamos en el 2021 lidiando con las repercusiones de un sistema que por muchísimo tiempo nos repitió que nos merecíamos menos por el mismo trabajo o incluso por más trabajo. Llegó el momento de cuestionarlo todo, de cuestionar el sistema, de cuestionar la legalidad, de cuestionar lo que consideramos justo y natural. La brecha salarial no tiene nada de natural; es un síntoma de una opresión moribunda en un mundo que ha cambiado muchísimo y le dejó sin espacio.

Una práctica con la cual ahora soy bastante insistente es el hecho de cuestionar el para qué de las cosas. Esto pasa, por ejemplo, con el hecho de que tenemos la brecha salarial y yo me pregunto para qué existe. Habrá quienes sostengan que la brecha salarial tiene sentido como un incentivo empresarial para la contratación de mujeres en la fuerza laboral. Quienes defiendan esa posición claramente muestran una desconexión de cómo funciona el capitalismo, ya que este no funciona de manera independiente del patriarcado, es decir, no existe uno sin el otro. Para mí, la función de la brecha salarial es la de la opresión, lejos de ser una acción afirmativa es una acción discriminatoria que le roba valor al esfuerzo de las mujeres en el campo laboral.