Por José Pablo García
@p__e__r__s__o__n__a

No tengo la menor idea.

En junio de 2017 después de una relación a distancia (bastante obsesiva) de unos 8 años tomé la decisión de mandarme y hacer un viaje que sí cambió mi vida. Pero en serio, sí la cambió. Lo que no sabía es que esa relación a distancia se iba a convertir en uno de los momentos más intensos, extraordinarios y mágicos que he tenido la oportunidad de sentir.

Y digo que una relación a distancia porque mi enamoramiento con Islandia comenzó cuando vi por primera vez el videoclip de Holocene, una canción de Bon Iver, banda de música que siempre me encantó. Entonces sí… no fue que nos presentaron a la primera. Pero por varios años estuve stalkeando a Islandia en Internet y redes sociales, hasta que finalmente entendí que sí estaba en una relación (al menos desde mi perspectiva, y hasta un poco obsesiva). Dato científico curioso: El Holoceno (Holocene en inglés), es el nombre de la época geológica en la que vivimos, que inició hace unos 11.700 años con el retroceso de los glaciares.

Y para no hacer muy largo el cuento que siento es toda una película en Islandia llegué a Snæfellsjökull, un volcán en la costa de una península, de más de 700.000 años, y que está literalmente coronado con un glaciar.  Es uno de los lugares más famosos de Islandia, no solo por la belleza impresionante, sino también porque fue ahí donde los protagonistas de la novela Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne (¡de 1864!), encontraron la entrada al centro de la tierra. Muy loco. Ahí estuve. A la parcita del cráter-glaciar. Solo. Con mucho silencio (porque además es como un desierto). ¡Pero fue tan intenso y tan “escandaloso”!

Además estuve acompañado con el sol de medianoche. Sí. Otra de mis obsesiones con Islandia: Un fenómeno natural que solo puede verse en el círculo polar ártico en fechas cercanas al solsticio de verano. El sol nunca se esconde. Y a esa hora (creo que eran como las 10:30 de la noche), el sol se mueve sobre el horizonte… pero como un atardecer que nunca se termina. Para una persona acostumbrada a la rutina de amaneceres y atardecer en el trópico, de muy poquitos minutos (y muchas veces lluviosos y nublados), ¡aquello era como detener el tiempo! Y sí… puede sonar como un súper poder. Pero puedo confirmar que sí es posible detener el tiempo… (o como mínimo: dejar de ejercer tanta presión y control sobre lo que hacemos y sentimos).

Ahora de vuelta al presente. Eso fue hace 4 años. Nostalgia. Recuerdos. Tal vez demasiada nostalgia. ¿Les pasa que se pierden demasiado en la nostalgia? Melancolía. Tristeza. ¡Qué tirada!

Hoy me levanté (con esa misma sensación melancólica que muchas veces me desespera) y tenía un mensaje en Whatsapp con una invitación a escribir una entrada para un blog con mi respuesta a la pregunta:

¿De qué estás enamorado?

¡Diay! No supe qué responder en el momento. Y sí… ¡me entró la pensadera! Me revolcó (tal vez un poquito más de la cuenta). Lo primero que pensé: No estoy enamorado de nada. No me siento enamorado. No me voy a volver a enamorar. Y además me cuesta montones explicar lo que siento. No voy a poder escribir. Me voy a estresar. Voy a perder demasiado “tiempo” viajando en mis pensamientos. Pero bueno… ¡sí me apunté! Y aquí estoy (tratando de escribir) una respuesta. Tratando de no ejercer tanto control sobre lo que escribo. Dándole más espacio a la intuición y al inconsciente… A ver qué sale… Pero, ¿qué va a salir si siento que no estoy enamorado de nada?  

Nunca se me había hecho tan difícil contestar esa pregunta. No me siento enamorado. Eso es lo más sincero y honesto que puedo contestar. No me siento motivado. No me siento feliz. No me siento con ganas. No me siento con pilas. En los últimos años me ha costado tanto volver a enamorarme… De una idea. De un proyecto. De un sueño. De un objetivo. De lo que siento. De otro ser humano. De la vida en este planeta. ¡De mí mismo!

¿Y entonces qué hago? ¿De qué escribo? ¿De cuando me enamoré de algo hace unos años? ¿De cuando me enamoré la primera vez? ¿De cuando soñaba y creía en la magia? ¿De cuándo estaba enamorado de mi carrera y mis sueños? ¿Cómo lograr no ejercer tanta presión sobre lo que hacemos, lo que decimos, lo que creamos? ¿Cómo hago para no viajar tanto en mis pensamientos? ¿Cómo hago para no compararme tanto? ¿Para sentirme menos inseguro? Pierdo demasiado tiempo en mi cabeza. ¿Pero qué put&s es el tiempo? Es tan relativo. Tan personal. Tan único. Tan cuadrado. Tan inventado. Tan desconocido. A veces tan insignificante. A veces tan importante. ¿Pero qué es? ¿Por qué me mete tanto carbón? ¿Por qué siento que me impide “enamorarme”?

