Sopa de plástico

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Por Alonso Muñoz
@alonso336

No existe tal cosa como «sacar la basura», si no «esconderla».

Todos hacemos compras. Necesitamos comprar lo que nos comemos, tomamos, usamos, etc. Vemos el proceso tan normal como necesario. “Comprar, usar, botar” es tan cotidiano que pocas veces lo pensamos un poquito más allá. Pero solo por un momento, imagine que se paraliza la recolección de basura en su municipalidad. De ahora, en adelante y hasta nuevo aviso, tendrá que dejar la basura que genera dentro de su propiedad. Puede llevarla a un rincón escondido en su patio, meterla en gavetas o repartirla en distintos lugares para tratar de no verla. 

 Seguramente después de unos días empezará a sentir un pequeño malestar, primero evidenciado por el mal olor, luego los caldos, las moscas, después las ratas y la inmundicia; y cada día, la cantidad de basura que tiene que esconder, sigue creciendo… De hacer su mejor esfuerzo, ¿cuántos días cree que podría aguantar antes de que las molestias, las enfermedades o la falta de espacio le obliguen a sacarla de una vez por todas?

Por supuesto espero esto no llegue a pasar, pero es una buena manera de visualizar lo que ya estamos haciendo, todos juntos, como sociedad. En Costa Rica, cada persona genera cerca de un kilogramo de basura por día, pero cómodamente nos libramos de toda responsabilidad cada vez que la ponemos en el basurero y cuando el camión la desaparece. Sin darle mayor pensamiento al hecho de que eso que llamamos «sacar la basura» es simplemente un eufemismo. 

Cuando se tiene un espacio finito, sea un patio, un país, o un planeta, y una producción creciente de basura, el espacio para desecharla eventualmente se agota, y en términos reales, no existe tal cosa como «sacar la basura», si no «esconderla».

Como país, generamos miles de toneladas de desechos cada día. De estas, enterramos en rellenos sanitarios una enorme cantidad, una parte se lleva a botaderos, e irremediablemente, una parte termina en ríos y posteriormente en mares. De esta, la más densa se hunde y no la volveremos a ver, el resto (la que flota), con el tiempo las mareas la van acumulando en regiones del océano y así se van formando las tan comentadas «islas de basura»: incontables toneladas de basura desperdigadas en miles de kilómetros cuadrados de océano, en aguas de nadie, o de todos, realmente.

 La monumental cantidad de plástico que utilizamos cotidianamente y la enorme inconsciencia con la que lo hacemos tiene consecuencias. La comodidad de utilizar productos «desechables» por doquier tiene su precio, y poco a poco empezamos a percibir sus secuelas. 

Hay campañas y comentarios esperanzadores en redes, pero la verdad es que estas islas siguen creciendo día con día, y por ahora, la única solución verdadera que se vislumbra en el horizonte es disminuir la cantidad de plástico que consumimos. Pues no hay manera viable y exitosa de recolectarlo. 

Mientras esta debacle sucede, se nos vende lo desechable como si verdaderamente fuera una opción, y peor aún, lo compramos como si fuera una necesidad. 

¿Cuántas botellas desechables ha comprado usted en el gimnasio, en un restaurante, o en un día cualquiera porque tenía sed? ¿Ha pensado la cantidad de veces que compra algo que va a ser utilizado por solamente un momento – como un juguete o una oferta que no necesita? ¿Ha pensado las veces que acepta una bolsa en un negocio, sin que realmente sea necesario?  

 Entonces, ¿qué acciones tomaría usted para poder aguantar más tiempo de tener que dejar la basura dentro de su propiedad? Déjeme darle algunas ideas.

 Probablemente empezaría por pensar mejor lo que compra. Comprar menos, reutilizar más.  Evitar empaques que no sean necesarios. Evitar bolsas de más. Buscaría información sobre los productos antes de comprarlos, ¿realmente lo necesito? No solo debería ser cuestión de comodidad, sino principalmente de conciencia.

Probablemente también empezaría a separar los desechos orgánicos de aquellos que no lo son. Con solo separar los desechos orgánicos y compostarlos en casa evitaría los malos olores y disminuiría en dos terceras partes su “basura”. ¡Enorme avance! Con este cambio tan simple, no habría caldos malolientes ni insectos. 

Material del texto «Manuel, Pablo y el Coronel»

 El siguiente paso, probablemente sería buscar resolver el problema de raíz. ¿Cómo es posible que las autoridades no hayan podido pasar regulación efectiva para empezar a enfrentar el tema? Así como en el ejercicio en escala personal, a nivel nacional la pregunta también vale. Basta abrir los ojos en cualquier parque, playa o carretera para encontrar basura que no debería de estar, y por esto nos urge involucrarnos y exigir cambios. Las autoridades no van a actuar si no les hacemos saber que nos es importante.

 En esto estamos juntos. El medio ambiente que estamos contaminando es el de todos, y como dicen, la mayoría de los cuales todavía no ha nacido. Cada acción cuenta, y hoy es un buen día para empezar a tomar acciones para mejorar la situación. 


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