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Por Irene Cerdas

De todos los aspectos de nuestra salud, el área sexual puede llegar a ser la que se quedó más olvidada. Probablemente al pensar en este tema, nos enfocamos en nuestra función sexual, es decir que todo esté “sirviendo” bien a nivel corporal, que nuestro sistema reproductor esté saludable, que las citas al urólogo o ginecólogo sean puntuales, que no tengamos dificultades para erecciones o para lubricar… Tal vez algunxs (ojalá) van más allá y piensen también en su deseo sexual, placer, intimidad, frecuencia o satisfacción. ¿O no?

 

Por mi experiencia, recordando las clases que recibía, diría que un tema como “sexo saludable” no era usado como un sinónimo de placer (para ambas partes) de intimidad, comunicación, confianza, diversión, exploración, espiritualidad, autocuidado, y/o amor propio. Me atrevo a decir que, muy posiblemente, “sexo saludable” todavía suele ser usado como sinónimo de sexo seguro (métodos anticonceptivos) libres de ITS, de pareja estable y monógama (cc no ser “promiscux” ) mamografías, Papanicolaous anuales, exámenes de próstata y por ahí…

 

Coincido con esto que leí en algún libro: Si uno tiene una vida sexual saludable es muy probable que tenga también una vida llena de salud general. La sexualidad incorpora mente, cuerpo, emociones, energía y espiritualidad. Nuestra salud también.

 

Entonces, ¿cómo podemos pensar en nuestra salud sexual y cómo relacionarla con la salud en general?

 

Es muy probable que las personas que tengan hábitos saludables como la actividad física, sin la necesidad de hacer ejercicios solo para estar fit, o que coman bien sin estar en constantes dietas o estrés por haber “pecado”, se sientan cómodos sin importar cómo se ve su cuerpo. Es posible que se sientan cómodxs desnudxs si pueden disfrutar plenamente del sexo sin estar preocupadxs por apagar la luz, o cambiar de posición- sacrificando así el placer. Lo mismo aplica para quienes conocen bien sus genitales;  saben distinguir sus partes, están orgullosxs o satisfechxs de su aspecto y saben cómo funcionan y qué les gusta y qué no.

 

También es posible que fomenten su autoestima, se amen y acepten a ellxs mismxs sintiéndose bien, aunque no sean “modelos de revista” y saben que pueden mejorar lo que no les gusta o, si no, hacer la paz con eso.

 

Estar en constante comparación con otrxs y autocriticarse son comportamientos tóxicos que debemos evitar. Tanto desde el nivel corporal, como desde el mental y emocional, tiene mucho peso en nosotros la forma en que vivimos ese aspecto “físico” de la sexualidad. Cómo nos sentimos sobre nuestro cuerpo/autoimagen influye directamente en la capacidad que tenemos de sentir placer o incluso de tener deseo sexual.

 

En el aspecto emocional y mental, reflexionen sobré cómo se comunican en una relación sexual. ¿Pueden pedir lo que les gusta o sentirse cómodxs diciendo que algo no se está sintiendo bien? ¿Sienten que son firmes al poner límites, al decir que tal vez no tienen ganas o qué cosas están dispuestxs o no a hacer?

 

¿Son receptivxs, honestxs, y compasivxs al de tocar temas sobre fantasías, alguna carencia, o simplemente para cuando la pareja exprese algo en relación a lo que hacemos o cómo lo hacemos?

 

Estas y otras preguntas reflejan cuán conectadxs estamos con nuestras emociones y necesidades y si somos capaces de comunicarlas. La tendencia suele ser que nos reduzcamos a complacer, callar, o reprimir. Por eso muchas personas no experimentan orgasmos en pareja, no disfrutan del sexo o buscan satisfacer sus fantasías afuera de una relación.

 

Todo esto es fácilmente traducido a cualquier otro aspecto de nuestra salud mental y emocional. Si no podemos tan siquiera comunicarnos con nosotrxs mismxs, mucho menos lo lograremos en otras situaciones íntimas o cotidianas. 

 

Una de las claves para el buen sexo es la comunicación, pero también lo es para las relaciones en general. Una persona complaciente, que niega o reprime sus necesidades, o que es incapaz de expresar sus sentimientos, difícilmente sea alguien que pueda liberarse por completo en la cama, que pueda confiar, que se sienta con derecho a pedir y sentir o que pueda crear de manera genuina intimidad con su pareja.  

 

A esta persona, igualmente, le costará arreglar una situación laboral injusta, o se sentirá constantemente frustrada porque las personas cercanas no le dan lo que quiere/necesita. Probablemente se vea siempre como víctima, o se conforme fácilmente con relaciones o situaciones, aunque no le traiga felicidad.

 

Si mezclamos la parte sexual con los factores como la energía personal o la espiritualidad, estamos entrando a un terreno un poco más complicado…

La energía o vitalidad con la que nos involucramos sexualmente también da señales sobre nuestras energías en el día a día. Por ejemplo, habrá momentos que buscamos un sexo más sensual, pasivo y romántico, otros en que queremos que sea salvaje y apasionado. También habrá otros en que buscaremos algo rápido pero placentero y otros en que, a lo mejor, solamente queremos masturbarnos.

 

No todos los días andamos con energías para darlo todo en el trabajo o gimnasio, para mantener conversaciones profundas, o para ir a actividades sociales. Ocurre lo mismo en el sexo.

 

La clave está en saber identificar esa energía, en cómo la estamos canalizando y cómo administramos cuando la sentimos baja o cuando del todo hay algo que no nos gusta. Solo el hecho de estar conscientes de esta energía y de cómo queremos usarla es saludable para nuestro organismo.

 

La espiritualidad creo que simplemente tiene que ver con cómo conectamos con nuestro “ser” (entiéndase alma o espíritu, o un Dios o el Universo… lo que sea). El sexo siempre ha tenido su lado espiritual, tomando en cuenta el tantra, el taoísmo o magia sexual de diferentes creencias. Tiene un vínculo con esta capacidad de sentir o de ir más allá del cuerpo, de percibir un sentimiento de expansión y conexión, de una energía colorida o inexplicable pero divina.

 

Quizá sea un tema demasiado esotérico para algunxs, pero si solamente “creemos en algo más grande que nosotrxs”, el sexo no se vuelve algo mecánico o superficial, sino que estamos abiertos a la posibilidad de sentir “más allá” de lo corporal. Lo importante es reflexionar, día a día, cuán conectadxs estamos con nosotrxs mismxs y lo que nos rodea.

 

Bastantes de las preocupaciones a nivel sexual (cuando se ha descartado- enfermedades, medicamentos etc.) tales como una libido baja, la dificultad de orgasmo en pareja, erecciones débiles o difíciles de obtener y otras, pueden tener sus raíces en una o varias de las áreas mencionadas antes. Con una pastillita no mejoramos nuestro aspecto físico, ni con una ida al psicólogo sanamos todas nuestras heridas. Lo mismo pasa con la sexualidad, no hay pastilla o técnicas para arreglos rápidos o fáciles, se debe invertir ganas, tiempo, amor y energía en todos sus componentes para estar saludable.

 

Por eso, considero importante que hagamos una reflexión de todas estas cosas tanto en nuestra sexualidad como en nuestra salud en general. Debe ser parte de nuestro chequeo constante en términos de calidad de vida, porque nos manifiesta cómo nos vemos, sentimos, comunicamos, pensamos y, finalmente cómo somos.

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