Por Roig Brenes

El martes 26 de junio de 2020 amaneceré casado con Sergio.
Así, sin más.

Sin necesidad de presentarme frente a amigxs, familiares y un abogado a firmar un documento.  Como llevo conviviendo con él por una década, a ojos del Estado nosotros tendremos los mismos derechos (y obligaciones) que el matrimonio de mi hermana o el de mis suegros, pues en Costa Rica las parejas que conviven por más de tres años son consideradas “uniones de hecho”. 

 

A partir del martes, si me enfermo grave, Sergio podrá visitarme en el hospital sin pedir permiso a mi familia sanguínea y podrá tomar decisiones sobre mi salud; si falto, él decidirá cómo serán mis honras fúnebres, y heredará.   De oficio, sin largos pleitos intrafamiliares, sin procesos legales distintos a los de cualquier otro matrimonio.  A partir del próximo martes, nosotros seremos más iguales al resto de los ticos.

 

Ha sido una batalla de muchos años, librada por muchas personas, algunas más conocidas que otras, pero valiosas todas.  Anoche conversaba con algunxs de ellxs sobre qué sentían al acercarse este hito, y qué viene después para el movimiento LGBTIQ+.  Uno me decía que luego de una justa pausa para reflexionar sobre el logro de acercarnos a la equidad legal, debemos tomar impulso para seguir luchando por la equidad social, aquella que aspira por ejemplo a que las personas trans tengan acceso a un empleo digno sin sufrir acoso y sin ser señaladas por prejuicio.   En una segunda conversación otra activista con un cuarto de siglo de lucha en su espalda me confesó que ella pensó que no viviría este momento, que a los seis años ella soñaba con casarse con su amiguita de la escuela, una de blanco y otra de traje.  Y que parte de la lucha que viene es para que otra niña de seis años pueda imaginar sin secretos casarse con su amiguita, que pueda además inventarse una ceremonia con colores, simbolismo y promesas distintas a las “tradicionales” sin temor a sufrir acoso y humillaciones.  Y en un tercer intercambio, otra activista me recordaba la responsabilidad que como sociedad tenemos para que personas adultas mayores LGBTIQ en albergues sean tratadas con la dignidad y el respeto que merecen sin ser forzadas a meterse de nuevo al clóset.  Y lxs adolescentes de Casa Rara nos envían estas joyitas:  “muchas personas aún nos ven como bichos raros o algo fuera de lo normal y eso no debe ser así”, “en general, falta la lucha mas grande:  erradicar la LGBTIQfobia”, “las personas intersex siguen recibiendo cirugías innecesarias sin consentimiento” y “…porque para llegarme a casar debo primero llegar y primero debo amarme…”

Foto por Ana Hinojosa

Los frentes son muchos, pero todos pasan por el camino de transformar con leyes, protocolos y sobre todo educación cómo entendemos lo que constituye sexualidad individual saludable: aquella que resulta de una maravillosa (y única) combinación de mi fisiología, de cómo siento y decido expresar mi género, y de cuáles personas me atraen, todo enmarcado dentro de un profundo respeto al ser amado.  La lucha cesará entonces cuando no exista necesidad de atrincherarse detrás de un acrónimo para definirse como persona y podamos desterrar finalmente el prejuicio de “lo normal” porque necesariamente habría que tachar a personas perfectamente saludables de “anormales”.

 

 En esta edición del GoodFeed exploramos las relaciones familiares, las de antes y las que vienen, teniendo como punto de inflexión el Matrimonio Igualitario.  Esta semana, mi sobrino de 11 años expresaba frustración por la injusticia de haber crecido sin un primo porque Sergio y yo no podíamos adoptar.  Esto me provocó cuestionamientos:  ¿De cuántas personas lindas nos habremos perdido por prejuicios? ¿A cuáles familiares no conocimos porque tuvieron que apartarse por ser distintxs? 

En su artículo, Arturo nos cuenta la histora de Pablo, quien hace un esfuerzo por conocer a su tío gay, autoexiliado desde hace 50 años. Catalina argumenta en el suyo que la infancia se ve beneficiada cuando el Estado admite el Matrimonio Igualitario. Y Shi pone el dedo en la llaga, desnudando miedos y preocupaciones de parejas del mismo sexo que ahora sí, se enfrentan a la legalidad de su relación. 

Por lo pronto este martes Sergio y yo amaneceremos siendo los mismos. Nuestra relación de diez años, con sus altos y bajos, sin cambios en su esencia. 

Pero estaremos más tranquilos sabiendo que ahora sí el Estado está de nuestro lado, y que finalmente todas las parejas seremos protegidas por la misma cobija.

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 Agradecimientos a Emma Chacón, Shi Alarcón, Marco Castillo, Gastón Fournier y lxs chicxs de Casa Rara que colaboraron en esta investigación.

Y otro agradecimiento enormede parte de todo el equipo editorial  a Víctor Fernández por apuntarse esta semana a armar un playlist que es perfecto para darle play el día de la celebración.

¡Felicidades a todxs!

 


 

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