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Diana es la creadora de esa ya mítica analogía: 2019, la tagada sin frenos.

Diana Zuleta es fundadora y directora de Pulse. Un laboratorio y estudio de diseño basado en Costa Rica que utiliza tecnología para desarrollar productos, espacios y experiencias multisensoriales.

A Diana la conocí como comensal en Good Food. Llegó a hacer el programa completo por primera vez como cuando alguien llega nuevo al cole y se queda callado observando y llevando su proceso.
No fue hasta la segunda vez que la chineamos que empezamos a hablar en serio. O como decimos ahora, a ponernos al día con una amistad que nos debíamos desde hace treinta y tantos años.

Empresaria, diseñadora, directora, emprendedora; cualquier cosa menos aburrida, Diana es una de esas personas que cuando se proponen algo lo logran, por lo que no podía pensar en nadie mejor para arrancar esta serie de entrevistas a personas que admiro, sobre sus aprendizajes de este año tan movido.

Todos los derechos de propiedad intelectual de la tagada sin frenos son de la señorita Zuleta, y lo que compartió no sólo es honesto sino que lo deja a uno con ganas de seguir hablando con ella.

Gracias a Diana y a todxs los que participaron de estas entrevistas por abrirse y compartir con nosotrxs.

2019: la Tagada sin frenos™.

Por Diana Zuleta

No sé en qué momento se me ocurrió esa imagen pero me es perfecta: sobrevivir un ride de situaciones inesperadas, sin bejuco de dónde agarrarse, donde cada uno está viendo por lo suyo con cara de angustia y donde sólo el que logra llegar a balance, gana.
Ir montada en la tagada sin frenos no se parece a nada que haya hecho antes, y tiene lo suyo.

Aprendí sobre:

La muerte (para nacer de nuevo).
Este año muchas cosas dejaron de ser como eran, y gracias a eso todo se renovó. 2019 me demostró que no se puede lo uno sin lo otro. Y que lo más difícil, realmente, de los cambios, no son los cambios, sino soltar y renunciar. Renunciar. Para alguien que nunca renuncia era inimaginable que algo mejor estuviera esperando. Y si, algo mucho mejor esperaba. Sólo faltaba permitirlo.

El autoconocimiento (es una responsabilidad).
Desde hace un buen rato, mi existencia se acompaña de personas y dinámicas que me ayudan a conocerme y escucharme, y esta ha sido mi clave para avanzar entre tanta incertidumbre. Meditación, danza, alimentación, salud mental: no son un lujo, me ayudan a estar bien para mí y para los demás.

Los procesos creativos (fuente de vida).
Mi trabajo me exige todo y tras de eso, yo me doy durísimo. En un planeta/sistema/sociedad donde la productividad es la métrica de valor, descifrar y respetar mi proceso de pensamiento y creación ha sido todo un reto. Ha significado desafiar mis diálogos internos y dejarme ser. Poner en el mismo lugar al ocio y el hacer, la pausa y el nonstop. ¿En un año como este? ¿Pausar? Pausar.

Aunque estoy contando las semanas para que se acabe este ciclo, los últimos meses me han dado tantas alegrías y sorpresas y lecciones que no creo que se me vayan a olvidar muy fácilmente. Y en medio de todo, la fortuna de estar rodeada de gente incondicional, noble, generosa. Sólo con aliados de verdad es que uno puede construir caminos fundamentados en amor. Soy demasiado afortunada.
No sé qué venga ahora, pero no importa tanto. Espero al 2020 para navegarlo con el corazón en calma, sobre cualquier oleaje que toque. Porque de verdad, todo, siempre sale como tiene que salir, sale bien, hasta sale mejor.

Me acuerdo perfecto de la conversación que comenzamos en agosto, en el garage de Good Food, esta conversación que continúa. No nos costó nada reconocernos en una transparencia absoluta: dos tercos intentando entender, entre nerviosos y confiados.

Conectadísima con tus palabras, es poco lo que necesito agregar sobre uno de los mejores y peores años que recuerde, agradecida y feliz de esta ongoing conversation que espero siga infinita.

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