Por Georgina Mora Chavarría
@georginamorach

A mis hijas les parece gracioso que su mamá crea en seres extraterrestres.

 

Son los años 70 ‘s. Me transporto a esa galaxia muy, muy lejana con la esperanza de algún día encontrar a Luke Skywalker y la princesa Leia después de haber viajado en el Halcón Milenario de Han Solo. Pero ese día nunca llegó. 

Crezco, me caso y me convierto en una feliz madre de tres hijas, al volante de la famosa micro Toyota H1. Me dedico a choferear a tres machas preciosas en vez de Chewbacca y R2D2. El Halcón Milenario sigue intacto en esa galaxia lejana.

Mi hija del medio tiene unos seis años. Su maestra de la escuela se obsesiona con el tema del calentamiento global y todos los días les recuerda la antipedagógica idea de que si no se realiza un cambio drástico, el planeta en que vivimos podría inclusive llegar a explotar como muchos otros planetas y todos nos convertiríamos en polvillo de hadas titilando en el espacio.

Empiezan las pesadillas, miedos, ansiedades y demás traumas al punto de no querer ir a la escuela. No quiere que le recuerden cómo van a terminar sus restos flotando en el espacio sideral junto con toda su familia. Mi esposo y yo le damos vueltas al asunto por semanas para ver cómo podemos ayudarle a que ese miedo desaparezca y entienda que la maestra probablemente realiza la analogía con la mejor intención. Sin éxito alguno.

Se me ocurre ir a comprarle un telescopio. Nunca había usado uno, ni tengo idea de cómo funciona, pero estoy decidida a convencerla de que el universo es algo para asombrarnos, maravillarnos y no para asustarnos ni sentirnos desconsolados y que en definitiva no vamos a explotar en mil pedazos.  Me toma tiempo entender cómo funciona el bendito telescopio. Para peores, compro uno profesional sin saber que lo es. Me está saliendo costosa la fidelidad y compromiso de la maestra contra el calentamiento global. Pasamos fuera de la casa en una montaña tratando de asimilar todo lo que vemos. El tiempo pasa, el miedo se va, y se refuerza nuestra pasión por esa galaxia lejana.

Cuando nos damos cuenta, estamos viendo documentales, leyendo artículos y buscando información del aquí y del más allá. A mis hijas les parece gracioso que su mamá crea en seres extraterrestres.

En nuestra casa les fomentamos a nuestras hijas la investigación y valoración de diferentes medios y fuentes para consolidar sus ideas. Todos lo vemos normal, no es complicado creer que existen los marcianos y los platillos voladores. La astronauta Ellen Louise dice que el universo es demasiado grande y sabemos demasiado poco de él para que no exista la posibilidad de vida en otros planetas.

Un día vemos un documental sobre cómo en Estados Unidos, en diferentes estados, a la misma vez, a familias que viajan en su carro durante la noche se les aparece un platillo volador en media carretera. Los escanean uno a uno esto es muy típico de los extraterrestres según mi vasta experiencia.  Escanean a los humanos cual producto de supermercado y. luego del escaneo, pierden la conciencia y desaparecen. Horas después las familias se despiertan dentro de su carro pero en un lugar completamente diferente, muy lejos de donde habían estado inicialmente y lo último que recuerdan era haber visto al platillo volador frente a ellos y haber sido escaneados. Incluso, cuando se despiertan, están sentados en diferentes asientos de los que estaban anteriormente.

Vamos mucho a la playa o a las montañas. Cada vez que vamos por una zona oscura en la cual no hay luz o gente a la vista, parqueo el carro, lo apago y empiezo a llamar a los alienígenas para ver si nos vienen a escanear. ¿Quién sabe? A lo mejor el escaneado es algún tipo de elixir de la juventud, o puedo adquirir un súper poder. No lo sé. Creo que nunca han venido a visitarnos, ya que los gritos de terror de mis hijas son tales que creo no hay forma alguna de que nos quieran investigar. ¡Mami, no! ¡Por favor, arranque el carro! ¡Nunca se lo vamos a perdonar si vienen! Aquí omito el lenguaje profano que usan furiosas conmigo en el teatro que arman. Llevo años llamándolos a la orilla de la calle pero me ignoran por completo. Todos han sido intentos fallidos. No logro establecer contacto con ellos.  

Nunca he visto nada.  Ni un disco en movimiento, ni luces bailando en el cielo. No tengo que verlo todo para creerlo. Tengo la convicción de que Dios ha sido el creador de este universo tan grande el cual difícilmente podremos llegar a comprender algún día. Me encanta saber que podemos compartir este espacio infinito con otros seres. Me imagino que algo querrán aprender de nosotros. Todo ser inteligente sabe que siempre tiene algo que aprender de otro aunque sea sobre lo más insignificante.

Hace tiempo en una entrevista le preguntaron a nuestro apreciado compatriota Franklin Chang su opinión sobre la vida en otros planetas. Su respuesta fue: “Yo le digo a la gente que considero muy pretencioso de parte nuestra pensar que somos los únicos en este universo. Realmente no creo que Tatica Dios nos haya puesto en un punto tan importante, porque no estamos en el centro de nada, el Sol no está en el centro de la galaxia, la Tierra tampoco está en el centro de algo importante”.

Reales o no, estos personajes del espacio exterior me hacen reír, conocer, aprender y compartir experiencias con mi familia. Después de todo, de eso se trata la vida, con un poco de imaginación y amor hasta la galaxia más lejana se siente cercana.

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Georgina está casada con un machito que es el amor de su vida, tienen 3 machitas con quienes disfrutan surfear cada vez que están en la playa. 

Es chef, tuvo un catering de sushi que su hermana le pide que vuelva a tener. Le encanta atender gente en su casa


 

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