2020: mi año más saludable

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Por Néstor Villalobos
@nestorvc

A pesar de que ha sido el año de la pandemia mundial, nunca había cuidado mi salud tanto como ahora. 

La verdad sea dicha, no se debe necesariamente a que empezara un régimen de ejercicio militar o que iniciara a comer diferente a lo que ya de por sí logro.

El 2020 ha sido mi año más saludable porque nunca antes le había perdido tanto el miedo a acudir al médico. Irónico, lo sé. Para ser más exacto, este año he ido a la psicóloga, al dermatólogo, al sexólogo, al ortopedista, a la nutricionista, a la uróloga y a terapia física. Me he hecho exámenes de laboratorio, ultrasonidos, rayos X y hasta una resonancia magnética. Y no, no tengo el primer caso reportado del Padecimiento de Néstor, o estoy afrontando alguna triste enfermedad crónica (por dicha).

También soy muy consciente que esto lo digo desde el privilegio de poder pagar estos servicios, pero en gran medida se debe también al ahorro que he tenido, al verme obligado a no gastar en lo que la vida pre-pandemia me hacía invertir. Lo que ahora me ahorro en transporte, comer afuera, ir a la oficina y salidas de fin de semana se ha invertido en perderle el miedo a ir al médico… y ha sido una inversión muy rentable.

¿Pero cómo convertí querer “gastar” en citas médicas en algo cotidiano de mi vida? Bueno, sé que la pregunta puede sonar absurda, pero mi realidad era que antes de llegar a esta epifanía siempre consideré que era un lujo pagar por estos servicios médicos. Sentía que era algo en lo que uno solo debe invertir “porque no queda de otra” o por emergencia (quebradura, enfermedad que no puede esperar, etc.) Sin embargo, pronto entendí que la paz y tranquilidad no tienen precio. Y esto realmente no solo hablando de citas médicas, sino en general en la vida: trabajo, familia, relaciones, amigos y demás. 

Mi camino hacia la “valentía médica” inició hace un par de años, cuando empecé a trabajar en Huli, una empresa de software médico que en 2012 lanzó HuliHealth, el directorio médico online más visitado del país. Como es de esperar, pasé los primeros meses de mi nuevo trabajo entendiendo todo sobre el producto, la industria médica, el comportamiento de los pacientes y doctores, y como tocaba, aprendí a usar HuliHealth de arriba a abajo. En el mismo proceso entendí la importancia de la medicina preventiva, y pronto me vi recomendando médicos de la plataforma a cuanto amigo alzaba la mano pidiendo ayuda por padecimientos.

Y solo fue cuestión de tiempo para que yo mismo empezara a tomar mis propios consejos. En aquel entonces inicié por la salud mental. Tan presente en mi día a día pero tan olvidada cuando me refería a temas de autocuidado. Viendo para atrás, tiene sentido que decidiera seguir cuidando de mí, a través de otras especialidades, gracias al empoderamiento que me dio cuidar de mi mente. 

Este cambio de chip coincidió además con un deseo personal al cruzar los 30s, de ser una mejor persona física, emocional y mentalmente. Esta es una meta con la cual el 2020 me ha ayudado enormemente, aunque algunas veces ha sido a la fuerza. En mis 20s nunca me dolió invertir en mi crecimiento académico / profesional; ahora en mis 30s no quiero que me duela invertir en mi bienestar físico / emocional. ¿Por qué si uno se compra libros para hacerse más diestro en algún arte laboral, no pagaría con el mismo ímpetu por un examen médico anual para cuidarse preventivamente? Además, para ser sinceros el cuerpo, y la mente, ya lo necesitan: sí o sí.

Ahora veo con mayor claridad que hay tres cosas en las que no le debe doler a uno invertir: 

  1. El futuro (por supuesto) 
  2. La salud preventiva y para emergencias (de las cuales no he sido exento tampoco) 
  3. Comida (para saborear el presente). 

Es por eso que, a pesar de que estamos viviendo la pandemia de nuestra generación, y aunque aún estamos a dos semanas para que acabe diciembre (y con ello poder celebrar que evité el COVID estos meses), he de decir que no he tenido año más saludable en mi vida que este. Gracias 2020.

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Soy Néstor, pero mis amigos me dicen Nes (como el Nintendo). Publicista de profesión, bombeta por convicción. De día me pueden encontrar automatizando funnels de mercadeo y de noche (antes del COVID) cantando en algún karaoke de San José.


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