Pero no… No quiero escribir del pasado. Y no quiero darle “bola” al tiempo. ¡Ya sé! Estoy enamorado de “la idea de enamorarme”.

Pero no solo quiero enamorarme de “la idea de enamorarme”. ¡Quiero enamorarme de verdad! ¡Y es que realmente quiero lograr eso! No hay nada que yo quiera más en este momento que enamorarme de algo, ya… hoy.

¿Por qué dejé de soñar? ¿Por qué dejé de sentir tantas ganas? ¿Por qué me cuesta tanto levantarme en las mañanas? Quiero levantarme con ganas de levantarme. Quiero sonreír con ganas de sonreír. Quiero crear con ganas de crear. Quiero volver a creer en algo. Quiero volver a soñar. Quiero volver a jugar. Quiero volver a emocionarme con cualquier cosa. Quiero volver a sentir. ¡Quiero volver a sentir intensamente (como si todo estuviera pasando por primera vez)! Quiero volver a asombrarme. Quiero volver a ilusionarme. Quiero volver a maravillarme. Quiero volver a creer. Quiero volver a sentirme libre. Quiero volver a inventar. Quiero volver a volar. Quiero volver a bailar. Quiero volver a cantar. Quiero volver a crecer. Quiero volver a conectar. Quiero volver a aprender. Quiero volver a compartir. Quiero levantarme y ver un amanecer (de vez en cuando, porque soy bien dormilón). Quiero disfrutar los aguaceros de las tardes. Quiero subir al techo más a menudo para ver atardeceres. Quiero escuchar la música que me gusta. Quiero tomar fotos. Quiero patinar. Quiero cocinarme algo delicioso. Quiero invitar a alguien a salir. Quiero hablar estupideces. Quiero cag%rme de risa. Quiero escuchar el viento. Quiero maravillarme con un pececito en el mar. Quiero que el tiempo deje de existir más a menudo. Mantras.

¡Islandia! ¡Qué importante ese viaje! Imposible no acordarme de Islandia después de escribir estas cosas. Un recordatorio importantísimo de que ese estado de enamoramiento no es solo un cambio bioquímico y una explosión de dopamina que nos hace sentir satisfacción… ¡también es una chispa tan fundamental para tener ganar de estar vivo! Respirar sin tanto peso, ver con ojos de asombro, sonreír de la forma más sincera posible, atracción, satisfacción, luz, fuego… Un recordatorio de que sí es posible volver a sentir intensamente. Ganas de un ikigai (¡una razón para levantarme todas las mañanas!). ¡Ganas de verme al espejo y sentirme guapo, tranquilo y seguro! ¡Ganas de sonreír, de crear, de compartir, de construir! Es que sin esa chispa… se me apaga… se me agota… ¡Qué ganas de enamorarme! ¡Qué ganas de reconocer que no es necesario viajar hasta Islandia para poder encontrar esa magia en los momentos más “insignificantes, rutinarios y ordinarios”! Quiero volver a vivir (con miedo, con nostalgia y con incertidumbre), ¡pero con mucha emoción y muchísima intensidad!

Y con esto termino porque me parece muy chiva para cerrar. Hace un par de meses terminé de leer Furiously Happy (Furiosamente feliz), un libro de Jenny Lawson que me recomendaron en un momento de mucha oscuridad, pensadera, ansiedad. Me acordé de esta partecita que creo representa muy bien esa “idea de enamorarme” que quiero ver materializada en forma de energía, motivación y magia: “A menudo he pensado que las personas con depresión han tenido que experimentar emociones con tal intensidad, que perfectamente podrían ser capaces de experimentar alegría extrema de una forma que las personas ‘normales’ nunca entenderían… ¡y de eso se trata #FuriosamenteFeliz! Se trata de tomar esos momentos en los que las cosas están bien y convertirlas en algo increíble. Porque son esos momentos los que nos hacen quienes somos, y son esos mismos momentos los que utilizamos en las batallas diarias cuando nuestro cerebro le declara la guerra a nuestra existencia”.

Quiero volver a enamorarme.  

——————-

Jose Pablo es productor audiovisual y fotógrafo. Pero también está aprendiendo a bailar y cantar. Le encantan los atardeceres y está muy interesado en explorar más el subconsciente, la magia y la creatividad. www.soypersona.com


2 Comments

Leave a Reply to Ines Cancel Reply